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Crónica de las JdRL organizadas por Madrid/Castilla la Mancha: Monasterios de León

Lunes, 18 de marzo de 2019

 

¡A madrugar que estos monasterios están un poco alejados! Entre las 7.45 y las 8 de la madrugada del sábado 2 de Marzo del 2019, los más de cuarenta AdR’s que respondimos positivamente a la llamada que realizó Tomás  nos encontramos subiendo, en ordenada fila, al autobús que nos va a transportar, en el espacio a tierras leonesas, y en el tiempo a los dominios mesetarios de Alfonso III y su sucesor García que fueron los encargados de llevar la frontera cristiana hasta la margen izquierda del Duero. A las ocho en punto parte el autobús de la sede y Tomás nos cuenta las variaciones que ha sufrido el programa por causas totalmente ajenas a la organización: distinto restaurante, El Gallo en Mansilla de las Mulas, y distinto guía, Enrique Martínez, ya que, por problemas familiares, Artemio Martínez Tejera no nos puede acompañar. Antes de llegar a nuestro primer destino, se realiza una parada técnica al objeto de tomar un refrigerio.

Primera visita: Monasterio de Santa María de Sandoval. Son las 12:15 allí nos reciben el alcalde de Mansilla, José Alberto, que amablemente ha acudido al monasterio para abrirnos y poder realizar la visita, y el guía Enrique Martínez, ante los cuales nos disculpamos por el retraso. Comienza Enrique su explicación con unas pinceladas sintéticas sobre la evolución del monacato, desde la regla de San Benito que Cluny adopta, hasta la aparición de los reformadores del Císter de San Bernardo de Claraval ante la relajación de costumbres adquirida por los monjes negros con el paso del tiempo. Esta vuelta a la austeridad, como no puede ser de otra manera, queda reflejada en la decoración escultórica e iconográfica que los monjes blancos adoptan. Aunque la fundación del Císter corresponde a Roberto de Molesmes, fue Bernardo el inspirador de la reforma. Nuestro guía también nos habla sobre la fundación del monasterio que realiza el conde Pedro Ponce y su esposa Estefanía Ramírez en 1167, tras la donación que Alfonso VII les realiza en 1161 al cederles unos “saltus novalis”. El monasterio fundado pasa a ser dependiente de la Santa Espina como casa madre, ya que desde 1162 el Císter no podía establecer nuevas sedes.

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Pasamos a la iglesia donde Enrique continúa la explicación. Nos resalta como el Císter evita todo tipo de escultura historiada en los capiteles sustituyéndola por decoraciones vegetales o geométricas, y con arcos apuntados ligeramente. Realmente nos encontramos ante un románico tardío que comienza la transición al gótico de estilo borgoñón como también observamos en las cúpulas nervadas. La iglesia se comienza a construir a finales del XII, finalizándose a principios del XIII. El proyecto consiste en la construcción de una gran iglesia para lo cual se levanta una gran cabecera que se debería proyectar en tres naves en consonancia dimensional con ella: sólo aparecen dos tramos realizados en la época, y es en el siglo XVI cuando aparecen dos tramos más. Por el interior y tras el retablo barroco contemplamos la cabecera, señalándonos Enrique un curioso arco decorado por un báculo. El presbiterio es muy corto y está cubierto con bóveda de cañón. Como pila bautismal se utiliza un capitel de mármol del siglo X de inspiración romana.

En el claustro conservamos de la época de construcción inicial la panda este, donde destacamos la entrada a la sala capitular. Nos informa Enrique que la piedra utilizada en la construcción cisterciense seguramente procede de las canteras de Boñar.

Es ya la una y veinte de la tarde cuando emprendemos la partida al siguiente objetivo. Alrededor de las 13:45 llegamos a uno de los paradigmas del arte mozárabe (o de repoblación) que tenemos en la península: San Miguel de Escalada. La primera impresión que recibe el visitante ante ese pórtico, cuyos doce vanos se enmarcan en otros tantos arcos de herradura de estilo califal, es digna de ser vivida. Enrique nos explica que podemos situar su fundación, gracias a una lápida, hoy desaparecida, pero cuyo texto ha llegado a nosotros a través del Padre Don Manuel Risco que la transcribe y publica en 1786. Ahí se habla de que el lugar al que llegaron Alfonso y sus monjes en el último cuarto del s. IX, no era sino un espacio arruinado, de época tardo romana (ss. IV-V), que fue reaprovechado en los siglos VI-VII como espacio funerario por una reducida población. Y por lo que nos indica el texto del epígrafe parece ser que a la llegada del abad Alfonso, todavía se conservaban allí restos derruidos de una pequeña estructura arquitectónica, puede que una modesta habitación funeraria. Destaca Enrique la figura del San Genadio, obispo de Astorga, y uno de los obispos que participaron en la consagración del edificio, y para hacernos comprender el estilo artístico del mismo, nos comenta que habrían participado, además de los monjes cordobeses del citado abad que señala la inscripción, astur-leoneses que ya habrían comenzado la repoblación de la zona y probablemente descendientes musulmanes que en ella quedaron.

Según Artemio Martínez apunta, el obispo Genadio, aristócrata y obispo, quizás se viera influido por lo que Serafín Moralejo llama “el encanto del enemigo”, ante este entorno cultural, mezcla de civilizaciones que conviven en este espacio durante los reinados de Alfonso III y su hijo García I.

