
La Junta de Castilla y León trabaja
en la restauración arquitectónica y pictórica
de la ermita de San Miguel de Gormaz
La ermita de San Miguel alberga en su interior un legado documental
de primera magnitud, en forma de pinturas murales al temple de estilo
románico, que se superponen a un enlucido anterior sobre el cual no
se han encontrado vestigios de policromía ornamental, aunque obviamente
sólo se han investigado al nivel del borde. Los paños prospectados
arrojan una superficie policromada total aproximada de 186 m2.
La particularidad de las pinturas reside en varios factores, destacando
los evidentes paralelos que mantiene la iconografía con edificios
eclesiásticos de Soria. Aparecen representaciones y alusiones a la
Fortaleza califal de Gormaz, al río Duero..., dignas de un estudio
riguroso y susceptibles de aportar datos sobre una época poco documentada.
Buena parte de la importancia de la ermita radica en esta decoración
interior, tanto en el ábside como en la nave. En el ábside hay una
serie de imágenes con escenas del Apocalipsis y una mandorla presidiendo
el conjunto. En la nave se encuentran escenas seriadas de la vida
de Cristo y apocalípticas: el juicio final y el infierno. También
se representa una batalla de difícil interpretación, que puede referirse
a un hecho histórico o a la batalla final del bien contra el mal relatado
en el Apocalipsis de San Juan.
Con la intervención en las pinturas se ha pretendido reintegrar los
morteros y la policromía perdida y repasar tanto la obradel siglo
XII como los niveles de fechas anteriores pero de difícil datación.
Se han realizado obras de reintegración y acabados de los paramentos
de pinturas murales llevándose a cabo tratamientos de limpieza del
polvo adherido en los mismos debido a que en ningún punto están totalmente
verticales generando depósitos de suciedad sobre las pinturas.
La limpieza se ha realizado mediante un barrido con brocha y aspirado
de partículas y, simultáneamente, se han eliminado los restos de las
resinas acrílicas que se emplearon en la fase previa para adherir
los paños polícromos a los enlucidos de mortero. Las obras hechas
con anterioridad, en los años 2001 y 2002, garantizaron la conservación
de las pinturas, que quedaron perfectamente consolidadas y limpias
con el color definitivo que presenta un aspecto lechoso.
La reintegración de zonas perdidas con grades lagunas se ha realizado
mediante la recolocación de los morteros de base y estucados de cal
enlucidos en tonos similares sin ocultar las zonas carentes de pintura.
Donde las lagunas eran menores se han reintegrado los morteros para
su posterior integración con pintura entonando el colorido. El problema
de falta de brillo en la pintura ha quedado paliado con la reintegración
de las lagunas de colores que se habían perdido, tratándose con aguadas
de color. El efecto es de continuidad mejorando el aspecto puramente
estético de la decoración pictórica. Se ha finalizado la restauración
de las pinturas con el aumento de los contrastes de colores y dando
una protección final en todos los paramentos policromados mediante
resinas acrílicas, limpiando los visos de los encalados que las ocultan,
con el fin de ponerlas en exposición.

Es de especial interés la reintegración de color en la zona del presbiterio
donde se han entonado las zonas perdidas con las superficies existentes
esponjeando tres tonalidades complementarias. Posteriormente se ha
realizado un estarcido acomodando el color a las zonas conservadas
que rodeaban la parte reintegrada. Se ha tenido muy en cuenta que
las zonas más bajas han necesitado un estudio muy cuidadoso ya que
los tonos originales de las pinturas habían variado debido a la humedad
y roce a lo largo de los siglos.
A parte de la restauración, se llevará a cabo una musealización
del entorno que permita a los visitantes contextualizar las pinturas
y la iglesia en el momento histórico de su producción.