El Arte Románico nace al estudio erudito en Francia a finales del siglo
XIX. Lo hace con una organización en categorías espaciales, geográficas
y de géneros, en el mismo orden y sentido que el darvinismo de la época.
Surgen entonces escuelas relacionadas con regiones geográficas e históricas. Eran lecciones parciales y restrictivas puramente estructurales sin base
en las motivaciones sociales del conjunto.
Debe comprenderse ese modo de actuar con la indulgencia de reconocer como valioso el primer intento serio de estudio sobre un arte casi desconocido,
ejerciendo el método más cómodo de agrupación, debido a la enorme nómina de edificios. Pero es necesario separar lo meritorio del acometimiento del
estudio de lo equivocado del sistema.
En esa fidelidad arqueológico-darvinista se llegaron a proponer ocho escuelas para el Arte Románico francés. Clasificación que duró mucho tiempo por
la escasez y precariedad de los estudios, pero también por lo hermético que resultaba el sistema, pues así eran los métodos científicos de entonces,
mostrando su impenetrabilidad y defensa a ultranza de lo propuesto.
A las nuevas investigaciones y trabajos en contra del reduccionismo se contestaba con la fabricación de nuevas escuelas y grupos con sus respectivas
conexiones. Quizás fue ese su mayor pecado, al no dar paso a los jóvenes investigadores y enzarzarse en inútiles polémicas, como si el Arte Románico
fuera materia especulativa al modo del arte moderno, la política, la filosofía, la pintura y la escultura del momento.
A principios del siglo XX surgió una fuerte oposición a ese sistema clasificatorio. Era normal que así fuese, pues los estudios avanzaban, y no
siempre en la misma dirección que lo propuesto anteriormente.
Fueron vitales las opiniones de Crozet al respecto al abrir los caminos de le interpretación individual de cada obra y el sentido de imbricación en la
idiosincrasia total del momento en que se construían. Extractos de sus frases libraban los estudios del románico del corsé que le habían impuesto.
Referimos algunas de ellas en esta crónica. Hablaba de "... voluntades creadoras ... hombres conocedores de su oficio de una prodigiosa y fértil
inventiva ...la diversidad impide todo intento de síntesis sobre bases sólidas ... las contradicciones internas testimonian mucho más la vitalidad de
los movimientos creadores que la integración forzada de éstos en capítulos de manuales ...".
No bastaba con señalar los límites geográficos de las escuelas, sino que era preciso examinar todo lo diverso y sutil de los monumentos que se
pretendían analizar, comenzando por el estudio de la religión, de las condiciones sociales, de todo lo que había sido necesario para la construcción
de la obra.
Se trataba de redimir el principal pecado de los reduccionistas: la rigidez de un cómodo esquema pedagógico que enlazaba todos los edificios como si
fueran un cesto, con negación de su alma, de su propia individualidad, sólo como idea arquitectónica, rechazando la creatividad y laminando el ingenio
de los maestros rurales con sus rústicas interpretaciones que tantas diferencias aportaron al Arte Románico en general.
El momento más álgido y brillante de este tipo de clasificación fue cuando se estableció la teoría de las Iglesias de Peregrinación basándolo en las
cinco iglesias que poseen elementos semejantes y que se encuentran situadas en distintas Vías del Camino de Santiago, con principal importancia de
la catedral de Santiago. Era una teoría aristocrática que actuaba como si el Camino de Santiago fueran las arterias y las iglesias el fluido sanguíneo
sin capacidad de salirse de su curso biológico.
Las iglesias de peregrinación eran los eslabones de esa cadena preciosa que se había elaborado con oro y gemas brillantes, y que negaban la realidad
de creaciones ajustadas a modelos funcionales. Se omitirá mención de otras muchas que no están en el Camino de Santiago y que participan de los mismos
elementos estructurales.
Maqueta de la catedral de Santiago de Compostela
|
La teoría había nacido de la formulación literaria de Bédier para las canciones de gesta. Todo era una visión ideal, artificiosa, biológica, en una
fraternidad mal entendida que llegó hasta nuestros días y todavía tiene divulgación entre las gentes que pretenden darle a la historia del arte el mismo
sentido rutero que al Camino de Santiago. Las denominadas Iglesias de Peregrinación no son la secreción del alma peregrina, sino la adaptación funcional
a las liturgias de la época.
Basar los estudios del Arte Románico sólo en organizaciones espaciales y arquitectónicas falsea la realidad de la plástica románica, porque no se
puede someter todo lo conocido a un único modelo.
El empobrecimiento de esa idea era tan grande que lógicamente tuvo una reacción contraria que anuló definitivamente el sistema haciendo más ágiles
los estudios sobre la materia . Se logró comprender el edifico no sólo en su aspecto estructural, sino en toda su complejidad religiosa, histórica y
social que le acompañó a la hora de elevarse, y durante toda su existencia, incluyendo los tiempos modernos.
Se perdía de vista con el viejo sistema que la obra era el resultado firme y grave de esfuerzos religiosos y sociales, de empresas solidarias de
equipos de arquitectos, de decoradores, de artesanos y clérigos. Se evidenciaba que la obra era historia documental, amplia, total, de la zona y del
momento.