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Iglesia de San Juan Bautista. Turienzo de los Caballeros. León

Miércoles, 12 de septiembre de 2018

 

La comarca leonesa de la Maragatería ocupa una zona de importancia trascendental para las comunicaciones  entre Galicia y el interior de la Península. Los arrieros se encargaban de transportar salazones de pescado al interior y de regreso traían productos de secano, un modo de transporte cuya importancia sólo descendió a mediados del XIX con la llegada del ferrocarril.  Turienzo de los Caballeros, pueblo cercano al Camino a su paso por Santa Colomba de Somoza, conserva el encanto de la arquitectura tradicional maragata y una espaciosa calle principal que es un auténtico jardín y hermoso paseo que conduce desde el Torreón de los Ozores a la iglesia de San Juan Bautista, enclave atrayente tanto por la belleza hecha piedra de su construcción como por el enigma que sin duda envuelve cada paso del Camino por el que transitan tantos miles de peregrinos.

Turienzo o Turgentius aparece vinculada al monasterio berciano de San Pedro de Montes mediante una donación en el año 923, según consta en los documentos existentes. En 1204 los hospitalarios de San Juan de Jerusalén adquirían propiedades en Turienzo y otras localidades cercanas al integrarse en la orden el monasterio de San Martín de Montes (Montealegre), hoy desaparecido.

Un vestigio epigráfico de gran valor para aproximar la fecha de construcción, es la inscripción funeraria de la lápida contigua a la portada meridional, aunque no hace referencia explícita al monumento. Su transcripción: “Murió la sierva de Dios Orvildo en la tarde de la víspera de San Juan Bautista, era de 1234 (año 1196)”.

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La iglesia que contemplamos en la actualidad  presenta una curiosa disposición resultante de las obras que en ella se realizaron a través de los siglos. En el XVI el edificio amenaza ruina y fruto de la reconstrucción queda dividido en dos naves de testero plano, más ancha la meridional, separadas por pilares y divididas en tres tramos irregulares. A la nave Norte se adosa una capilla tardogótica: en la clave de la bóveda de terceletes aparece una cruz de Malta y la fecha de 1596. Se añade en la misma época otra capilla de cabecera semihexagonal con función de baptisterio.

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Entre 1745-1748 se construye la sacristía, el pórtico meridional, la espadaña y la escalera de acceso. Los muros originales del XII sobreviven en el primer tramo de la nave Sur. Los otros dos tramos en dirección Este presentan una notable desviación del eje longitudinal, se datan en época posterior a la fase románica pero previa a las reformas del XVI, siglo también de ejecución de las pinturas murales recientemente desencaladas en el primer  tramo de la nave. El paramento románico luce el espléndido color ocre de la sillería de arenisca pizarrosa bien distinto de la mampostería posterior. La portada de granito actual es obra del XVIII.

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Como obra cumbre del XII podríamos describir las ventanas que lucen ya desde cierta distancia del templo a medida que uno se acerca. Constan de dos saeteras abocinadas enmarcadas por arco de arista abocelada, chambrana e impostas de ajedrezado, columnas con capiteles vegetales y leones afrontados. Los relieves del tímpano sorprenden por su exquisita labra. En la ventana más occidental San Miguel en lucha con el dragón. Impresionante el detalle de su vestimenta y el escudo con apliques metálicos. El dragón: un híbrido de felino con garras de ave rapaz y cola serpentiforme. El otro tímpano es más sencillo, aunque igualmente bellos sus motivos vegetales. La pieza del tímpano se adorna a su vez con incisiones que imitan el despiece de dovelas.

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La cornisa también se halla profusamente decorada con hojas acorazonadas, flores estrelladas, tetrapétalas en clípeos… de modo similar a la cornisa del tejaroz de la primitiva portada románica, que aún conserva alguno de los canecillos.

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En el testero de la nave Sur llama poderosamente la atención una peculiar pieza no integrada originalmente en el resto del conjunto: parte de lo que fue una ventana geminada con dos arquillos de herradura, un cuadrúpedo, pámpanos tallados a bisel y una cruz inscrita en clípeo. Estas características se remontan al siglo X, época  anterior a la de construcción del templo aproximadamente en la última década del XII.

 

Bibliografía:

Enciclopedia del Románico. Fundación Santa María la Real.

 

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