10. ARTISTA Y ARTESANOS
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Arte Románico en su resolución práctica fue la labor coordinada de artistas y artesanos, que en mutua colaboración y aprendizaje llevaron a cabo las realidades medievales de las que ahora disfrutamos.

Debemos entender por la denominación de artistas a todos aquellos que proyectaron la arquitectura del edificio, a los escultores que modelaron su escultura y a los pintores que cubrieron las paredes de sus muros. No debemos dejar atrás en esta clasificación a los esmaltadores, orfebres, copistas, iluminadores de libros y todos los que se ocuparon del ornamento litúrgico, tan necesario y tan útil en la habilitación del culto divino. Los artesanos vendrían a ser los trabajadores que sin una calificación especial servirían de herramientas eficaces para que los primeros lograran sus objetivos.

Todos vendrían a ser el último eslabón de la cadena humana encargada de la construcción de las iglesias y monasterios que los promotores y mecenas habían comenzado en el alborear de las obras.

Con ellos comparten la realización práctica de los monumentos para mayor gloria de Dios, pero desde puntos de ocupación diferentes. Mientras los primeros soñaban con la gloria eterna y la terrena por medio de sus construcciones, los segundos carecían de relevancia social, sin importancia personal, desarrollando su labor como un simple oficio, aunque en algunas iglesias figuren sus nombres como recordatorio de lo realizado, excepción comprobable en la catedral de Santiago, donde conocemos los nombres de casi todos sus arquitectos y del nombre del gran maestro medieval de la escultura, el Maestro Mateo, que figura en los dinteles del Pórtico de la Gloria. Pero esta adscripción tan precisa de obra no es ni corriente ni común en la vida del Arte Románico.

Pero el Arte Románico no es absolutamente anónimo, aunque sí de difusa autoría. Resulta muy difícil adjudicar la dirección de obra y la realización de la escultura que la acompaña debido a la poca importancia que se otorgaba a quienes la realizaban, lo que no suele constar en las documentaciones que se guardan y muy pocas veces en inscripciones en sillares y capiteles del monumento.

Con todo hay algunos nombres, muy pocos con respecto a la pléyade de artistas que contribuyeron con su esfuerzo a la construcción de las iglesias. Entre los más conocidos podemos citar a los maestros principales de la catedral de Santiago: Bernardo el Viejo, Rotberto, Esteban. Mateo, sin llegar a tener noticia nominal de los escultores de las distintas etapas constructivas, a las que hay que recurrir con nombres ficticios como el de "Maestro de Platerías".

Certifican los documentos que el maestro Raimundo de Monforte construyó la catedral de Lugo. Pedro Deustamben la colegiata de San Isidoro de León. Raimundo Lombardo fue contratado para finalizar las obras de la catedral de la Seo de Urgel. El pórtico de la iglesia porticada de Rebolledo de la Torre en Palencia fue realizado por el maestro de Juan de Piasca. La catedral de Santo Domingo de la Calzada es construida por el maestro Garsión.

Supuesta efigie del Maestro Mateo arrodillado tras el Pórtico de la Gloria

Hay después una reducida nómina de maestros rurales que son citados, ya sea por inscripciones en la misma obra o por documentación al uso, pero tampoco son gran cosa si los comparamos con el inmenso número de edificios que por ellos fueron levantados.

Cuando no conocemos el nombre del maestro en concreto y necesitamos exaltar su obra, se recurre casi siempre a nombrarlo conforme al lugar de ubicación de la obra que le ha dado renombre. Es así como surgen los nombres del maestro de San Juan de la Peña, de los dos maestros de Silos, del maestro de Platerías, del maestro de la Traición, o en su defecto hablamos de talleres y estilemas dependientes de algún maestro principal para poder cubrir la ignorancia que nos envuelve en el hallazgo de autorías.

Ciertamente es mucho, casi total, el desconocimiento que poseemos de quién decidía la obra, a quién se le encargaba, y en quién confiaba el maestro de obra para la realización de todos los pormenores de la edificación. Resulta imposible hacer el seguimiento de comienzo y finalización de una iglesia, porque tal efecto debería depender de los imponderables de la condición humana, a saber, de la categoría de la obra, de su presupuesto, del modo de obtener la cantidad precisada, del conocimiento de los hombres que deberían desarrollarla, de la obra a la que se quería imitar o se necesitaba, y de otras muchas causas.

En realidad todo un mundo que habría de ir variando según se fuese construyendo a través de los años, y que como norma común recibiría cambios a lo largo de su duración, lo que es posible observar en las grandes edificaciones, donde la obra es acometida en tal longitud de tiempo que fue precisa la colaboración de distintos arquitectos, que por norma general actuaban con equipos diferentes de escultores. Es precisamente por esos cambios en las estructuras y el diferente tipo de aplicación a la escultura por lo que sabemos de las distintas etapas constructivas de la iglesia.

Si tuviéramos que aventurar los pasos que debieron darse para la construcción de cualquier monumento eclesiástico podríamos arriesgarnos a sistematizarlos en los siguientes:

  1. necesidad espiritual de la creación de la iglesia o el monasterio
  2. soñar la obra y adecuarla a la necesidad material
  3. búsqueda de los promotores
  4. concreción de la obra con un arquitecto de confianza y su equipo de escultores y canteros
  5. desarrollo de la construcción
  6. uso y explotación de lo realizado

Conocemos el contrato que el rey Fernando II de León otorga al Maestro Mateo para la finalización de las obras de la catedral de Santiago, entre las que cabría esperar la realización del Pórtico de la Gloria. Es una pieza única porque contempla la cantidad precisa, las condiciones de la misma y la enorme estima que debería tener el rey en la fama del artista al confiarle obra tan insigne, dice así:

Conviene a la regia majestad atender mejor a aquellos que le son conocidos por mostrar obediencia fielmente, y especialmente a aquellos que son notorios por dedicar sus servicios a los santuarios y lugares de Dios. Por estas cosas yo, Fernando, rey de las Españas, por amor de Dios, por quien reinan los reyes, y por la reverencia de Santiago, piísimo patrón nuestro, como pensión, te doy y concedo a ti, maestro Mateo, que posees la primacía y el magisterio de la obra del citado apóstol, cada año la percepción de dos marcos a la semana, sobre mi mitad de moneda de Santiago, y que lo que falte una semana sea suplido en la otra, de manera que esta percepción te represente 100 morabotinos anuales. Esta pensión, este don, te doy durante toda tu vida, para que siempre la tengas, y para la obra de Santiago, y sea mejor para tu persona; y aquellos que vieran, velen y se dediquen con afición a la citada obra. Fernando II de León a 23 de Febrero del año 1168.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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