26. EL CLAUSTRO II
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Arte Románico era un arte de piedra, y el claustro un jardín de piedra, porque allí se desarrollaba en plenitud una escultura docente dentro de una arquitectura singular.

Se mostraba como una isla de la naturaleza llena de escultura monumental con diferentes temas: laicos, eclesiásticos, fantásticos, alegóricos, vegetales, geométricos, evangélicos. Muchos de ellos contrapuestos, pero reales, porque en ese mundo medieval se operaba desde las imágenes como elementos parlantes que se representaban en los capiteles como pedagogía, pero también como estimulación de los sentidos y de la imaginación.

Convivían escenas de la vida de Cristo con mundos analógicos, diferentes, no diría yo excesivamente enfrentados, pues todo debería tener correspondencia con lo divino, incluyendo los monstruos que allí aparecían con frecuencia, como relatorios de la otra parte del mundo, del mal, de lo perverso, que muchas veces adquiría formas fantásticas.

Fue esa mezcla lo que llevó a la revisión de las teorías artísticas y decorativas que abordó el reformador San Bernardo que preconizaba más austeridad, no sólo en los claustros, sino también en la vida conventual, después de haber pasado por la experiencia de la riqueza benedictina, y haberse acogido a la Orden Cisterciense, de la que no fue su fundador, pero sí su gran impulsor.

Con él se acabarán las delicias de los claustros románicos decorados con amplia profusión de capiteles historiados que tanto satisfacen a los turistas que los visitan. Se produjo una rígida transformación hacia decoraciones de más sencillo diseño, totalmente vegetales, que, sin romper la armonía y la función de los claustros, pierden para los amantes de le escultura románica el sentido y la gracia de la faceta más medieval y artística de esas estancias.

Merece la pena conocer el texto íntegro que provocó la decadencia de la escultura historiada en los claustros y la implantación de los modelos vegetales. Decía San Bernardo, en controversia con la antigua casa madre de Cluny en el año 1124: “... ¿Qué hacen en nuestros claustros en donde los religiosos se consagran a las lecturas sagradas, esos monstruos grotescos, esas extraordinarias bellezas deformes y esas bellas deformidades? ¿Qué significan aquí los monos inmundos, los leones feroces, los extraños centauros que no tienen de hombre más que la mitad? ¿Por qué tigres rayados? ¿Por qué guerreros en combate? ¿Por qué cazadores tocando las trompas? Aquí tan pronto se ven varios cuerpos bajo una sola cabeza, como varias cabezas sobre un solo cuerpo. Aquí un cuadrúpedo porta una cola de reptil, allá un pez presenta un cuerpo de cocodrilo. Aquí un animal monta a caballo. En fin, la diversidad de esas formas aparece tan múltiple y tan maravillosa que se descifran los mármoles en vez de leer los manuscritos, que el día se pasa en contemplar estas curiosidades, en vez de meditar la ley de Dios. Señor, si no producen rubor estas absurdidades, que se deplore cuanto menos su costo ...”.

Habían de completar el descalabro de la escultura monumental de los claustros otras opiniones de monjes piadosos que coincidían fielmente con las tesis de san Bernardo, cono Hugo de Fouillou que en el siglo XII decía: “...que se lea el Génesis en un libro, no en una pared ...”.

Compañero de viaje de los dos anteriores fue Aelred de Rievalux, que argumentaba: “...¿Por qué esas grullas y esas liebres, esos gamos y esos ciervos, esas urracas y esos ciervos en los claustros de los monjes? ...

Todo eso no está conforme con la pobreza monástica, y no sirve más que para halagar los ojos de los curiosos ...”.

Sirenas.Claustro de Silos.

Se expresaba así la nueva tendencia, la pobreza voluntaria, el freno al derroche y el desafecto por el gasto inútil, en contraposición a las teorías de la vieja abadía de Cluny en que nada era demasiado bello ni demasiado suntuoso para la casa de Dios. Sería la vuelta a la simplicidad evangélica, a la práctica de la pobreza.

Sucederá ahora el fin de los claustros decorados con imágenes, incluso bíblicas, la iconoclasia voluntaria y rigorista, la sobriedad y el desalojo de lo monstruoso y mundano por escandaloso y fuera de lugar. Como dirían los monjes actuales “lo no propio”, convirtiendo esas estancias en lugares de mayor recogimiento, en vez de lugares de ensoñación, no de acoplamientos grotescos, aún a pesar de reconocer, como lo hacía San Bernardo su deforme belleza, pero anteponiendo el ideal monástico de austeridad y pobreza al lujo de los capiteles y a la dispersión que esas historias podían provocar en los monjes.

Nada que no pueda tener reflejo en la realidad actual, de monjes y de no monjes.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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