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© Montserrat Fornells Angelats


Breve curriculum vitae de la autora

TITULOS ACADEMICOS Y CARGOS

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid.

Doctora en Historia del Arte por la Universidad del País Vasco.

Museóloga por la Universidad de Florencia, Italia.

Catedrática de Historia en el Instituto Usandizaga-Peñaflorida de San Sebastián.

Miembro de Número de la sección española del ICOM (Consejo Internacional de Museos), organismo de la UNESCO.

Miembro de Número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

Miembro de la Junta Directiva del Ateneo guipuzcoano.

Presidenta de la Sección de Artes Plásticas y Monumentales de Eusko Ikaskuntza - Sociedad de Estudios Vascos desde 1995 hasta 2010.

Presidenta de la Asociación “Amigos del Museo San Telmo” de San Sebastián.

ACTIVIDAD PROFESIONAL

Se centra en la investigación, el comisariado independiente, la museología y la enseñanza

Como investigadora su especialidad es la pintura de finales del XIX y principios del XX. Ha publicado unos veinte libros con estudios sobre este tema, muchos de ellos monografías sobre artistas muy representativos como Jose María SERT, Pedro Alejandrino IRURETA, Ignacio UGARTE, Miguel Angel ALVAREZ, Manuel de LAMBARRI, Mari Paz JIMENEZ, el GRUPO UR, Antonio ORTIZ ECHAGUE,... . Además participa habitualmente con comunicaciones y ponencias en Congresos sobre el arte de ese periodo.

También es autora de obras sobre el Renacimiento y sobre Museología, y publica artículos en revistas especializadas.

Como comisaria independiente organiza frecuentemente Exposiciones de pintura (escribiendo los correspondientes catálogos) tanto en las capitales vascas como en otras ciudades de España.

En su calidad de Museóloga es asesora de varios museos en España, Italia y Argentina, y ha realizado la instalación museográfica de alguno de ellos.

En el ámbito de la enseñanza de la Historia del Arte, además de su cátedra imparte cursos de postgrado on-line (UNED) y dicta regularmente conferencias y seminarios en diferentes instituciones y entidades culturales

San Sebastián. Marzo 2015

LA INFLUENCIA DEL ARTE BIZANTINO EN LA ICONOGRAFÍA Y LA PINTURA ROMÁNICAS

INTRODUCCIÓN

A finales del siglo IV (395) el emperador Teodosio, quien en el año 380 había decretado que el cristianismo fuera la religión oficial del Imperio Romano, lo dividió en dos partes: el Imperio Romano de Oriente con capital en Constantinopla (ciudad que sus habitantes llamaban Bizancio pues el griego era la lengua que se seguía utilizando en esa zona) y el Imperio Romano de Occidente con capital en Roma.

Tras la partición, el Imperio Romano de Oriente - denominado desde entonces Imperio Bizantino - siguió existiendo a lo largo de mil años (hasta 1453). En cambio el Imperio Romano de Occidente se desintegró un siglo después de la división, al caer Roma (476) y sus provincias en manos de diferentes pueblos bárbaros (Lombardos, Ostrogodos, Visigodos, Francos...) surgiendo así los diferentes reinos germánicos. La evolución y feudalización de estos reinos dio lugar a la Europa medieval.

Las fronteras iniciales del Imperio Bizantino coincidían pues con las del Imperio Romano de Oriente, pero en el siglo VI el emperador bizantino Justiniano I (527-565) intentó recuperar los territorios del antiguo Imperio Romano de Occidente y sus ejércitos arrebataron a los Visigodos zonas del sur de Hispania, a los Ostrogodos buena parte de la península italiana (Exarcado de Rávena y sur de la península) y a los Vándalos territorios del norte de África (Exarcado de África), controlando también las estratégicas islas del Mediterráneo occidental.

