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Crónica de la VII Jornada sobre Arte Románico de la coordinacion valenciana

Lunes, 25 de junio de 2018

 

En nombre del Equipo, presentó ésta Jornada Joaquín V. Torija. Lo inició agradeciendo a D. José Ignacio Casas Pinazo, Director del Museo, su entusiasta y desinteresada colaboración, y a D. Ramón Martínez Miñana,  Jefe de Protocolo, por velar para que todo se desarrollara sin ningún problema. Extendió este agradecimiento a los asistentes - cada año más -, tanto a los que son Amigos del Románico, como a los que no lo son. Y es importante resaltar ésta sobresaliente asistencia, porque interpretamos que ello significa que se siente una curiosidad y un deseo de conocer este maravilloso arte, quizá porque llega directamente al espíritu.

Y, por último, dio las gracias a nuestros ponentes. Ellos se consideran depositarios de unos conocimientos que saben que no son sólo suyos, sino que tienen que transmitirlo a los demás. Por eso y para eso están aquí. Y su colaboración desinteresada hace posible que nos podamos reunir otra vez para conocer un poco más este arte extraordinario.

Nuestra primera ponente, la que inicia en ésta ocasión nuestra VII Jornada sobre Arte Románico es María Elvira Mocholí Martínez, Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valencia, con la calificación “Cum Laude” y “Doctor Internacional”.

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A pesar de su juventud, dispone de un extenso currículo, del cual cabe destacar el haber sido becaria de Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valencia, con realización de estancias breves en The Warburg Institute de Londres.

Está vinculada al proyecto de investigación “Los tipos iconográficos: Antiguo Testamento I”, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. Ha publicado diversos artículos en revistas como Imago y Ars Longa, y escrito algunos capítulos  en Anejos de Imago y en el libro La Visualidad del Logos, primer volumen de la colección  Tipos iconográficos de la Tradición Cristiana (Ediciones Encuentro, 2015). Ha sido premio extraordinario de Licenciatura en Historia del Arte. Ha asistido a congresos nacionales, como los del Comité Español de Historia del Arte, e internacionales, como los de la Sociedad Española de Emblemática. Desde febrero de 2016, es profesora asociada en la Universidad de Valencia. Sólo podemos decir que nos consideramos muy afortunados de que haya querido colaborar con nosotros.

“Siéntate a mi diestra”. La formación de la imagen de la Trinidad en la miniatura medieval (X-XIII).

Con éste sugestivo título, la doctora Mocholí nos introduce, a través de sus representaciones iconográficas, en ese mundo, siempre enigmático, de la Santísima Trinidad.

Su principal tipo iconográfico – nos explica -, tal como lo conocemos en la actualidad: Dios Padre como un anciano, Cristo a la derecha del Padre y la paloma del Espíritu Santo entre ambos, se origina en el contexto de la miniatura prerrománica y románica, concretamente en las iniciales decoradas del Salmo 109:

“Dijo el Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies”.

La interpretación mesiánica del mismo, especialmente el primer versículo, que identifica con  Cristo resucitado a la figura sentada a la derecha, dará lugar a la representación de la Binidad (Dios Padre e Hijo), a la que posteriormente se añadirá la tercera Persona de la Trinidad.

Y a través de su discurso vamos entrando en la evolución que éste tipo iconográfico experimenta a lo largo de los años.

La primera representación aparece en el Salterio de Utrecht, del primer cuarto del siglo IX, que es un trasunto literal del texto bíblico. En él aparecen dos figuras imberbes y nimbadas, reconociéndose a Cristo por la potencia de su halo y por las figuras de los enemigos bajo sus pies, tal como describe el salmo. La figura de la derecha, que representaría al Padre, se la figura joven y sin barba, como otras imágenes de Cristo. Es lo que se ha denominado Cristomorfismo. Así, pues, el Salterio no distingue entre Dios y Cristo, sino entre el Hijo del hombre y el Hijo de Dios, o lo que es lo mismo, Cristo en su doble naturaleza, la divina que se sienta sobre el globo terrestre, y la humana que lo hace sobre un trono. No obstante, cuando el tipo iconográfico alcance la madurez, un trono compartido será más frecuente.

A partir de aquí, a través de una magnífica exposición y unas adecuadas ilustraciones, los allí presentes fuimos viendo y conociendo esa evolución iconográfica. Mejor con algunos ejemplos:

En el Quirinal de Winchester (1012-1020), las figuras de la derecha provienen de la ilustración del salmo 109. Son el Padre y Cristo en su naturaleza divina y están representados con la misma apariencia.

En un Salterio normando del último cuarto del siglo XII, pudimos apreciar como se introducen algunas modificaciones, que serán características de este tipo en las próximas centurias: ambas figuras son iguales, comparten el mismo sitial y los enemigos, en número de dos, se someten a los pies de Cristo.

Posteriormente, en el Breviario Franciscano, Cristo aparece semidesnudo, imagen que acabará imponiéndose.

