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Crónica del FSR Hoya de Huesca

Miércoles, 18 de julio de 2018

 

A la hora indicada por los organizadores, Montse Rota nos espera a la puerta del Museo Diocesano, en la Catedral, en los lugares donde se ubicaron los templos romanos. La guía oficial del museo, Susana Villacampa, comienza su explicación en La Parroquieta, realizando un detallado recorrido: el inacabado claustro románico donde el museo expone tallas de madera de los siglos XII y XIII, y una portada románica con dos arquivoltas apoyadas en columnas, algunas romanas reutilizadas; el famoso salón del “Tanto Monta”, lema utilizado por Fernando II de Aragón cuando aún era Príncipe, que vemos inscrito en las preciosas vigas de madera que sustentan la esplendorosa techumbre; la iglesia de la Catedral, donde Susana nos explica que la antigua románica tarda casi doscientos años en construirse, siendo el rey Jaime I quien ordena en 1274 la construcción de la nueva, ya en estilo gótico; un magnífico retablo, realizado por Damián Forment, que es explicado detalladamente por Susana. Nos propone la subida a la terraza de la Catedral utilizando los 180 escalones de los que se compone la escalera de caracol; la subida se ve recompensada por las agradables vistas, San Pedro el Viejo, el Castillo de Montearagón, etc., que desde allí se contemplan. Tras esta detallada y muy fructífera visita, nos despedimos de Susana agradeciendo su amabilidad.

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Nos dispersamos por Huesca, algunos afortunados acompañados por nuestra compañera AdR, Catalina, oriunda del lugar, que nos narra rincones, lugares y sucesos encontrados en nuestro paseo. Al fin llegamos al Hotel Pedro I donde oficialmente comienzan las jornadas. La cena de bienvenida está presidida por nuestro socio de honor, Antonio García Omedes y Carmina, su señora, los cuales son presentados por Montse. Como es habitual la cena transcurre en el ambiente acogedor y distendido que los amigos del románico sabemos conseguir. Montse nos recuerda la puntualidad que debemos tener a la mañana siguiente, virtud que solemos practicar.

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Temprano el sábado un autobús nos espera en la puerta del Hotel Pedro I y emprendemos camino a Loarre acompañados por nuestro guía Antonio García Omedes. Algo antes de las diez ya nos encontramos delante del centro de interpretación y nos dirigimos a la entrada de la fortaleza amurallada.

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La vista desde el este del inexpugnable castillo inicia el disparo, digamos casi automático, de las cámaras de los AdR´s. Antonio comienza con la introducción histórica del espacio: lugar de circulación desde Pamplona a Ribagorza donde ya en época de Sancho III de Navarra se comienzan a levantar castillos, y cuya llave principal para la toma de Huesca reside en el lugar que conocemos como Bolea que vemos hacia el suroeste del cerro de Loarre. En la fortaleza de Loarre se inician sus construcciones, quizás a mediados del siglo XI, bajo el reinado del primer rey de Aragón, Ramiro I (1037/1063). Es su sucesor, Sancho Ramírez (1063/1094) que en 1078 rinde vasallaje al Papa, el que facilita la apertura del reino a las nuevas corrientes culturales y religiosas procedentes de Europa. En 1071 se instaura en Aragón el nuevo rito y en Loarre se instala una canónica según la regla de San Agustín con lo que Sancho Ramírez comienza la construcción de la iglesia.

