LA FORTUNA DE UNAS OBRAS,
Sant Pere de Rodes, del monasterio al museo

Exposición del 23/11/06 al 29/04/07 (Museo Frederic Marès, Barcelona)

El Museo Frederic Marès de Barcelona presenta del 23 de noviembre del 2006 al 29 de abril del 2007 una interesante exposición sobre el proceso de destrucción y desmantelamiento del Monasterio de Sant Pere de Rodes (Girona).

A continuación reproducimos el dossier de prensa enviado por el Museo:


La abadía de Sant Pere de Rodes fue a partir del siglo X uno de los monasterios catalanes más significativos. El patrocinio de los condes de Ampurias y Rosellón explica su magnificencia y su riqueza escultórica, remarcable sobre todo por las obras románicas del Maestro de Cabestany. Tras una larga crisis, en 1798 fue abandonado y no tardó en sufrir un gran expolio, producto de la búsqueda de tesoros y obras de arte, así como de la extracción de piedra.

La exposición explora estos hechos y valora el coleccionismo que, desde finales del siglo XIX, permitió salvaguardar numerosas obras, las más afortunadas que hoy forman parte de colecciones y museos.

Ámbitos de la exposición

La búsqueda de tesoros

"El novembre de 1810 Joan Moles i Esteve Buscató, jornalers de don Antoni Buscató, hisendat de la present vila de la Selva de Mar, trobaren aquest cofret i relíquies en ell contingudes sota la mesa de l'altar major de Sant Pere de Rodes, al costat de l' evangeli. Aquest cofret estava tancat amb dues claus i cobert de domàs vermell. Els qui el trobaren al creure contenia altra cosa molt diferent d'allò que conté l'ebyaren i malbarataren, la qual cosa vista per l'expressat don Antoni Buscató el seu amo, mogut aquest de sentiment de pietat i religió, va recollir el cofret i relíquies i va portar-ho a casa seva (…). Començaren les guerres i trastorns i el cofret amb les relíquies restaren custodiats decentment a casa del dit senyor Buscató fins el dia 19 de juny de 1850, en què foren portats a la casa rectoral (…)"

Traducción: "En noviembre de 1810 Joan Moles y Esteve Buscató, jornaleros de Don Antoni Buscató, hacendado de la presente villa de La Selva de Mar, encontraron este cofrecillo y reliquias en él contenidas bajo la mesa del altar mayor de Sant Pere de Rodes, en el lado del Evangelio. Este cofrecillo estaba cerrado con dos llaves y cubierto de damasquinado rojo. Quienes lo hallaron creyeron que contenía otra cosa muy distinta de lo que contenía, por lo que lo dañaron; visto esto por el mencionado amo don Antoni Buscató, y movido por un sentimiento de piedad y religión, recogió el cofrecillo y las reliquias y lo llevó a su casa. Comenzaron las guerras y trastornos, y el cofre con las reliquias permanecieron decentemente custodiados en casa del citado señor Buscató hasta el día 19 de junio de 1850, cuando fueron trasladados a la casa rectorial."

Nota de Simó Codinach, párroco de la Selva de Mar, escrita en 1850 para acompañar al tesoro de Sant Pere de Rodes conservado en la iglesia parroquial.

El expolio de la piedra

Una vez abandonado el monasterio en 1798, la comunidad religiosa vendía concesiones a los habitantes de la región para que pudiesen extraer la piedra. Así se desmanteló el portal mayor, obra del Maestro de Cabestany, del que sólo se conservan algunas piezas excepcionales, como el relieve de la aparición de Jesús a sus discípulos en el mar o la cabeza y parte del cuerpo de San Pedro.

Sin embargo, a menudo se rechazaron las obras artísticas, como los capiteles, que se lanzaron al pozo del claustro, donde se descubrieron en 1997. Las extracciones no se decantaron hacia la escultura hasta bien avanzado el siglo XIX, a raíz de un creciente interés por el arte románico.