Hasta ahora, como vemos, no ha aparecido la tercera Persona, el Espíritu Santo. Siguiendo la exposición de la doctora Mocholí, parece ser que la primera obra en la que posiblemente pueda aparecer ésta tercera Persona, no es una miniatura, sino un molde de sello realizado en la primera mitad del siglo XI con la figuras de Dios Padre y Dios Hijo, y parece ser que la parte superior, rota, podría representar a una paloma.

Lo cierto es que el origen de la iconografía trinitaria en Occidente es incierto. Los primeros ejemplares trinitarios aparecen en las miniaturas anglosajonas del siglo XIII, siendo muy interesante el llamado Salterio con cánticos en el que aparece, en la parte superior dos personas divinas exactamente iguales que sostienen un círculo con la tercera Persona de la Trinidad. El hecho de que la Binidad sujete el círculo en el que está la Paloma, supondría una de las primeras representaciones de la procesión del Espíritu Santo de las otras dos personas de la Trinidad, y no sólo del Padre.

La interpretación del salmo 109 basada en la doble naturaleza de Cristo pierde interés a partir del siglo XII, sin que llegue a abandonarse del todo, pero aún se mantiene la presencia del enemigo. El siguiente paso en la consolidación del tipo trinitario será la eliminación de estas figuras.

Y ya en el siglo XIII, la imagen de Dios Padre, que hasta ese momento había sido representado como Cristo, empieza a adquirir el aspecto de un anciano, según la interpretación exegética de la visión del profeta Daniel del “Anciano de los Días”: “Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana”. Dn 7,9-14). Sin embargo, no será hasta el siglo XV, e incluso principios del XVI, cuando las personas de la Trinidad se diferencien definitivamente, no sólo en miniaturas, sino también en retablos como algunos de los que se conservan en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Como resumen de su conferencia, refleja que queda fuera de toda duda la transcendencia iconográfica de este texto bíblico y sus representaciones icónicas, que han derivado en uno de los tipos trinitarios más difundidos, influyendo poderosamente en la historia del arte.

A Tino le correspondió presentar a los siguientes ponentes. Elena Aranda y Roberto Chaverri. Lo hizo resaltando la amistad que les unía a ellos y la pasión que ambos tenían por el románico y la fotografía. Estas dos pasiones desembocaron en lo que ahora ofrecen: una serie de fotografías en las que los protagonistas son la luz natural y el templo románico.

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Y tras un buen número de conferencias impartidas durante los años 2015, 2016 y 2017 en Universidades (Rovira i Virgili de Tarragona, Girona) y Asociaciones (Amigos del Románico, Astrolabio Románico, Asociación para el desarrollo de la Valdorba, Asociación de San Juan de Majones…) tenemos la satisfacción de que el año 2018 inicien su actividad con nosotros, con los Amigos del Románico de la Comunidad Valenciana, Albacete, Baleares y Murcia.

Han colaborado con el Gobierno de Navarra; en la Enciclopedia del Románico, en los tomos dedicados a Aragón, Huesca y Girona, así como en numerosas ediciones de las Claves del Románico de la Fundación Santa María la Real.

No es necesario contar nada más sobre ellos,  porque la mayoría de los Amigos del Románico conocemos su extraordinario trabajo y su dedicación a él, para intentar encontrar esa maravillosa conjunción entre la luz y la piedra, entre el cielo y la tierra, latente en el pensamiento de aquellos hombres que la buscaban para dar a sus templos mayor misterio y mayor belleza, queriendo representar, posiblemente, la Luz y la Vida que Cristo ofreció.

Por eso la conferencia se tenía que llamar:

“EL PROTAGONISMO DEL SOL EN LA OBRA ROMÁNICA”.

Así la titulan Elena y Roberto, y está muy bien titulada, porque eso es lo que vimos a lo largo de ella: una maravillosa sucesión de imágenes en las que el papel principal correspondía al sol, a su luz y a sus rayos jugando, en un momento determinado, con algunas venerables piedras del monumento para darles vida.  

La conferencia está basada en las fotografías que a lo largo de los años han ido tomando. Se compone de 252 imágenes, algunas secuenciadas, para mostrar la evolución del rayo solar en varios templos. Se trata de un estudio realizado sobre el sol y la iluminación natural en los templos bajomedievales en el que han intentado analizar la repercusión del sol en el diseño de las iglesias románicas. El ámbito geográfico abarca todo el románico peninsular y algunos templos franceses.

El texto, que uno y otro, turnándose, iban desgranando, nos ayudaba a situar las imágenes, pero lo cierto es que éstas hablaban por si solas. Es imposible, por razones obvias, enumerar todo lo que vimos, pero lo que comentamos a continuación, nos puede servir de ejemplo para hacernos una idea del concienzudo, espectacular y paciente trabajo que han realizado:

Un extraordinario montaje de varias decenas de fotos para componer la animación del paso del rayo de sol equinoccial por el capitel de la Anunciación y la Natividad de San Juan de Ortega (Burgos).

