12. EL PRIMER ARTE ROMÁNICO
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Primer Arte Románico nace con el resurgir de la crisis europea de la segunda mitad del siglo X y con la consolidación de los reinos cristianos estables.

El nombre de Primer Arte Románico fue creado por el investigador catalán Puig i Cadafalch a principios de siglo. Trataba de sustituir al común de “arte lombardo”, porque hacía relación al centro de nacimiento de este arte, y no todo el mundo estaba de acuerdo en esa denominación, por encadenar toda la creatividad a esa región del norte de Italia.

En sus publicaciones, concreta, estudia y sistematiza, con cronologías fijadas y con características técnicas propias, una serie de edificios a lo largo de la geografía europea. Desde entonces se consideró el nombre como válido y se aumentaron los estudios sobre esas obras.

En España será la primera arquitectura románica peninsular. Comienza su andadura por los condados catalanes, libres de la dominación musulmana, aunque debemos concretar que la autoctonía no nos pertenece y que sólo heredamos formas extrapeninsulares, mientras que en las artes altomedievales que perdimos sí había creación propia.

Ese renacer territorial fué acompañado del florecimiento de numerosos monasterios, con el gran padrinazgo del abad Oliba, promotor de las obras insignes de Cuixá, Ripoll, Vic, Cardona; edificios de grandes valores dentro de este Primer Arte Románico español.

En España la geografía se corresponde con el área restringida de Cataluña, en menor medida en Aragón, la parte oriental de Navarra y algunos edificios sueltos en la meseta castellana y en Galicia. Su extensión por el continente estaría circunscrita fundamentalmente a la Europa latina del norte de Italia, sur y oeste de Francia y oeste de Alemania.

Pero ¿como reconocer los edificios del Primer Arte Románico?: Por sus elementos epidérmicos, murarios y, menos, por sus interiores, distinguiéndose los pequeños edificios rurales de una nave de las grandes edificaciones de más alto porte.

Son, en general, edificios sencillos, pequeños, baratos en la construcción, repetidos de una forma seriada, lo que podría restar importancia a la plástica de sus creaciones, que parecen seguir patrones estandarizados sin excesiva creatividad.

De naves rectangulares con cubiertas de madera, tendrían un solo ábside semicircular. Los mejores edificios presentarían plantas basilicales con crucero y cimborrio, aportando desarrollos decorativos de mucho mayor alcance que el ruralismo general inicial, como se puede comprobar en la fotografía que se acompaña de la iglesia de San Vicente de Cardona, considerada la perla del Primer Arte Románico español y uno de los mejores edificios del estilo.

San Vicente de Cardona, Cataluña

Las obras están caracterizadas por un tipo de aparejo que hasta hace muy poco tiempo tenía la denominación de “aparejo lombardo”. Se trata de piedras pequeñas, planas en muchos casos, cortadas a martillo, sin traza igual y sin desbastar ni pulir. Surge su estructura como el desarrollo de una arquitectura de tipo utilitario al calor de las construcciones civiles que se podían encontrar en las edificaciones de las aldeas y villas del lugar.

Es un aparejo adecuado para la época en la que se desarrolla, de fácil manejo por no requerir localizaciones de canteras lejanas y costosas, popular porque está en sintonía con lo vernáculo del territorio, y rápido porque no lleva mucho tiempo su construcción.

Será la solución ideal de una arquitectura que comienza sin grandes pretensiones en las iglesias de las pequeñas localidades cercanas al lago Como en Italia. Era impensable en aquellos momentos concebir el avance monumental que después habían de alcanzar esos monumentos en el Segundo Arte Románico.

Parece un sistema rústico, con técnicas empobrecidas y de aspecto tosco. Pero por muy rústico que fuera siempre se necesitaba una mano de obra adiestrada, aunque no excesivamente experta por lo fácil del ensamblaje. Era algo más que una casa y menos que una catedral.

La tosquedad era sólo aparente pues hay que considerar la decoración de los muros a base de arquillos ciegos en las partes superiores, fajas verticales que proporcionaban espacios rectangulares en el paramento, nichos superiores que proporcionaban a la iglesia un efecto de claro oscuro, y una apariencia de buena plástica de gran volumen, con frisos decorativos de dientes de sierra y de engranaje.

Todo ello haría que fuesen decoraciones que perdurasen en el tiempo y en fábricas de mejor porte como perpetuación de un gusto por ornamentaciones superadas pero que se resisten a perecer, como le habría de suceder al arco de medio punto cuando aparece el apuntado.

Resultado de todo ello son esas iglesias que todavía podemos contemplar por el este de España y por la Europa meridional y central, construidas con una enorme fuerza armónica en sus planos verticales y horizontales, ya sean grandes o pequeñas obras.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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