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Antes de dirigirnos a la entrada del castillo, Antonio nos muestra la galería que comunicaba la torre de residencia de los canónigos con la iglesia: constaba de dos niveles, por el paso inferior circulaba la tropa de la fortaleza, y por el superior los canónigos para acceder a la iglesia. Desde la entrada principal que da acceso al castillo, Antonio continúa su explicación; nos muestra la pericia del arquitecto que diseñando tres cubos, consigue salvar desniveles para, encima de ellos, poder obtener un gran espacio donde levantar la iglesia: a la izquierda un cuerpo de guardia, en el centro el hueco de la escalera y a la derecha la cripta. Un friso mutilado en el siglo XIX corona la portada por la que penetramos al castillo, girando a la derecha hacia la cripta. Un crismón, quizás el primero esculpido en piedra, flanquea la entrada. Antonio hace referencia a J. A. Olañeta quien piensa que puede ser copia del que aparece en la bula de Alejandro II a Sancho Ramírez. El bajorrelieve del perrito que aparece en un sillar inferior nos hace una referencia a Santa Quiteria, relacionada con la sanación de la rabia. Pasamos a la iglesia de San Pedro de Loarre que se levanta a finales del siglo XI como continuación de la primitiva románica. A la semiesfera que cubre el crucero, el arquitecto accede mediante un sistema de dos trompas sobre el cuadrado inicial. Antonio nos muestra la puerta por donde accedían los canónigos. La cabecera presenta una cúpula de cuarto de esfera, y en el ábside una doble arquería, con arcos ciegos la inferior. Un total de 83 capiteles se distribuyen en la iglesia y sus accesos. A destacar el capitel fundacional estudiado por Manuel Castiñeiras, donde aparecen Moisés y Aarón rodeados de ángeles. Finalmente visitamos, detrás de San Pedro, la iglesia de Santa María de Valverde, sencilla, de nave única, levantada en época de Ramiro I.

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De nuevo en camino, a las 12:40 aproximadamente, llegamos a Murillo de Gállego donde visitamos la iglesia de San Salvador. Una pronunciada cuesta nos recibe y a medida que vamos coronando su ascensión, las conversaciones van disminuyendo en velocidad y ritmo; tenemos que reservar el aire que penetra en los pulmones. Se trata de una iglesia que tenía que haber sido de tres naves y se construyó en varias fases según Antonio nos explica. Quizá consagrada en 1101 ó 1102, al ser motivo de disputa entre la diócesis pamplonesa y aragonesa, la consagración pudo ser hecha a toda prisa por un determinado obispo mientras se resolvía. La auténtica consagración seguramente fuera posterior. Un sistema de tres criptas situadas a distinto nivel sustentan las naves de la iglesia. En la cripta central, Antonio nos remarca la curiosidad de vanos adintelados y nos indica que el capitel de grifos adosados recuerda a uno de Sangüesa que, según Clara Fernández Ladreda, serían del mismo autor. Ya en la iglesia, las diferentes fases de construcción, posteriores a la de las criptas, dan fe de una interrupción o interrupciones muy prolongadas. Fase1: a finales del XI se acaban criptas y cabecera; Fase2: siglo XIII, cúpula del crucero; Fase3: siglo XVI las naves. Tras la detallada descripción que Antonio realiza de los capiteles, emprendemos el regreso a pié hacia el merecido descanso que nos espera al final de la cuesta.

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El restaurante Los Mallos, situado al pie de la parroquial de San Salvador, nos espera con las necesarias viandas y bebidas complementarias al arte románico. La comida transcurre según lo previsto: cordialidad, alegría, camaradería, y a los postres se realiza el correspondiente sorteo de libros. El primero es una Guía del Románico en España de Cobreros, y la afortunada es María Jesús Ramírez, de la agrupación del País Vasco. Begoña Indakoetxea, es la afortunada en el segundo sorteo y pasa a ser propietaria de La Escultura Románica en Aragón de J.L García Llloret.