Un rayo de sol crepuscular que entra por el alabastro de un ventanal del hastial sur, incide en el presbiterio y se desplaza siguiendo la trayectoria del astro, iluminando un capitel con un posible profeta Daniel, y continuando hacia el cuarto de esfera de la cabecera, fenómeno lumínico que con paciencia y dedicación descubrieron en la iglesia del Castillo de Loarre, al que se desplazaron al menos en dos jornadas.

Unas preciosas escenas nocturnas con iluminación de relleno, en las que se puede seguir el desplazamiento de las estrellas o "star-trails" por la reiteración de exposiciones en el tiempo. Espectaculares son las fotografías nocturnas de Loarre o Santa María de Eunate.

Y unos trabajos dedicados a estudiar la orientación de los templos en función del desplazamiento de la posición de salida del sol a lo largo del año. Se emplea una panorámica de la ermita de San Frutos en las Hoces del Duratón para explicar cómo la salida del sol se produce por puntos diferentes del horizonte en función de la fecha, coincidiendo solamente en el mismo lugar los días de los equinoccios.

Y así, hasta el final. Un recorrido lleno de luz, color y belleza.  Un maravilloso paseo que nos enseñó una cosa: la capacidad de aquellos constructores y canteros para añadir a sus obras una magia espectacular, la magia de la luz.

Fueron también muy aplaudidos y felicitados, y a nosotros no nos queda nada más que agradecer a Elena y Roberto su colaboración, deseando sigan encontrando y creando maravillas para poder ofrecérnoslas en un futuro próximo.

Tras la comida, que realizamos en el mismo Museo, nos desplazamos a visitar la recién restaurada Puerta Románica de San Vicente de la Roqueta. Esta última actividad no figuraba en el programa porque como aún se están realizando obras de restauración en el antiguo convento donde se encuentra la puerta, no sabíamos si nos iban a dar permiso para visitarla. Cuando nos lo concedieron, ya estaban elaborados el programa y el cartel. Ello no ha sido óbice para que, al final, la incluyéramos en nuestra jornada.

Nos acompañó nuestro asiduo colaborador y buen amigo Francisco J. Soriano, estudioso de la misma y que tiene varios trabajos y publicaciones que tienen como referencia la citada puerta. Él es Doctor en Historia del Arte Medieval por la Universidad de Valencia y, como digo, ha colaborado con nosotros en varias ocasiones.

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Se trata – nos explica Paco - de una portada abocinada y un arco de anchas dovelas planas e intradós moldurado en lugar de tímpano. Las arquivoltas apean sobre una imposta con carnosa decoración vegetal y columnas acodilladas, tres a cada lado, que alternan con baquetones. Las columnas presentan capitel troncocónico, fuste liso sin éntasis, basa con garra y moldurado plinto sobre un zócalo que recorre el basamento siguiendo el desnivel que salva un escalón.

La copa de cada uno de los capiteles queda dividida por tres arquillos trilobulados con un festón de perlas y castillos, que sirven a la vez de dosel y de marco arquitectónico para las figuras. Este elemento no es sólo un motivo ornamental de formas protogóticas que enriquece el aspecto de la portada, sino también un principio de ordenación de las figuras.

Los capiteles, que ahora podemos ver en toda su belleza, forman una secuencia narrativa coherente del martirio de San Vicente, que se despliega de derecha a izquierda del observador. El relato se concentra en los tormentos y el triunfo final del santo diácono.

En el capitel primero San Vicente es azotado por dos soldados del prefecto Daciano. En el siguiente sufre el martirio del ecúleo, un aspa que tenía que tensar sus miembros hasta descoyuntarlos. En el tercero los verdugos clavan en el mártir garfios de hierro para desgarrar sus carnes. En el cuarto el santo aparece tumbado sobre una parrilla en el fuego. En la parte superior, Daciano le exhorta para que reniegue de su fe. El siguiente representa  a San Vicente con las piernas y los brazos inmovilizados con cepos. Se encuentra encerrado en un calabozo cuyo suelo está cubierto de objetos puntiagudos. Un ángel (quizá dos si la talla estuviera menos deteriorada)  le consuela. En el capitel sexto y último el cuerpo de San Vicente es depositado en un lecho y allí expira en paz, confortado por otros cristianos, mientras dos ángeles toman el alma del mártir en forma de niño.

Como disponíamos de algún tiempo, Paco nos propuso una visita a las dependencias restauradas, los que hicimos con gusto. Pudimos constatar que la restauración ha ido dirigida, principalmente, a consolidar la estructura, respetando al mismo tiempo aquello que pudiera ser conservado. Nuestras gracias a Paco, siempre dispuesto a enseñarnos algo más.

Y con ésta última actividad, dimos por clausurada nuestra VII Jornada sobre Arte Románico en la que hay que destacar la calidad de los ponentes, la gran afluencia de público y lo interesante de lo expuesto. Podemos decir con satisfacción que nuestras Jornadas Románicas se están convirtiendo en un referente dentro de las actividades culturales  de la ciudad de Valencia.

Gandía, 4 de Junio de 2018

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