
X Curso de Iniciación al Románico. Impresiones de un cursillista
Por Javier Pelaz, abril de 2009
La experiencia acumulada a lo largo de una década por la Fundación de Santa
María la Real en la organización de cursos es un marchamo de calidad para
todos aquellos que pretendan ampliar sus conocimientos sobre un arte tan
típico e inconfundible como es el románico.
Los que asistimos como cursillistas, del 17 al 19 de Abril, a la edición de un nuevo curso bajo el sugerente título de SIETE MARAVILLLAS DEL ROMÁNICO
ESPAÑOL sabíamos a priori, como así se demostró por la nutrida asistencia de público que llenó el aforo del amplio salón del centro municipal de La
Compasión -con los radiadores a medio funcionar en la jornada de apertura-, que su organización estaba asegurada y que el equipo de conferenciantes
sería el más apropiado para exponer las siete joyas del románico español, elegidas por los internautas por medio de un concurso, no exento de polémica
en su momento. Más me quedo con el comentario que hizo al respecto el abad del monasterio de San Isidoro de León en su salutación de bienvenida a los
cursillistas: "Algo tendrá el agua cuando se la bendice".
No está en mi ánimo pretender resumir las ponencias desarrolladas durante
tres jornadas completas, sino tan solo plasmar algunos comentarios de mi
cosecha particular. El primero en romper el hielo José Luis García Lloret -experto conocedor de los enclaves románicos de su tierra- disertó,
como era de esperar, sobre el monasterio rupestre de San Juan de la Peña. Marta Poza recogió el testigo y nos mostró con soltura los distintos
estilos que confluyen en la antigua fortaleza militar de Loarre. Tras un descanso para comer, la primera sesión de la tarde corrió a cargo de Javier
Martinez de Aguirre que nos trasladó hasta Jerusalén para rastrear afinidades entre el Selpucrum Domini y San Juan de Duero y de paso,
recurriendo a la geometría, explicarnos los exóticos arcos cruzados del claustro soriano. La ponencia siguiente fue de claro color salmantino, ya
que José Luis Hernando se esforzó en desmenuzar las interioridades de la Catedral Vieja y exponer con suficiencia la analogía de la Torre del
Gallo con la arquitectura poitevine.
Al día siguiente, recalamos en autobús en León. La ciudad nos acogió con un cielo presagiando lluvia. En el salón de la Casa de la Espiritualidad del
monasterio de San Isidoro Gerardo Boto, ayudado de moderno soporte visual, no escatimó esfuerzos -incluso, físicos, ya que aguantó de pie toda su
disertación- para hacernos más fácil la complicada morfogénesis espacial de la fábrica de San Isidoro. Con él mismo, más tarde, en el claustro, pudimos
comprobar in situ la ubicación del famoso muro tan reiterado en la conferencia. Pero antes un asueto para el almuerzo en unos de los espaciosos salones
de la hospedería. Con una decoración minimalista de época digerimos un suculento codillo mientras jarreaba tras los cristales.
La guinda de la tarde
se retrasó por tener que esperar a que un grupo numeroso de estudiantes de instituto acabase la visita del Panteón Real. En este recinto funerario fue
una suerte haber tenido como guía a Manuel Castiñeiras. Con dicción clara y audible hizo hincapié en que fueron artistas galos los que pintaron
los frescos de la cripta por la abundancia de santos del vecino país en todo el espacio pictórico, así como de la técnica empleada y acabó sus
interesantes comentarios haciéndonos entender que el recinto se concibió como una antesala de las almas antes de su entrada definitiva en la Jerusalén
Celeste.
La primera sesión de la última jornada estuvo a cargo de José Luis Senra que centró su desmesurada intervención en deslindar la
iglesia antigua prerrománica -llamada "de abajo"- del monasterio de Santo Domingo de Silos con la románica -"la de arriba"- al
prolongarse la primera. En cambio, me quedé algo decepcionado al no comentar los afamados capiteles iconográficos del claustro. Manuel Castiñeiras, empero, sintetizó al máximo, por falta de tiempo, su amena exposición
sobre la catedral de Santiago de Compostela recordando personajes claves
en el devenir del monumento como Diego Peláez y Gelmírez, desmitificando
al maestro Esteban, interpretando los capiteles con temática alejandrina
de la capilla de San Salvador y examinando minuciosamente la Puerta de
Platerías.
Para finalizar, felicitamos una vez más a los organizadores y les hacemos
llegar un simple ruego: que en lo sucesivo se controle más los tiempos
destinados a las ponencias.