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Crónica de las XX JdRL organizadas por Madrid/Castilla la Mancha

Miércoles, 04 de julio de 2018

 

Cercanas ya las 9:45 de la mañana, hora a la que nos había convocado Tomás Aranda Soria, los AdR’s que nos encontramos junto a las ruinas de la iglesia de San Martín de Fuentidueña, no acabamos de entender cómo podemos ser tan pocos. Comentamos como posibles causas del retraso masivo, la pertinaz lluvia que no cesa tanto en la “extremadura medieval castellana” como en la nueva Castilla al sur del sistema Central, la informalidad de los GPS...etc. Nuestra nueva tesorera, Juana Sanz Bernal, ayuda a Tomás (también nuevo en esta plaza como responsable de la zona Madrid-Castilla la Mancha) a reflejar en su lista de convocados a los que van llegando, algunos sin resuello porque han aparcado en la iglesia de abajo. De cualquier forma, pero con algunos convocados todavía sin aparecer, Tomás da la orden a nuestro guía Raúl de que comience su explicación. Raúl Gómez Domingo, que nos acompañará durante toda la jornada, es licenciado en Historia por la UAM, Máster en educación de Historia del Arte y Máster por la UCJC. Bajo las ruinas de San Martín, comienza su explicación con una introducción histórica de la zona. Tras la desaparición del Califato Cordobés, los cristianos llegan hasta el Sistema Central a lo largo del siglo XI. Esta “extremadura” (provincias actuales de Ávila, Segovia y Soria como “cabeza”) tiene que ser repoblada y sus poblaciones existentes, organizadas. Fuentidueña se constituye en Comunidad de Villa y Tierra (constituida por 21 poblaciones, limitando con las Comunidades de Villa y Tierra de Aza, Sepúlveda, Cuéllar y Peñafiel), asentándose su población en el elevado cerro que protege una impresionante muralla, y controlando la vía de entrada que constituye el río Duratón.

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En la iglesia de San Martín, nos cuenta Raúl, existen trazas prerrománicas del siglo X y podemos contemplar un gran cementerio constituido por tumbas antropomorfas excavadas en la roca, de origen visigodo. El ábside del siglo XII, que a pesar de haber sido declarado Monumento Nacional en 1931, en 1957, por decisión del Consejo de Ministros, es cedido (“…cesión temporal indefinida…”) al Museo Metropolitano de Nueva York. Las murallas originales, al igual que ocurre con otras de la extremadura castellana e incluso del otro lado del Sistema Central, son reforzadas durante el reinado de Alfonso VIII. La ausencia de contrafuertes exteriores se explica por el hecho de que la cubierta no era abovedada. Al comienzo de la explicación de nuestro guía han terminado de incorporarse los AdR’s que faltaban, salvo dos compañeros, a los que llama Juana, que habían confundido el día.

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Unos andando y otros en sus coches, bajamos la cuesta que nos separa de la iglesia de San Miguel, siendo conscientes, los que no hemos elegido el sistema motorizado, que una fuerte pendiente nos va a esperar al finalizar la visita de San Miguel. No nos abre Isidora, sino su hija, a la que Tomás ha buscado por el pueblo con anterioridad. Nos apunta Raúl que esta iglesia se construye en el siglo XII y es de planta románica y característica del románico segoviano, aunque de mayor alzado. Se observan los efectos de la reforma del Císter que va apuntando ligeramente los arcos. Consta de un solo ábside que al interior nos muestra tres ventanas según los modelos trinitarios. En planta aparecen reflejados, el cuerpo (septum) sería la nave central, los brazos (trans septum) y la cabeza en la cabecera para significar la cruz, sobre la que se elevan en su contorno 12 paredes, también número simbólico. Destaca Raúl el capitel del pesaje de las almas (psicostasis) con una balanza junto a la cual se encuentran San Miguel y el demonio pugnando por ellas. Representaciones de leones y águilas en otros capiteles nos indican la figura de Cristo. Las líneas de impostas con su taqueado jaqués nos hablan de una influencia francesa, debida quizás al borgoñón Raimundo, primer marido de Urraca, la hermana de Alfonso VI. Los arcos carpaneles que dan acceso a dos capillas laterales en el transepto, fueron levantados por la familia de los Luna. En el exterior nos encontramos con una gran libertad interpretativa en los canecillos, todos distintos, muchas marcas de cantero, un atrio reconstruido con alquerques incisos en los intercolumnios, y una solidísima torre situada al suroeste, desde donde algunos socios descienden hacia las ruinas de un antiguo hospital, y otros nos encaminamos hacia la cuesta que nos permite el acceso a los coches aparcados junto a las ruinas de San Martín. Antes de continuar con nuestras visitas, es imperdonable no realizar unas últimas miradas desde el cerro de San Martín hacia la hoz que forma el Duratón bajo nuestros pies o hacia el amplísimo valle que se extiende hacia la izquierda.