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De nuevo en ruta para acercarnos a Agüero. Tras una curva, la imagen del pueblo, a lo lejos, bajo unos majestuosos mallos, se queda grabada en nuestra retina. El alcalde, Mateo Sancerni Olivan, en su vehículo particular, nos espera para indicarnos el camino hacia la inacabada iglesia de Santiago donde nos espera Daniel Zabala (¡muchos años estudiando Santiago de Agüero!), quien, junto con Antonio, configura el mejor tándem de guías que podríamos haber imaginado en esta región que, hace más de novecientos años, fue considerada como Reino de los Mallos por la donación que Pedro I realizó a su segunda esposa, la italiana Berta. Son las 16:45 (el ajuste al programa establecido lo tomamos como algo habitual entre los AdR´s) y Daniel comienza su explicación (“las piedras hablan...”).

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La portada orientada al sur, con su epifanía en el tímpano, a pesar de su belleza y magnificencia, no podría ser una entrada principal a un templo cuya grandiosidad viene determinada por la impresionante cabecera que proyecta tres naves considerables hacia el oeste. Esta cabecera, nos apunta Daniel, fue construida de norte a sur según nos indican las marcas de cantería y nos muestra que los sillares de las partes más bajas están mejor tallados que los superiores. Quizás el templo empezara a construirse por orden de Ramón Berenguer IV en honor a Ramiro II, y a partir de la muerte del Rey Monge, se interrumpe y finaliza precipitadamente la obra; pero Daniel encuentra detalles en esa finalización que considera un homenaje a Ramón Berenguer, muy querido por sus súbditos aragoneses de la zona. Para demostrarnos estos detalles, Daniel se basa en las incidencias de los rayos solares, a través de los vanos de los ábsides central y sur, siguiendo equinocios y solsticios, sobre ciertos capiteles como son: lucha entre musulmán y cristiano (junto a la entrada); capitel del alma que es ascendida a los cielos en el cierre de la nave sur; y capitel que en el ábside central representa una cabeza coronada: Ramón Berenguer IV. Sobre este último incidirá la luz solar en el solsticio de invierno. Por lo que nos explica Daniel, esta investigación se realizó concienzudamente (“...con devoción y pasión...”) tomando muchas medidas en las distintas subidas a la iglesia, en distintas épocas del año y a distintas horas, reflejándolas todas ellas en su estudio de arquitectura. Las ya documentadas referencias al Maestro de Agüero o Maestro de San Juan de la Peña en las esculturas, las marcas de cantería, el estudio geográfico astronómico, etc.., nos hacen preguntarnos, tras constatar esta devoción de Daniel por el románico de Santiago de Agüero, ¿no será Daniel Zabala el Nuevo Maestro de Santiago de Agüero de nuestra época?

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Nos hemos resistido a abandonar sus explicaciones, pero el tiempo se ha dilatado misteriosamente y no tenemos más remedio que acercarnos a la iglesia parroquial de San Salvador de Agüero. De nuevo otra cuesta, más corta que la de Murillo pero cuesta al fin, nos lleva a dicha parroquial de la que solo nos queda a los AdR’s su portada norte. Casi son las siete de la tarde, la explicación de Antonio y Daniel se abrevia, y emprendemos regreso hacia el autocar, tras agradecer al alcalde su presencia y compañía y entregándole unos ejemplares de nuestra revista. La incipiente lluvia se hace insistente, y decidimos dejar Ayerbe para otra ocasión más propicia. Estamos avisados de que somos libres, al llegar a Huesca, de buscar su noche, pero el domingo a las 10 en punto debemos estar, obligatoriamente, delante de la puerta del Palacio de los Reyes de Aragón.

