2. MODOS ESTUDIOS Y MANERAS
© FRANCISCO JAVIER OCAÑA EIROA

El Arte Románico es uno de los más preclaros hijos del año 1000, aunque con un antes muy corto con respecto al siglo, pues su aparición se cifra en torno al año 950, y un después muy dilatado, si consideramos su finalización en la mitad del siglo XIII.

Su presencia en la cristiandad recordará al templo de Jerusalén en la justificación de la salmodia hierosolimitana que inmortaliza el salmo 25: “Amo la morada de tu casa / el lugar de asiento de tu gloria”.

No dejará dudas la función del edificio porque su esencia estará basada en las funciones teológicas y teofánicas que han perdurado a través de los siglos, con la misma relación de identidad que conservan en la actualidad los templos cristianos actuales. Frente a otras edificaciones de la época medieval que ya carecen de la función para la que fueron creadas, como los castillos o las palacios barrocos, las iglesias románicas mantienen el rango de museos vivientes, útiles y funcionales, y no de elementos culturales fosilizados como los citados anteriormente.

La presencia de esas edificaciones entre nosotros es la mejor prueba de un modus vivendi, aunque mejor cabría decir de un modus orandi, pues estaban hechas para el oficio litúrgico que ha venido siendo desempeñado ininterrumpidamente desde su construcción como templos.

Malo fue el ejemplo de los primeros historiadores del Arte Románico que concibieron los edificios sólo con parámetros de clasificación arquitectónica, geográfica y regional, desatendiendo las otras circunstancias que concurrían en las obras. Porque un edificio lo constituyen no sólo las piedras que lo sustentan, sino las condiciones sociales que lo motivaron. Sin la consideración de estas circunstancias no habrá conclusiones certeras sobre su origen, función y desarrollo.

Esa tendencia de aislar las iglesias de su contexto pronto fue corregida, aceptando la crítica moderna que una obra de arte es algo más complejo que sus coordenadas estilísticas y comparativas, porque el reduccionismo no provoca más que la asfixia del propio arte que trata de defender. Toda función de monocultivo es siempre empobrecedora, de ahí que las expresiones de modus vivendi y modus orandi deban ser más propias que las de modus construendi como algo más adecuado a los signos de los tiempos, donde el cruce de datos de todo tipo se hace indispensable para el mejor entendimiento de lo que tratamos de conocer.

Los ciento y pico de años de estudios sobre el Arte Románico han determinado claramente muchas de sus particularidades, pero no han agotado la vía de la investigación, que, si se había iniciado con la catalogación de edificios en áreas geográficas y atribución de escuelas, ha pasado a corregirse esa forma de estudio al conectar la obra con todos los componentes sociales posibles de historia, religión, economía, etc. Se ha dado un paso importante, quizás excesivamente peligroso, donde surgen difíciles interpretaciones de tipo filosófico-doctrinal-teológico que pueden extraviar a los neófitos en la materia.

A veces surge la duda de si los parámetros en los que se debió desarrollar la obra son los que muestran los elevados estudios modernos, pero no hay duda de que muchos de ellos se ajustan al sentido racional de sus teorías, aunque otros sólo pueden alcanzar el estrato de elucubraciones de mentes fantasiosas que, con pretendidas razones intelectuales, sólo conforman textos más dignos de una novela que de un estudio serio sobre el Arte Románico.

Sirenas aladas. Claustro de San Pedro de la Rúa.Estella, Navarra.

Campo abonado de esta afirmación son las peligrosas interpretaciones que se hacen sobre los caracteres simbólicos de capiteles, canecillos, portadas, inscripciones y todo tipo de posibilidades fantasiosas que permita realizar juicios desquiciados sobre el significado de lo que se pretende explicar, muchas veces fruto de la voluntad, más carentes de la intelectualidad adecuada que de satisfactoria crítica histórica.

Por su distancia en el tiempo, y la carencia de documentación, es el Arte Románico un campo abonado para todo tipo de especulaciones, en una época donde el rigor es confundido con la habilidad de la presentación de argumentos incompletos, fáciles para un público ávido de novedades y acostumbrado a las formas literarias de la época medieval, donde las novelas artúricas parecen tener presencia real en el mundo románico, olvidando que la misma presencia del rey Arturo en la historia es una incógnita y una aventura similar a la literatura desarrollada en torno a su figura.

En algunos casos las opiniones sobre modos y circunstancias de elementos del Arte Románico nos recuerdan a las mismas crónicas medievales, faltas de rigor por los intereses que convenían a quienes las fabricaban. Pero es que la especulación no es fruto moderno de las bolsas de valores, sino capacidad inherente a la condición humana, que unas veces trastocaba la realidad por una pura conmoción de la fantasía, y otras por meros intereses comerciales. De ello sabe mucho la Edad Media cuando creaba, retenía o falsificaba las reliquias de los santos que le habían de dar pingües beneficios a quienes explotaban su mercado.


01.- Causas de su aparición
02.- Modos, estudios y maneras
03.- La unidad medieval
04.- Herencias y realidades
05.- Un mundo en expansión
06.- Circunstancias y variaciones del nombre "Arte Románico"
07.- Atracción y deleite
08.- La España del Arte Románico
09.- Promotores y mecenas
10.- Artista y artesanos
11.- Clasificación del Arte Románico
12.- El Primer Arte Románico
13.- El Segundo Arte Románico
14.- El Tercer Arte Románico
15.- Las escuelas regionales
16.- El monasterio: Fundamento y desarrollo
17.- La arquitectura monacal
18.- La arquitectura
19.- Del buen cálculo de la obra
20.- El muro
21.- Los ábsides
22.- Las bóvedas
23.- El altar
24.- Las iglesias porticadas
25.- El claustro I
26.- El claustro II
27.- La puerta
28.- El tímpano
29.- Las portadas
30.- Los puentes
31.- El Pórtico de la Gloria
32.- La escultura I
33.- La escultura II
34.- Monstruos y animales
35.- Las sirenas
36.- Maiestas Domini y Tetramorfos
37.- El Agnus Dei
38.- La Psicostasis
39.- La Dextera Domini
40.- El crismón
41.- La mujer adúltera
42.- La pintura
43.- Las pinturas del Panteón Real de León
44.- La pintura en los altares
45.- Orfebrería
46.- Esmaltes
47.- Eboraria
48.- Theotokos, la Madre de Díos
49.- Libros iluminados: los Beatos
50.- A modo de conclusión
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