La visión romántica

La apreciación monumental de las ruinas del monasterio nace con el Romanticismo: en 1833 el rosellonés Francesc Jaume Jaubert de Paçà hizo la primera descripción del edificio y, quince años después, Francesc Pi i Margall publicaba una segunda, ilustrada con una litografía de Francesc X. Parcerisa, la primera imagen que se conserva del monasterio.

"El viatger s'aventura, no pas sense emoció, sota les voltes entreobertes en els grans soterranis que condueixen cap a la cripta de l'església i el porten per passadissos secrets al claustre, als patis i a les terrasses. Els seus peus trepitgen sense voler les restes de les tombes violades i s'enfonsen en una capa de pols que potser es recula als dies de destrucció dels sepulcres de Tassi, Hildesind, Pere i Dalmau. Arreu baixos-relleus i capitells mutilats, amples lloses que foren cobertes de pomposes inscripcions, blocs de marbre, l'esclatant blancor dels quals atesta l'antiga destinació. Un immens portal sobrecarregat de treball del cisell i protegit per la volta d'un vast peristil decora encara l'entrada de l'església. Per admirar i dibuixar aquesta darrera producció del cisell gòtic, pareu esment a situar-vos sobre el bloc de marbre que es troba caigut ignominiosament als vostres peus i que una mà destructiva s'ha oblidat d'arrabassar (...)"

Traducción: "El viajero se aventura, sin sin emoción, bajo las bóvedas entreabiertas en los grandes sótanos que conducen hacia la cripta de la iglesia y lo llevan por pasillos secretos al claustro, a los patios y a las terrazas. Sus pies pisan sin querer los restos de las tumbas violadas y se hunden en una capa que polvo que, a lo mejor, se remonta a los días de destrucción de los sepulcros de Tassi, Hildesind, Pere y Dalmau. Por todas partes bajorrelieves y capiteles mutilados, anchas losas que fueron cubiertas de pomposas inscripciones, bloques de mármol, cuya explosiva blancura es testimonio de su antiguo destino. Un inmenso portal sobrecargado de trabajo de cincel y protegido por la bóveda de un vasto peristilo decora todavía la entrada de la iglesia. Para admirar y dibujar esta última producción del cincel gótico, procurad situarsos bajo el bloque de mármol que se encuentra ignominiosamente caído a vuestros pies y que una mano destructivo se ha olvidado de destrozar (...)"

F. Jaume Jaubert de Paçà, Recherches historiques et géographiques sur la montagne de Roses et le Cap de Creus, París, 1833.

El aprovechamiento devocional

Del monasterio abandonado también se extrajeron piezas con finalidad devocional, como la gran estatua gótica de San Pedro, trasladada por los hombres del Port de la Selva y depositada en su parroquia, donde todavía se venera.

Asimismo, un conjunto de cuatro elementos arquitectónicos sirvió a mediados del siglo XIX para construir la cruz del cementerio de Llançà, que unos cien años después fue desmontada y cuyas piezas se conservan hoy en diferentes colecciones y museos.

De la colección al museo

El arte románico no interesó a los estudiosos y coleccionistas catalanes hasta bastante avanzado el siglo XIX. Esteve Trayter, de Figueres, reunió entonces el primer conjunto de obras de Sant Pere de Rodes, que luego revirtió en la colección de los Rocabertí de Peralada, mientras que otras piezas sirvieron para ornamentar algunos edificios de la comarca.

El coleccionismo no se interesó plenamente por estas obras hasta principios del siglo XX, y muchas de ellas terminaron en los museos. De forma excepcional, una iniciativa ciudadana permitió incorporar en 1960 el extraordinario relieve de la aparición de Jesús a sus discípulos en el mar al Museu Frederic Marès en homenaje a su fundador.

Hasta finales del siglo XIX y principios del XX, el monasterio no fue objeto de atención arqueológica y artística. Este nuevo interés frenó su expolio e impulsó su conservación, que se concretó en 1929 con la creación de la Asociación de Amigos de Sant Pere de Rodes, la inmediata declaración oficial de monumento y la puesta en marcha de las obras de restauración.

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