
REFLEXIONES ROMÁNICAS V. Los Capiteles
en flor del Camino de Santiago.
Autor: Jaime Cobreros. Mayo 2005
La
primavera ha traído los primeros peregrinos al Camino de Santiago.
Los peregrinos con sus pasos han puesto en flor nuevamente los capiteles
románicos de la ruta jacobea. Camino y románico llevan
alimentándose mutuamente desde hace nueve siglos, ambos vivos
y actuantes sobre quienes recorren el primero y observan con atención
al segundo. El románico es uno de los elementos fundamentales
a través del cual cada peregrino puede realizar su Camino "vertical"
de Santiago, al mismo tiempo que sus pasos recorren kilómetros
de polvo, piedras y asfalto.
El Camino de Santiago y el arte románico tiene en común
que ambos responden al "orden natural de las cosas". La integración
de ambos en el cosmos (no se olvide que el Camino es la transposición
en la Tierra de la Vía Láctea celeste, amén de
otras cuantas relaciones más) les otorga su correspondencia mutua
y su dimensión totalizadora. Románico y Camino comunican
con las tres dimensiones básicas del hombre (cuerpo, alma y espíritu)
generando no sólo sentimientos trascendentes transmitidos al
alma por los sentidos, sino también un conocimiento suprarracional
de orden superior necesario para la propia realización espiritual
profunda de todo hombre.
Es cierto que no sólo existen templos y monumentos románicos
en el Camino de Santiago, pues afortunadamente abundan en Europa y todos
ellos guardan potenciales capacidades de resonancia espiritual extraordinarias.
Lo que sucede con el Camino es que en el mismo existe una considerable
concentración de construcciones románicas dispuestas,
además, con una cierta cadencia que mantiene la necesaria tensión
espiritual del peregrino en cada jornada.
El símbolo inherente al románico que se extravasa desde
portadas, capiteles y canecillos, así como el del propio Camino,
entidad con realidad material, mental y espiritual, es el vehículo
privilegiado para transmitir al hombre la presencia de la Realidad última
que se descubre traspasando los distintos planos que la celan. El Románico
y el Camino, en perfecta simbiosis, hacen al hombre traspasar de lo
real tangible (o sensible, comunicado por los sentidos) a lo real intangible
(o no sensible) hasta alcanzar lo Real más inasible, la Esencia
pura, el Principio, Dios, la Realidad absoluta o lo Real por antonomasia.
Si el hombre tiene acceso a la realidad tangible por medio de los sentidos
y a la realidad intangible por medio de su intelecto, el acceso a lo
Real, a la Realidad absoluta, lo logra por su facultad más depurada,
es decir a través del conocimiento intelectivo de su espíritu.
Espíritu creado "a imagen y semejanza" de lo Real para
que el hombre pueda llegar a conocer a lo "semejante" a sí,
a Dios.

La inicial participación tanto del románico como del
Camino en los arquetipos divinos y en el orden natural de la Creación,
hace evidente la connaturalidad del arte románico y del Camino
de Santiago. "Sin aquél, el Camino sólo habría
sido una ruta más (religiosa) de tantas que surcan la viaja Europa.
Si el Camino sigue vivo y habla al hombre moderno es en gran parte por
el románico que florece a su vera. A veces como humildes flores
del campo, otras como arbolillos, en ocasiones como árboles magníficos
de gran porte, el último de ellos como el más majestuoso
y magnífico gran árbol, de la especie de los que el paso
del tiempo ennoblece y las inclemencias lo arraigan más a la
tierra. Ese gran árbol románico último es, evidentemente,
la Catedral compostelana"
Un año más el Camino de Santiago despliega su románico
a los ojos de peregrinos, turistas y viajeros. Y es algo que por conocido
no lo valoramos como se debe. La caridad apostólica del Apóstol
no sólo ha conservado el Camino para este hombre moderno perdido
que esquilma sus propias raíces suicidamente. Santiago ha escalonado
a lo largo de su Ruta referencias valiosísimas en portadas, capiteles
y canecillos románicos en las que el hombre del siglo XXI puede
apoyar sus pasos con seguridad de encontrar tierra firme.
Referencias bibliográficas
Todos los artículos de este autor:
REFLEXIONES ROMÁNICAS
I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características
imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS
III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS
IV. Eunucos felices y saltarines 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VII. En las raíces de Europa 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