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La reutilización de elementos es bien patente sobre todo al interior de la iglesia. Destacamos el iconostasio que con sus canceles y huecos para sujeciones, posiblemente de telas, nos están señalando la existencia de una liturgia mozárabe (la liturgia romana tardará aún casi dos siglos en establecerse en Castilla) que necesita separar el lugar sagrado de los monjes del resto de los fieles: una auténtica barrera litúrgica. Este rito acaba definitivamente de ser sustituido por el rito romano en el concilio de Burgos de 1080. Tres naves, separadas por arcos califales, forman la iglesia de planta rectangular, salvo en la cabecera donde los ábsides tienen planta de herradura al interior y recta al exterior. Los capiteles y las mesas de los altares, con sus huecos para guardar reliquias, están datados en el siglo X.

No podemos olvidar la nave románica situada al sur continuando hacia el este el pórtico mozárabe; a ella accedemos desde el pórtico por una puerta que presenta un arco de medio punto que abarca un tímpano formado por un cancel reutilizado; presenta bóveda de cañón en su cubierta y en su muro occidental hay restos de una imposta ajedrezada.

Podríamos estar contemplando el monasterio durante varias horas más, pero algunos motivos, también muy importantes, nos hacen reemprender la marcha: son cercanas las tres de la tarde y la comida nos espera.

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Así que llegamos al restaurante El Gallo, situado en el camino que une Mansilla con Gradefes. Unas excelentes judías con oreja y un no menos apetitoso lechazo cocinado al estilo de la tierra, ambos regados mayormente con un buen clarete, no nos hacen olvidar los monasterios visitados. Como es habitual en estas jornadas, a los postres se sortean unos obsequios.

La compañera María Luisa Corrales recibe una reproducción de la pila bautismal de Redecilla del Camino, y al compañero Germán Pérez Nieto le corresponde la reproducción de un capitel doble con arpía, de Santo Domingo de Silos. De nuevo en ruta, cercanas están las cinco de la tarde.

A Santa María de Gradefes llegamos sobre las cinco y media, y tras intentar acceder por la puerta del monasterio, cosa que las monjas, con muy buen criterio, no permiten, nos encaminamos hacia la entrada de la iglesia.

Allí, en un bonito jardín ante portam, los expertos en fotografía toman algunas instantáneas del grupo.

Es este monasterio la clausura actual de 15 monjas cistercienses y, cronológicamente, es de la misma época de Sandoval, con lo que fue adscrito, por el impedimento apuntado arriba en la reseña de Sandoval, a la casa madre de Tulebras.

Después de traspasar la pequeña salita que las monjas poseen para, al objeto de recabar una pequeña ayuda a sus necesidades materiales, vendernos dulces diversos, entramos en el claustro. La entrada a la sala capitular, mucho mejor conservada y restaurada que en Sandoval, presenta un arco central más apuntado y largo que los seis laterales, tres a cada lado; estos últimos descansan sobre dos columnas, una a cada lado, mientras que el central lo hace sobre columnas dobles; los capiteles son sencillos con decoración vegetal y cestas casi en forma de prisma recto. La decoración en zigzag de los arcos nos pude situar en fechas muy próximas a Sandoval, aunque algunos autores piensan que el claustro se construye en una segunda fase (entrado el siglo XIII).

La iglesia de Gradefes es una excepción en cuanto a planimetría dentro de las construcciones de comunidades cistercienses femeninas: presenta en su cabecera una girola quizás por ser iglesia de peregrinación. Se trata de una cabecera enorme con los tres ábsides abiertos a la girola; el central está cubierto por bóveda de nervios, mientras que los laterales se cierran con bóveda de cañón. La construcción se estima entre 1177 y 1250.

La fundadora del monasterio fue Teresa Petri, esposa de García Pérez, tras una donación concedida por el rey castellano Alfonso VII en 1150. Se inicia con monjas procedentes del monasterio navarro de Tulebras. En el muro norte de la iglesia encontramos la inscripción fundacional que nos da la fecha “en la era de 1215 de las calendas de Marzo” (1de Marzo de 1177, con García Pérez ya fallecido). Los sepulcros de los fundadores se encuentran en el segundo tramo de la girola y cuando fueron abiertos (1959) se encontraron los chapines de la fundadora en perfecto estado de conservación.

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Al salir de la iglesia, a pesar de que el sol ya está muy bajo, nos confortamos con una agradable temperatura en comparación con la del interior. En el autobús la temperatura es aún más confortable, y allí despedimos al guía que nos ha acompañado durante toda la jornada con una cariñosa ovación.

A las siete de la tarde el autobús emprende la marcha. Nuestro compañero Alejandro toma el micrófono para agradecer a Tomás la magnífica organización de la jornada y para exaltar las sensaciones espirituales que la clausura de Gradefes había dejado en él. Tomás nos pasa la habitual encuesta que los participantes rellenamos escrupulosamente, y sobre las nueve y media de la noche realizamos, en algún lugar entre Tordesillas y Medina del Campo, la parada técnica donde algunos aprovechan para tomar el generoso bocadillo que allí se nos ofrece y disfrutar o deprimirse, según las afinidades futbolísticas, con el gol de Rakitic al Real Madrid. Este cronista y algunos compañeros más nos despedimos en el intercambiador de Moncloa y el autobús continúa su marcha hacia la sede….Cercanas las 11 de la noche.

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