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Crónica de la JdRL por Tierras de Sepúlveda

Miércoles, 07 de noviembre de 2018

 

El segundo día de las nonas de Octubre del año de la Era de 2056 (6/10/2018), a las 10:30 horas, unos cuantos  AdR´s  y algunos acompañantes, respondiendo a la llamada de Jesús Ribate, nos encontramos frente a la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción, junto a la A1, en la localidad segoviana de Castillejo de Mesleón. Jesús comienza su explicación indicándonos que las tres iglesias que veremos por la mañana tienen el rasgo común de haberse construido en una época tardía para el estilo románico y serán clasificadas como Románico Rural Segoviano; sus esculturas quizás procedan de un taller cuya cabecera estuviera situada, en cuanto a sus trabajos se refiere, en la iglesia de la Asunción del actual pueblo de Duratón. En Mesleón nos encontramos la influencia escultórica de Silos y modelos cuyos originales podrían situarnos quizás en Moradillo de Sedano. Pasamos al interior de la iglesia donde el original arco triunfal que separa el presbiterio de la nave semeja una portada ya que nos presenta por encima una arquivolta sencilla y una chambrana ajedrezada. Los maravillosos capiteles donde apea el arco enseñan la presencia del trépano. Un rasgo típico de estas iglesias rurales segovianas es la presencia de arcos ciegos en el presbiterio: en Mesleón, solo uno a cada lado. La galería porticada románica ya no existe, pero, debido a la protección actual, nos encontramos una portada muy bien conservada: dos arquivoltas de baquetones alternando con otras tres de molduras sin decorar a modo de arcos. Las arquivoltas descansan sobre cuatro columnas de capiteles con buena talla, los tres arcos lo hacen sobre pilares. Jesús nos da la data de la iglesia a finales del siglo XII o comienzos del XIII.

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Existen muchos caminos para llegar a Sotillo; el cronista elige el más seguro: seguir al guía. Cerca de las 11.30 la caravana vehicular de los AdR’s aparca en las proximidades de la iglesia de La Natividad de Nuestra Señora procurando y consiguiendo, eso sí, que ningún vehículo aparezca en ninguna fotografía de las que los visitantes realizan. La puerta de la iglesia nos la abre Don Antonio Barahona de Álvaro, noventa y cuatro años de segoviano puro, quien nos da la bienvenida y cede los trastos a Jesús para que comience su explicación. Nos encontramos un presbiterio que a diferencia de Mesleón presenta dos arcos ciegos a cada lado. El arco triunfal descarga sobre columnas rematadas en capiteles: el de la izquierda, de aves, bastante tosco, el de la derecha representando la lucha del soldado a caballo con una fiera (la lucha del bien contra el mal, quizás) que es una copia de otro de Duratón. Pero donde no ofrece ninguna duda la presencia del taller de Duratón es en la portada polilobulada, que se remata con una chambrana con decoración geométrica en zigzag. Dentro del estilo románico, la nave y cabecera se construirían en una primera fase, y la poderosa torre cuadrada posteriormente. Al exterior admiramos los canecillos y las metopas, muy originales, presentan escenas de caza; en realidad los jinetes no representan caballeros sino gentes del lugar que, habiendo poblado una zona fronteriza de economía fundamentalmente ganadera, tenían en la caza una actividad productiva y no lúdica como podían ejercitar los caballeros. Es una característica de este taller la representación de escenas cotidianas. Ciertos animales, fidedignamente representados, como camellos y dromedarios, nos hacen pensar en una tradición transmitida por descendientes mudéjares. Jesús hace entrega a Don Antonio de un ejemplar de nuestra revista junto con algún obsequio; y cuando ya la caravana comienza a caminar hacia el siguiente destino, aún este cronista y don Antonio mantienen una corta charla sobre las tierras madrileñas y segovianas y su trashumancia.

