21. LOS ÁBSIDES
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

 

El Arte Románico identifica las cabeceras de sus iglesias por medio de las estructuras absidales, que aunque procuran elementos de coordinación semejante, difieren considerablemente a la hora de la interpretación del modelo definitivo.

El ábside es el módulo principal de la iglesia, ya sea en su formación exterior o interior. Por él se comenzaba generalmente la construcción del monumento. Se procuraba acabar cuanto antes para poder instalar el altar y celebrar la liturgia divina, incluso sin haber finalizado totalmente la iglesia.

Los textos medievales nos indican la obligación del arquitecto de emplazarlo hacia oriente, cara al sol naciente, como símbolo de la lejana Palestina, pero también con el significado de la luz que nace, de la llegada de Cristo en el alborear del día, y su reflejo activo en la obra monumental.

La aparición del ábside en la historia de la arquitectura no se inicia en el Arte Románico sino que ya había tenido expresión en el mundo romano y en las antiguas basílicas paleocristianas, con la misma función de lugar ilustre en las ceremonias que allí se celebraban.

El motivo de tal señalamiento en el Arte Románico ha de buscarse en el deseo de enmarcar el lugar de la máxima sacralización, de la celebración de la liturgia eucarística. Su ubicación habría de ser visible para la mayor cantidad de fieles que habían de agruparse en las naves. Su establecimiento en la cabecera del edifico adquiriría el máximo de funcionalidad al poder ser contemplado por la comunidad de fieles.

Por las mismas razones el Concilio Vaticano II recomendó sacar los altares del fondo de los ábsides y situarlos en mejor visión, a fin de obtener una mayor participación en los actos litúrgicos. Prueba de cómo las directrices pastorales son capaces de modificar los ámbitos arquitectónicos, pues hoy al no concebirse la liturgia como en la época románica no se necesitan esos señalamientos exteriores, aunque se conserva el aislamiento y la solemnidad del presbiterio como zona consagrada.

El interior del ábside está centrado por el altar como elemento principal y específico de los ritos. La separación de los fieles y su reserva espacial a los presbíteros consagrados era una función ya heredada de formas litúrgicas anteriores.

Pero no todos los ábsides se dispusieron de igual modo. En el exterior coordinaban sus volúmenes en claros escalonamientos de masas y líneas horizontales con respecto a la obra total de la cabecera. Lo habitual era la inserción de un volumen semicircular en el final de una planta rectangular, aunque había variaciones al respecto según el diseño, las necesidades de la comunidad y el modo de entender la obra.

Regiones enteras se apartaron de esa formulación semicircular, como sucede en la comunidad gallega y la región del Alto Campóo que optaron por formas absidales rectangulares y poligonales, junto con las semicirculares.

Pero lo realmente importante es que el románico introduce un orden general en los volúmenes de la cabecera que resolvía distorsiones al simplificar y estereotipar los módulos.de una forma práctica, y concentrar los esfuerzos en una vigorosa síntesis orgánica. Ello habría de llevar a la configuración de una estética más o menos regularizada.


Cabecera del monasterio cisterciense de Moreruela. Zamora

No impediría que hubiera una gran proliferación de ábsides en las cabeceras de las suntuosas plantas basilicales, abaciales y catedralicias, aunque menos en las iglesias rurales, donde la parquedad de los desarrollos arquitectónicos no concebía más que un solo ábside; a veces con mejor decoración que los de las grandes iglesias, como sucede en la catedral de Santiago, donde el ábside poligonal de la girola es de menor valor decorativo que la generalidad de sus copias en las tierras de influencia de Galicia.

Las posibilidades de construir uno o más ábsides dependían de la estructura de la planta. Si la iglesia tenía una sola nave, le correspondía un único ábside, ya fuera semicircular, rectangular o poligonal. Si la planta era de cruz latina podía tener uno o tres ábsides, siempre de mayor decoración el central que los laterales. Si la planta era basilical, estaba establecida la norma de tres ábsides, con mayor importancia el central. Había iglesias de grandes desarrollos, catedralicias o no, que tenían un gran ábside central y cuatro más en los brazos del crucero, como la catedral de Orense.

Si la iglesia poseía girola, la proyección de los ábsides en torno a la misma era mayor, pues se desplegaban en número indeterminado como una corona en torno al deambulatorio, que actuaba entonces como un gran ábside central. Es el caso de la fotografía que adjuntamos del monasterio de Moreruela en Zamora, donde la esbeltez del paño de la girola y el de la iluminación de la capilla mayor configuran el perfil de uno de las mejores cabeceras del Arte Románico español.
 


01.-Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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