19. DEL BUEN CÁLCULO DE LA OBRA
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Arte Románico desarrolló su técnica constructiva con muy pocos elementos, pero todos ellos muy bien estructurados y relacionados entre si, de forma que el conjunto de técnica simple y primitiva, más el hallazgo de certeros volúmenes y escultura apropiada, dio resultados de gran efectividad y durabilidad.

Aunque pudiera parecer excesiva la afirmación de que: sobre los cimientos de un muro es donde se conoce a un albañil, no lo parece tanto si contemplamos los bien entramados paramentos románicos. Una desviación de centímetros en los cimientos será de metros en altura, por ello nadie arriesgaba el concepto de mala disposición de lo más elemental.

Todas las arquitecturas valoran suficientemente las labores de inicio, y promueven la pericia de quienes la realizan, porque saben que todo el ajuste superior de presiones estará en función de la última resistencia de las mismas, que es lo primero que se realiza en la obra, y que será la prueba de su duración en el tiempo, aún a pesar de haber desaparecido las partes superiores de la estructura por los avatares del tiempo o de un mal cálculo.

De que todo está en función de los cimientos, de la importancia de su diseño y resistencia, reza la inscripción de los dinteles del Pórtico de la Gloria donde se señala la obra como del maestro Mateo que la construyó “a fundamentis ipsorum”, es decir, desde los mismos cimientos. Aunque parezca una frase retórica de adjudicación de obra general, deja entrever la valoración técnica que Mateo resolvió para sustentar el Pórtico de la Gloria y toda la fachada occidental de la catedral de Santiago.

Que fue axioma básico la buena construcción de los cimientos lo prueba la extensa duración en el tiempo de la obras románicas, que apenas sin mantenimiento en casi 1000 años prueban lo acertado del oficio y los buenos resultados de los cálculos por la sabiduría de la experiencia acumulada, que aunque con un sistema primitivo de sistematización logró excelentes resultados antes de la aparición de la época cuántica, donde las soluciones estaban más cerca de procesos matemáticos que de la experiencia empírica de los artesanos y arquitectos medievales.

Lograron con sus métodos semejantes resultados a los del hormigón armado, los grandes prefabricados y los plásticos más resistentes. En sus realizaciones salvaron los mismos peligros, y compartieron los mismos principios que, suponían el desafío de la elevación de estructuras en la búsqueda de una nueva gravedad que soportara las condiciones de los empujes superiores de sus obras, logrando el éxito de mantener el edifico en pie, y adornarlo conforme a la idea religiosa que representaba.

El resultado de su interpretación, no sólo de los cimientos, sino también de la obra en general, fue la de procurar que su arte fuera funcional, seguro y estético, conforme a los principios que Vitrubio había preconizado en los primeros siglos de la era cristiana.

Si tuviéramos que comparar o comprender estas obras desde la óptica de la arquitectura moderna, tendríamos que concluir que los procesos de construcción actuales están liberados de todos estos pasos primitivos del empirismo, por ampliación de los conocimientos cuánticos y mejor comprensión de los materiales, lo que hace que se pueda concebir el espacio con un mayor dominio de sus posibilidades.

No digamos nada de las oportunidades del uso de los actuales sistemas informáticos, en los que ya no tienen cabida los tableros de dibujo, en sustitución de los ordenadores que realizan el trabajo con mayor rapidez y exactitud.

Los artífices del Arte Románico no dispusieron de maquetas tridimensionales, vistas aéreas, planificaciones fotográficas, estudios de impactos ambiéntales. Es por ello más valioso la contraposición al mundo moderno y su sistema constructivo con el de las pequeñas capillas de hace 1000 años, de sus campanarios arqueados y pandeados pero todavía en pie, o de esas grandes catedrales que siguen funcionando como el primer día de su construcción, o los claustros que todavía cuadriculan la santidad de los monjes que los pasea.

Santa Eufemia de Cozuelos, Palencia.

Como seña de identidad de lo moderno podemos advertir que la obra actual envejece más pronto que la antigua, que la románica, porque quizás le haya faltado estímulo de porvenir, de pervivir en el tiempo sirviendo a la comunidad donde se instalaba. Falto de humanidad el edificio moderno perece con más prontitud, casi con la propia biología del arquitecto que lo construyó.

Esa degradación rinde el más bello homenaje a la calidad del material medieval y a su nobleza, a la inmortalidad del espíritu de quienes realizaron las obras del Arte Románico. Después de muchos intentos de la modernidad en la aplicación de materiales diferentes, la historia de la arquitectura que es la historia de los edificios y de los hombres, vuelve a utilizar la piedra. La durabilidad, aparte de la estética y los condicionamientos sociales vienen a ser conceptos valorados como inherentes a la construcción.

El Arte Románico no tuvo opción. Debía construir con sillares desde los propios cimientos para lograr poner en pie obras descomunales, o más sencillas, en geografías aisladas y con los mínimos elementos del cálculo. Aquellos hombres tuvieron que aplicar la imaginación y la inventiva mezclada con la práctica y la herencia de la tradición para poder sobrevivir en el oficio, y procurar que no se la cayeran sus obras. Hoy es posible comprobar su acierto constructivo en la fosilización que significan sus monumentos en estado puro, resistentes al moderno abandono de pueblos y villas, que además certifican la nobleza del entorno para el que fueron construidos.

El valor del Arte Románico se debe, pues, reconocer desde sus cimientos como un perfecto trabajo artesanal sobrevivido para otras generaciones, pervivencia de una técnica constructiva con procedimientos escrupulosamente transmitidos y conservados.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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