Pero estas conquistas fueron efímeras y a partir del siglo VII el Imperio Bizantino fue sufriendo un paulatino pero constante retroceso territorial, a manos de los pueblos eslavos y de los musulmanes. Tras la muerte de Mahoma (571- 632) los árabes empiezan su expansión, el Califa Omar – que gobernó entre el 634 y el 644 - conquistó Persia, Siria, Palestina (ocupando los Santos Lugares) Egipto y Libia. Fue el inicio de un conflicto de siglos en que los bizantinos fueron la vanguardia de la Cristiandad frente al Islam, contando en ocasiones con la ayuda de los caballeros de los reinos cristianos de Occidente (Las Cruzadas). Todo acabó en 1453 con la toma de Constantinopla por los turcos, que convirtieron la iglesia de Santa Sofía en mezquita y llamaron a la ciudad Istambul.

Durante sus diez siglos de existencia, la fascinación por la corte imperial de Bizancio/Constantinopla con el “Basileus” (nombre griego del emperador) al frente, y la influencia de la cultura bizantina superó sus límites territoriales e irradió a toda Europa. Incluso los jefes germanos y los monarcas de la Europa medieval reconocieron siempre una cierta autoridad simbólica a los emperadores bizantinos como herederos del Imperio Romano, y mantuvieron contactos - tanto de colaboración como de rivalidad- en diferentes ámbitos.

En el comercial, la moneda bizantina: el sólido de oro (o besante) fue la moneda internacional y sus mercaderes - llamados genéricamente “griegos”- llevaban a occidente productos suntuarios orientales y objetos de lujo (sedas, especias, joyas, manuscritos...) que eran adquiridos por los grupos privilegiados de la sociedad europea: la nobleza feudal y el alto clero, es decir por el estamento dirigente. A su vez comerciantes “latinos” estaban instalados en las ciudades bizantinas generando un flujo constante de mercancías.

El Basileus enviaba y recibía embajadores de los reinos de la Europa occidental y no era infrecuente que se concertaran matrimonios con princesas bizantinas para reforzar la legitimidad de los monarcas de occidente al emparentar con los descendientes de los emperadores romanos. Como ejemplos podemos citar el proyecto frustrado de enlace entre Carlomagno y la emperatriz bizantina viuda Irene (801). El que Otón II (973-983), hijo del fundador del Imperio Germánico, se desposara con la princesa bizantina Teofanes. O que en el 988 la princesa Ana, hermana del emperador bizantino contrajera matrimonio con el príncipe de Kiev Vladimiro el Grande, previa conversión del novio al cristianismo, religión que abrazaría todo el pueblo ruso.

Las peregrinaciones a Tierra Santa primero (que no cesaron con la caída de Jerusalén en el siglo VII) y las Cruzadas para recuperar los Santos Lugares después (siglos XI al XIII) implicaron un contacto directo con el mundo Bizantino y muchos de esos peregrinos y cruzados que viajaban por las tierras del Imperio, regresaban con objetos (reliquias, manuscritos, iconos, tejidos, trabajos en marfil, orfebrería...) que difundían el arte bizantino por el occidente europeo.

La fama de los artesanos, orfebres, iluminadores y mosaístas bizantinos era tan grande que además de importar objetos de Bizancio, sus artistas fueran llamados a trabajar en Occidente, no sólo por los cristianos - como puede verse en los mosaicos de Rávena, Venecia, Aquisgrán (Capilla Palatina, s. IX), o las iglesias normandas de Sicilia (s. XII) - sino incluso por los musulmanes: mihrab de la mezquita de Córdoba (s. X). Los obispos y abades que podían permitírselo, como los de Montecassino o Cluny, traían a maestros bizantinos y en Italia había verdaderas colonias de los denominados artistas “griegos”. Además los manuscritos iluminados - tanto religiosos como de los diferentes saberes - importados desde Bizancio eran muy cotizados y se copiaban en los scriptorium de los monasterios medievales, sirviendo también de inspiración y fuente iconográfica.

Todo ello explica la profunda relación e influencia que el mundo bizantino ejerció sobre las imágenes del arte románico europeo, y la imposibilidad de profundizar en el segundo sin conocer el primero.


Introducción
01.- Primera edad de oro del arte Bizantino (siglos VI-IX)
02.- Segunda edad de oro del arte bizantino (siglos X-XII)

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