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Así llegamos a la iglesia de Ntra. Sra. De la Asunción en Duratón tras un corto recorrido desde Sotillo y nos encontramos con la agradable sorpresa, los que no lo conocíamos, de una magnífica galería porticada que, aunque restaurada y recolocada, es obra del mencionado taller escultórico de Duratón. Ante tan preciosa y románica vista, Jesús Ribate no duda en sugerir a Javi Pelaz la realización de la foto de grupo, mientras Dionisio nos abre amablemente la puerta. Javi coloca la cámara sobre el trípode, realiza enmarques, ordena a los presentes colocarse delante de la galería: “... los de la izquierda, apretaros algo hacia el centro… los altos detrás… los que puedan que se agachen…”, coloca unos segundos de retardo y se realiza la foto de grupo. Ya en el interior, Jesús nos hace ver que la ancha nave donde nos encontramos está precedida por un presbiterio cuya planta semeja un trapecio. La bóveda del ábside presenta una curiosa nervadura donde los nervios de la crucería descansan sobre el arco toral en distintos puntos. La bóveda del presbiterio presenta la crucería con dos arcos nervados entre el arco toral del ábside y el triunfal que separa la nave. Todos estos nervios y arcos descansan sobre columnas rematas por capiteles, remates que también contemplamos en  las columnas que circundan los vanos del ábside que, en alzado, consta de tres tramos. Jesús considera tres fases para la obra románica: Fase 1: cabecera; taller no conocido pero post silense; finales del siglo XII. Fase 2: Nave; finales del siglo XII o comienzos del XIII. Fase 3: Galería porticada; sin duda, taller de Duratón, siglo XIII. Antes de contemplar los elementos románicos del exterior, portadas y galería, Jesús nos informa de la existencia de un cementerio visigótico junto a la iglesia, así como de una ciudad romana en la colina cercana, actualmente en fase de excavación. Dentro de la galería existen las dos magníficas portadas, algo estropeada por un incendio la occidental, impecable la meridional, a la que se accede entrando en la galería por otra portada polilobulada flanqueada por columnas rematadas en capiteles con una cestería muy elaborada. La galería fue desmontada y vuelta a montar en el último cuarto del siglo XX, algunos de sus bellísimos capiteles aparecen descolocados y otros se restauran. En este punto, Jesús alude al trabajo de la profesora Inés Ruiz Montejo quien, en los años 80 del siglo pasado, fotografió el capitel que representa la Visitación, Anunciación y Nacimiento, con la Virgen tumbada y con dos parteras a su lado, en el que ahora podemos apreciar el paso del tiempo; nos recomienda nuestro guía matutino el libro de dicha profesora: “El Románico de Villas y Tierras de Segovia”. Tras la entrega de la revista de AdR a la persona encargada de abrirnos la iglesia, emprendemos el viaje hacia Sepúlveda.

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Pocos minutos nos lleva llegar a Sepúlveda cuyos habitantes están celebrando una fiesta relacionada con el “II Festival Etnográfico de los Pueblos más Bonitos de España de la Zona Centro”. Debido a lo temprano de la hora, tras abandonar los coches en los amplios aparcamientos de la parte baja de la villa, nos encaminamos, mejor ascendemos, hacia la Plaza de España donde nos encontramos con la agradable sorpresa de un “encierro” en el que unos componentes de la Asociación Cultural “Arco de la Villa”, y tras el obligatorio cohete inicial, empujan unas carretillas simulando toros que hacen las delicias de la infancia del lugar. No falta el baile de “gigantes” de La Puebla de Sanabria, ni los músicos y danzantes que ataviados con sus trajes regionales cantan y bailan las típicas jotas de las tierras segovianas. Los AdR´s disfrutamos del espectáculo en ese mediodía espléndido acompañados por la correspondiente libación tan necesaria por otra parte. El lechazo nos espera y nos encaminamos con parsimonia y en animada charla hacia el restaurante Fogón del Azogue. Como estamos en tierras de Segovia, el lechazo como plato principal no podía faltar. A los postres tiene lugar el preceptivo sorteo de regalos, en esta ocasión dos capiteles realizados por Jesús Ribate, siendo los afortunados, David Díaz, al cual le corresponde el capitel de los Reyes Magos, y Leandro Gómez de Pedro al que se le otorga el de La Natividad. Así mismo, Jesús hace entrega a nuestro presidente José Luis Beltrán de una reproducción de una virgen románica y a Javi Pelaz, coordinador de Asturias-Cantabria, de otro regalo. A su vez, nuestro presidente entrega a Jesús Ribate el característico crismón por su dedicación y entrega, tanto a la asociación como al románico en general. Cada uno de estos regalos es subrayado por aplausos generalizados, y mientras degustamos los cafés o infusiones como epílogo del yantar, Jesús nos presenta a Ana Belén Herrero Sanz quien a partir de ese momento será nuestra guía sepulvedana. Son las 16:30: ajustados al programa.

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Frente a una escalera de amplísimos y acostanillados peldaños situada junto a la “casa del moro” (Abú Bark, que fue alcalde musulmán de Sepúlveda en tiempos de Fernán González), Ana nos habla de las 15 iglesias románicas que llegó a poseer Sepúlveda durante la Edad Media: solo quedan restos de cinco de ellas de las cuales esta tarde veremos tres: El Salvador, la Virgen de la Peña y la de los Santos Justo y Pastor. Una breve introducción histórica siempre es necesaria: a mediados del siglo X el conde castellano Fernán González entra en la ciudad enfrentándose a Abu Bark; su nieto, Sancho Garcés (995-1017), establece posteriormente el fuero sepulvedano; en 1076 Alfonso VI confirma dicho fuero en tiempos en que dicha tierra ya forma parte de la “extremadura castellana”; el Rey Alfonso continúa la repoblación y reorganización de estos territorios con las comunidades de Villa y Tierra en las que Sepúlveda está incluida: una Villa, Sepúlveda como cabecera y centro organizativo, y una Tierra que abarcaba alrededor de 1.334 km2. Limitaba con otras comunidades de Villa y Tierra como Pedraza, Cuéllar, Ayllón, Fuentidueña, Maderuelo, Aza o Fresno de Cantespino.

