7. ATRACCIÓN Y DELEITE
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Arte Románico llama hoy poderosamente la atención por el admirable canon de belleza y equilibrio que muestran sus formas, teniendo en cuenta la escasez de medios de los que disponía para llegar a resultados de tal armonía.

Hoy añadimos a ese equilibrio la belleza de los paisajes donde instalaban sus construcciones: en hermosas y solitarias geografías, en lo recóndito de valles silenciosos y apacibles, en atractivos altozanos, o en las recónditas plazas de las villas.

Lo hacían buscando la funcionalidad que refiere la Regla de San Benito, que demandaba que en un monasterio hubiera todo lo necesario para que el monje no tuviera que salir a buscarlo y así no poner en peligro su alma. Como dice mi buen amigo Ramón Molina, monje del monasterio benedictino de San Salvador de Leyre en Navarra “... agua y soledad no faltaban ...” refiriéndose a la fundación altomedieval de su cenobio.

La primera como elemento primordial de la vida, y la segunda como búsqueda deseada para la práctica de la oración en el solaz de la tranquilidad, lejos del bullicio de la civilización activa que distrajese la norma de vida que se habían impuesto: la consecución en comunidad de la Jerusalén celeste. Después habría que adecuar los edificios a las necesidades de esa colectividad de hombres o mujeres que las habitarían con pobreza y humildad, para comenzar su vida cenobítica en la precariedad de módulos sencillos, pero funcionales que resistieran el paso del tiempo.

Hoy todavía nos sorprende que, a pesar del paso de los siglos, podamos disfrutar de la atmósfera que los monjes gozaron cuando decidieron la ubicación de sus templos; porque todavía están en pie los edificios, y aunque algunos en ruinas otros realizan aún la función para la que fueron creados hace cientos de años. Se debe añadir a tal situación la presencia de un hábitat que apenas ha sido modificado: la naturaleza que acoge tan bellas edificaciones. Allí sigue, perenne, atractiva, expresivamente viva la obra medieval para disfrute de quien la visita.

La vida del hombre moderno está sometida a prisas, al ajetreo de un trabajo ferozmente competitivo y brutal que devora la capacidad humana de sosiego y comprensión. Todo camina tan aprisa que no hay tiempo para la reflexión, para el recreo tranquilo y apacible del legado de su propia historia. No es capaz de comprender más que el presente intentando afianzar el futuro en una vorágine que le hace perder la conciencia de su pasado. Por eso necesita de referentes que, sin despreciar el presente ni el futuro, le haga comprender el pasado, cuanto más remoto mejor.

San Pantaleón de Losa. Las Merindades, Burgos.

Tengo la impresión que ese es uno de los éxitos del atractivo del Arte Románico en la actualidad, el que pueda hacer comprender la vida desde un punto de vista de mayor equilibrio, como el que tienen esos edificios antiguos que a pesar de tener existencia en una civilización tan avanzada como la nuestra siguen presentes para nuestro goce, pero sobre todo para mostrar el camino de la historia y de lo poco que somos en el transcurrir de los tiempos.

Esta íntima asociación de atracción y deleite tiene que ver mucho con el redescubrimiento de la naturaleza como bien del ser humano, a modo de una segunda época romántica, de un renacimiento de los valores naturales impulsados por el bienestar de la contemplación y el disfrute de lo eterno. No diría yo que el éxito del Arte Románico esté emparejado con el del turismo rural o el Camino de Santiago, pero no están en coordenadas distintas, pues si uno de esos placenteros turistas o caminantes trata de descansar incluirá en su alivio la visita de los alrededores del lugar, y con toda seguridad encontrará una iglesia románica dispuesta para redondear su jornada. Si llega al atardecer a un monasterio, le explican bien el monumento y puede oír el canto gregoriano de Vísperas en el atardecer del día, habrá completado la ecuación de atracción y deleite de la que estamos hablando.

Este profesor, que escribe después de 30 años de trabajo de campo y de más de 250.000 kilómetros recorridos en busca de iglesias románicas, sigue todavía emocionándose cuando vive personalmente las coordenadas que señala para los demás. Puede aumentarse más la emoción al tener la oportunidad de residir con una comunidad de monjes durante algún tiempo, comprobando “in situ” una lección de historia inolvidable para mucho tiempo. En una reciente estancia en el monasterio de Silos, dos entrañables amigos se sorprendían, como neófitos que eran en esa vivencia, de que allí nadie se metiera con nadie y de que existiera fraternidad en el trato, independientemente de la idea política, religiosa o situación económica que se disfrutase.

Quizás sea ese el mundo que muestra el Arte Románico y el de los monasterios, que sin cambiar valores eternos sobreviven con toda su integridad humana, arqueológica y geográfica a los despropósitos de la vida actual. Ojalá que este arte, u otro cualquiera, sirva para no perder de vista el equilibrio necesario en el ser humano y no consentir la rebarbarización del hombre.

Podemos constatar al menos que el Arte Románico ha contribuido a ello en la medida de sus posibilidades con el esplendor de sus edificios y sus localizaciones, que a todos nosotros solaza cuando alcanzamos el disfrute de esas piedras milenarias.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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