4. HERENCIAS Y REALIDADES
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

 

El Arte Románico es el gran estilo europeo después del decaimiento del arte de Roma tras el paso por la pobreza artística del mundo tardorromano, que la romanización nos legó en su lenta desaparición, no tan violenta como algunos historiadores supusieron, pero sí con ralentización de su presencia en el amplio mundo que había conquistado.

Los modos arquitectónicos y escultóricos del Arte Románico dejan patente la importancia del arte clásico romano en las nuevas formas que están naciendo. No podemos hablar de la invención de la planta basilical en el Arte Románico, porque ya estaba presente en el mundo romano con edificios de esa traza en obras civiles; ni la conformación de los muros a soga y tizón, porque era la forma común del mundo clásico; ni de una nueva estatuaria, porque las propias ruinas romanas y los sarcófagos paleocristianos fueron origen de inspiración de los nuevos artesanos, que habían de alcanzar su máxima expresión en lo que se ha dado en llamar “Estilo 1200”, comprobable en el Pórtico de la Gloria y cuyas herencias clásicas son evidentes.

Cuando hablamos de canecillos, metopas, sofitos hay que recordar que todo ello ya aparecía en los entablamentos de los templos griegos y romanos. Si nos referimos a la decoración de los capiteles hay que pensar que los de tipo vegetal se forman en el mundo románico bajo la base de los corintios clásicos. Y así un cúmulo de herencias porque tanto en arquitectura como en otras facetas de la vida “Ex nihilo nihil fecit” (de la nada nada se hizo) que decían los latinos, y que nosotros interpretamos modernamente como “No hay nada nuevo bajo el sol”.

 Lo que sí puede certificar el Arte Románico frente al Arte Clásico es su dilatada expansión geográfica sin haber conquistado el territorio militarmente, porque miles de iglesias se desparramaron a lo largo de todo el mundo cristiano conocido desde Lisboa a Tierra Santa y desde Toledo hasta Escandinavia.

Quizás demuestra esta continuidad en el tiempo y en los campos la diferencia entre la imposición de los métodos de conquista militares y las conquistas de las ideas. Roma lo consiguió sólo a medias. El mundo románico en toda su perfección.

Imagen clasicista de Evangelista en el Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago.

No es así de simplista la comparación general entre lo romano y lo románico, pero sirve para mostrar el modo de vincular la expansión del Arte Románico al de las ideas cristianas en el nacimiento de las distintas nacionalidades del continente europeo.

Donde no hubo iglesias románicas fue porque no lo permitió el poder militar y religioso, como sucedió en los territorios musulmanes de la España medieval, que una vez liberados fueron dotados de nuevos templos, pero ya del Arte Gótico, que era el que entonces florecía a costa de desplazar al Arte Románico de la escena creativa y funcional. Tampoco las ideas antirreligiosas y anticlericales del siglo XVIII hicieron desaparecer todas las iglesias de los territorios revolucionarios, aunque de muchas de ellas sólo hayan quedado las ruinas, que nos sirven para constatar su presencia en el espacio y estudiar sus elementos.

Una vez que se realizan las primeras obras románicas la avalancha es tal que el monje cronista medieval Raúl Gabler lamenta tanta construcción de iglesias. Si bien la crítica no llega a condenar lo que se está haciendo, sí que trata de aclarar que muchas de ellas no eran necesarias puesto que ya existía obra eclesiástica.

Nos vale el documento para constatar la fuerza del nuevo pietismo una vez rebasado el año 1000 y la potencia de una nueva sociedad agrícola en expansión, cuyos dineros y explosiva demografía animaban a esas construcciones, más como necesidad de reafirmar la propia identidad de aldea, villa o comunidad cristiana, que de cobijo eclesiástico, lo que deja entrever socialmente que la rivalidad fue también uno de los impulsos para levantar mejores iglesias que las habitadas hasta entonces. Si no había liga de fútbol, al menos se tenía el orgullo de construcciones que competían entre sí.

Parece como si el Arte Románico floreciese de las cenizas de la sequía cultural que había sufrido Europa, aunque habría que exceptuar la Europa de Carlomagno que representó el renacimiento de los valores culturales y cristianos en los territorios que dominaba. Pero también es cierto que los templos de la España de la Alta Edad Media debían ser insuficientes con respecto a la nueva población emergente.

No se puede discutir la importancia, belleza y armonía de los templos asturianos, visigodos y mozárabes, pero sí afirmar la escasez de una nómina relativamente pequeña para un mundo de Reconquista, en expansión de bienes y personas, pero sobre todo de ideas renovadoras.

Claro está que la Alta Edad Media representa ya un avance considerable sobre el mundo tardorromano, pero no se había previsto la rapidez con la que crecía la población, la mejora de las cosechas, la acumulación de excedente y otros condicionantes que promocionarían la construcción de nuevas iglesias, porque el arte es un elemento social incrustado en las comunidades en las que se asienta, ligado a ellas de forma intelectual y económica. Si no hay una economía que permita el arte, éste no se produce, o lo hace con precariedad.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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