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Y así ocurre, puntuales como siempre comenzamos la visita al antiguo lugar de gobierno islámico, La Zuda, comenzando por la Sala de la Campana, llamada así por la leyenda (realidad seguramente exagerada) de la Campana de Huesca que Antonio nos relata. Le dicen al emisario del Rey Ramiro II que va a pedir consejo a una abadía sobre qué hacer con los nobles rebeldes: “…el abad corta las coles más altas...” El hecho histórico sucede cuando Ramiro II castiga a siete nobles aragoneses que habían asaltado un convoy islámico en contra del acuerdo que el rey había realizado con los musulmanes. A modo de cripta, dos bóvedas de ¼ de esfera a ambos lados de la central, de arista, conforman la cubierta de la sala. La siguiente sala es la llamada Sala de Doña Petronila, donde Antonio encuentra parecidos con San Gil de Luna tanto en su estructura como en ciertos capiteles que sustentan una arquería ciega de hasta 15 arcos de medio punto distribuidos por la cabecera y los muros laterales. ¿Taller de Lodegario en la cabecera? La descripción que Antonio realiza de los capiteles, cestas y ábacos, es detalladísima como su exquisita labra merece. Se trata de un planteamiento iconográficamente ordenado sobre la Anunciación, Nacimiento de Cristo, Epifanía, Matanza de Inocentes, Huida a Egipto y Tentaciones.

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Son las 11.30; andando nos dirigimos a San Pedro el Viejo. Allí nos recibe  Antonia Buisán que será nuestra guía, ayudada por los ‘maestros’ Antonio García Omedes y Daniel Zabala. Nos explica Antonia, que el templo que ahora vemos está edificado sobre una iglesia visigoda donde, durante la dominación musulmana, se celebraba el rito mozárabe para la comunidad católica residente. Con la toma de Huesca, Pedro I dona la iglesia a los benedictinos franceses (1096) que introducen el nuevo rito instaurado por el Papa y en 1117 derriban la iglesia antigua y comienzan la construcción de la nueva. El claustro se finaliza a finales de ese siglo, siendo la torre y el cimborrio ya del siglo XIII. Atravesamos la portada norte que nos presenta un tímpano algo elevado donde aparece un crismón sustentado por ángeles de pie. La iglesia, de tres naves y planta basilical, presenta cubiertas de ¼ de esfera en los ábsides y de cañón en los ante ábsides. Nos comenta Antonia que las campanas de la torre, que sobrepasan en altura el cimborrio y se utilizan como comunicación parroquial han sido bautizadas como Roberta y Vicenta. Existe policromía perteneciente al estilo gótico lineal en el lugar donde estuvo colocado el órgano. Por otra puerta, donde encontramos un tímpano del siglo XII, accedemos al claustro. Este tímpano está dividido en dos partes, la superior con un crismón, y la inferior con una epifanía. Se adjudica este tímpano al Maestro del Sarcófago de Doña Sancha, como se puede observar en los ropajes de pliegues planchados. La primera visita en el claustro es a la capilla panteón donde se encuentran los sepulcros de los reyes aragoneses Alfonso I y Ramiro II. Sus restos fueron exhumados e investigados conjuntamente por laboratorios y expertos de la Universidad de Zaragoza y otras universidades, siendo responsables del estudio la catedrática de Medicina Legal de la Universidad de Zaragoza, Begoña Martínez Jarreta, directora del equipo multidisciplinar, y el catedrático de Historia Medieval, Carlos Laliena Corbera. De nuevo en el claustro, la explicación continúa, prácticamente capitel a capitel, resaltando la impronta del conocido como Maestro de San Juan de la Peña o Maestro de Agüero, con sus típicos peinados o  los llamados “ojos de insecto”. A destacar dos capiteles investigados por la japonesa Hitomi Asano, que revoca las anteriores interpretaciones: el primero es la representación de Constantino a caballo y baño de sangre; el segundo es el bautismo de Constantino por el Papa Silvestre. Nos reunimos en ese marco claustral para realizar la tercera foto de grupo (la primera se realizó en Loarre y la segunda en Agüero) y, tras la entrega de los correspondientes regalos a Daniel y Antonio, y revistas a Antonia, la ovación postrera inicia la diáspora de los AdR´s (salvo algunos que participaremos en la comida voluntaria que tendrá lugar en el Hotel Pedro I) a sus lugares de procedencia. Magníficas jornadas; desde esta crónica, ¡felicidades a los organizadores!

 

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