El Arte Románico impulsó la representación escultórica de sirenas en su
doble formación de aladas y marinas, como herencia del conocimiento que
de ambas tenía del mundo clásico.
La sirena es un mito literario griego que aparece por primera vez en la
Odisea. En ella Ulises se hace encadenar al mástil del barco para oír el
canto de las sirenas costeras, después de mandar a los tripulantes de su
nave que no atiendan sus peticiones de desatarlo, si lo reclama. Así aparece
representado por primera vez en la iconografía de un vaso griego. el héroe
griego, encadenado al mástil del barco con tres sirenas a su alrededor.
En la representación se puede leer la palabra sirena, que tiene cabeza de mujer y cuerpo de ave, en una formación muy parecida a la de las arpías, de las que es muy difícil diferenciarlas dependiendo de su mayor o menor perversión, de la posesión de pechos o no, formas muy sutiles.
La simbología de esas figuras estaba condensada como una atracción hacia la perdición, signo del engaño que atraía a los navegantes a la costa para después devorarlos. El mito y simbología llega hasta la actualidad en el dicho de "oír cantos de sirena", como sinónimo de embaucamiento.
Dice el Physiólogo del siglo V, uno de los bestiarios más antiguos: " El moralista enseña que las sirenas son crueles; que viven en el mar, que los acentos de sus voces son melodiosos, y que los viajeros quedan prendados de ellas hasta el punto de precipitarse en el mar, donde se pierden. El cuerpo de estas encantadoras es el de una mujer, hasta los senos; el resto recuerda al pájaro, al asno o al toro" A continuación aplica la moralidad negativa de las sirenas.
Pero no es la única representación que existe de ellas en el mundo antiguo porque también aparecen con cola de pez a partir del siglo VI en el "Liber Monstruorum de Diversis Generibus", donde se puede leer "Las sirenas son doncellas marinas, que seducen a los navegantes con su
espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el
ombligo, tienen cuerpo femenino, y son idénticas al género humano; pero
tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven
en las profundidades".
Puede, pues, anotarse la dualidad de representación de las sirenas, que
comenzaron a ser aladas en la literatura griega de la Odisea y se transformaron
después en marinas en el mundo latino. Después, el Romanticismo habría
de asegurar casi como única forma la alada, y disminuiría la representación
de la marina.
Mezcladas aparecen en el Bestiario de Pierre de Beauvais de 1206: " Hay tres clases de sirenas: dos de ellas son mitad mujer y mitad pez, y
la otra, mitad mujer y mitad ave".
Sirenas. Claustro de Silos.
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El valor moral definitivo acerca de las sirenas lo vamos a encontrar en Brunetto Latini en el año1220: "... lo cierto es que las sirenas fueron tres meretrices que engañaban a todos los que se cruzaban en su camino y los arruinaban. Y dice la historia que tenían alas y garras en representación de Amor, que vuela y hiere; y que vivían en el agua, porque la lujuria está hecha de humedad".
Nada mejor que represente el engaño y la precaución para exhibirlas en
las portadas de las iglesias, en los capiteles de los claustros y ante
cualquier otra visión pública. La iconografía servía una vez más para la
representación de vicios y virtudes que se interpretaban según las necesidades
de los que trataban de fustigarlas con los medios a su alcance. Era un
caso perfecto de simbolismo clásico procedente de los Bestiarios adaptado
a las necesidades de la época, al cristianismo medieval que reacomodaba
los mitos antiguos.
Yo diría que no habría iglesia, portada o centro eclesiástico que se preciase
que no tuviera alguna representación de una sirena, como ocurría con los
grifos. Si algunas tuviéramos que citar, lo haríamos comenzando por la
gran variedad que de ellas exhibe el claustro de Silos, como si los monjes
fueran los más proclives al engaño, apareciendo después a lo largo de todo
el Camino de Santiago. Pero de especial relevancia y sutileza son las realizadas
por el maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria.
Es una de las imágenes plásticas más reconocidas y más agradecidas del mundo medieval, porque a pesar de conocerlas todos los escultores, su representación va a estar fijada por la habilidad de los mismos, de modo que podríamos pasar de la excelsas representaciones de los edificios citados a la jugosidad de los modelos ruralizados.