Realizado el descenso hacia el río, (¿se acuerda alguien de la lluvia del trayecto matutino?) tenemos parada en la iglesia de Santa María la Mayor que está actualmente medio en ruinas y es utilizada como cementerio. Milagros nos espera con las puertas abiertas, pero como aún no es la hora y el día es magnífico, algunos aprovechamos, dejando el coche aparcado en la zona recreativa al otro lado del puente medieval, para realizar un intercambio de líquidos, expulsión e ingesta o viceversa, en el kiosco que preside ese “locus amenus” junto al Duratón. Ya de vuelta a Santa María, Raúl nos habla de los pocos elementos románicos que sobreviven. El templo fue de tres naves y al oeste encontramos una portada semienterrada. Agradeciendo a nuestra anfitriona la amabilidad dispensada, de vuelta a los vehículos nos dirigimos al siguiente pueblo donde a las dos de la tarde tenemos reservado el yantar.

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Camino de Fuentesoto, una de las 21 poblaciones de la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña, nos viene al recuerdo el agua caída esta mañana temprano al salir hacia el punto de encuentro: llueve intensamente, la carretera es casi un afluente del Duratón, pero, por fortuna, nos encontramos protegidos en los coches y al llegar a las cercanías del restaurante Asador La Bodega, amaina. La propietaria del asador, Delia, nos recibe con todo preparado, tomamos asiento y, señores, tras unas morcillitas, precedido por unos pinchos de empanada, chorizos al horno y unos langostinos a la plancha, llega EL LECHAZO como solo lo saben hacer los segovianos, jugoso, sin grasa, tierno, se deshace en la boca, no harían falta dientes….en fin… es mejor degustarlo porque las descripciones se quedan cortas. Delia es llamada a capítulo por Tomás y recibe una gran ovación de todos los comensales, así como por parte de nuestro coordinador hace levantar a Carlos Moreno (nuestro anterior coordinador), para que le agradezcamos todos por medio de nuestro aplauso y reconocimiento, tantos y tantos años de dedicación para que nuestros asociados tuviéramos jornadas esplendidas.

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De vuelta al camino, ahora en dirección a Sacramenia, nos encontramos con la iglesia de San Vicente de Pospozuelo, a la salida de Fuentesoto; a la orilla derecha de la estrecha carretera se establece la larga fila de vehículos de los AdR. La iglesia, junto a una agradable zona arbolada, el Soto del Arroyo de la Redonda, perteneció al despoblado de Pospozuelo, y, mientras admiramos el ábside románico, observamos a lo lejos que unas nubes obscuras están sin duda descargando su contenido sobre Fuentidueña. Raúl vuelve a tomar la palabra relatando el significado iconográfico de algunos capiteles como el que representa a un ave picándose en el pecho para alimentar a sus crías, símbolo inequívoco de la Eucaristía. La iglesia es de una sola nave con cubierta de madera, aunque la cabecera presenta bóveda de cañón en el presbiterio y de cuarto de esfera en el ábside. La visita se acorta por imperativo del cambio de programa que le imponen a nuestro organizador al adelantar la hora en las iglesias de Sacramenia, creo que por motivos litúrgicos. Tomás reestructura hábilmente el programa, y deja en último lugar la visita al ábside de Cardaba.

Así que de nuevo en ruta, nos dirigimos a Sacramenia (Sacra Moenia, muralla sagrada nos apunta Raúl), población cuyo origen parece  remontarse a la existencia de un eremitorio antiguo. Tenemos que aligerar las visitas debido a ese imperativo legal litúrgico que se nos había impuesto. La primera iglesia que visitamos es la de San Martín de Tours, donde un retablo barroco nos impide ver el interior de la cabecera románica, similar, según nos explica Raúl, a la de San Vicente. Fue iglesia de tres naves, una en la actualidad. Destacamos la pila bautismal, de una sola pieza, donde aparecen todos los elementos relacionados con el agua, significando la limpieza del pecado original. A continuación, a lo largo de la calle Iglesias, nos dirigimos a pie a la iglesia de Santa Marina, donde nos encontramos con un ábside policromado, con un pantocrátor, que, aunque del siglo XV, es de inspiración románica.

Bajando a la plaza, comienzan algunas despedidas, entre ellas la de este cronista quien, muy a su pesar y con sana envidia, ha de emprender el regreso mientras la mayoría de los AdR’s se dirigen a realizar la visita del cercano ábside de Santa María de Cardaba, en la dirección a Pecharromán, enclavado actualmente en una finca privada, cuyos propietarios, gentilmente, permiten nuestra presencia, e incluso nos ofrecen la posibilidad de comprar sus caldos, ya que pertenecen a las Bodegas Cardaba. Un día fastuoso, con un magnífico colofón que sin ninguna duda será recordado.

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