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Ineludiblemente, la escalera-rampa nos espera, y, sin más dilación, nos encaramamos por ella para acceder al paradigma del románico sepulvedano (así lo califica Ana): la Iglesia del Salvador. El ascenso se asemeja al de cualquier calzada romana, ya que sigue la línea recta, con lo que algunos subimos cortando oblicuamente las líneas de nivel para poder tomar resuello. La vista del ábside da por bueno y necesario el penoso ascenso. Una inscripción en su base nos da la data de la iglesia: 1093 (Era 1131). Está dividido en cinco paños separados por cuatro columnas que enmarcan cinco vanos de abocinamiento interior y presenta un primer zócalo abocelado. Una alta y de amplia base torre, quizás utilizada en labores de vigilancia aparece a la derecha del ábside.  Una galería porticada, lugar de reunión del concejo sepulvedano en época medieval (un juez y un alcalde por parroquia, es decir 15 alcaldes), datada según los últimos estudios a finales del siglo XII, nos permite la entrada al interior. Tras una demostración de la acústica, Ana nos hace ver la gran altura de sus muros laterales que limitan la nave y sustentan la bóveda de cañón. Esta bóveda es de cuarto de esfera en la cabecera. Tres arcos fajones dividen la nave en sus correspondientes tramos. El arco triunfal está sustentado por columnas rematadas en capiteles. La cripta es inaccesible. Fue parroquia en 1120, y algunos documentos datan su finalización en 1150. En 1931 es declarada BIC (Bien de Interés Cultural). Como curiosidad Ana nos informa de que cada tercer domingo de mes se celebra en la Iglesia de El Salvador la Misa de Minerva, una misa cuyo origen se encuentra en el siglo XVI y está relacionado con la época de la Reforma luterana y la Contrarreforma católica.

Un paseo agradable nos conduce a la iglesia santuario de la Virgen de la Peña.  Son las 17:45. Al atravesar el pórtico, la vista de su magnífica portada impresiona al amigo del románico: datada a finales del siglo XII, tiene la peculiaridad de disponer de tímpano con Pantocrátor y Tetramorfos y debajo, ángeles sosteniendo un Crismón trinitario; una arquivolta nos representa a los veinticuatro ancianos del apocalipsis. Es un tipo de puerta que no se repite en toda la provincia y manifiesta evidentes relaciones con el románico aragonés. Antes de pasar al templo contemplamos los canecillos historiados del tejaroz. En el interior contemplamos, en el arco triunfal, un capitel que representa a Daniel en el foso de los leones. El parecido de esta iglesia con la del Salvador se hace palpable en ciertas connotaciones arquitectónicas como son la altura de su única nave o la estructura de la torre. En ella figura una inscripción que puede fechar el comienzo de su obra en el primer cuarto del siglo XII.

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A la iglesia de Los Santos Justo y Pastor, actual Museo de los Fueros, llegamos a las 18:30. Dedicada a los niños mártires de Alcalá de Henares (bajo la prefectura de Daciano, que gobernó la provincia romana de la Bética en la época del emperador Diocleciano), fue restaurada en los años 90 del siglo XX, y sufrió una nueva intervención en el año 2007. Presenta planta basilical de tres naves con arcos formeros, de separación de las naves, muy modificados. Contemplamos el artesonado mudéjar del siglo XV en la cubierta. En el ábside central, tapado por un retablo barroco, apreciamos los capiteles del arco triunfal, de muy buena labra, que representan la Epifanía, en el lado del Evangelio, y el martirio o el momento previo al martirio de los niños santos, en el del lado de la Epístola. Al ábside del Evangelio se accede bajo un arco triunfal con capiteles que representan monstruos  y aves. En la entrada al ábside correspondiente al lado de la Epístola, los capiteles son de representaciones análogas. En esta iglesia la cripta sí es accesible, su bóveda es de cañón y la nervadura que presenta tiene un mero carácter decorativo. La cripta, como la iglesia, se compone de tres ábsides y en el ábside central, un altar de piedra está flanqueado por una escultura de la Virgen con el Niño del siglo XIII.

Antes de finalizar la excursión, se hace entrega a nuestra docta y amable guía de la tarde, Ana, de un pequeño relieve, hecho por Jesús Ribate, y una revista de nuestra asociación. Una cerrada ovación, dedicada a Ana, representa el magnífico colofón a este sábado por tierras de Sepúlveda.

Daniel Silva Martín

 

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