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Crónica de la XVI Jornadas de Románico Local de la Comunidad Valenciana

Miércoles, 27 de junio de 2018

 

Los días 27, 28 y 29 del pasado mes de abril, los Amigos del Románico de la Comunidad Valenciana, Albacete, Baleares y Murcia, celebramos nuestras XVI Jornadas de Románico Local. Esta vez la elección ha recaído en la comarca de La Alcarria, tierra de contrastes, de páramos y campiñas, de valles y cerros y fuertes pendientes, y a lo largo de nuestro recorrido, pudimos contemplar la gran variedad y espectacularidad de sus espacios naturales.

Fueron unas jornadas que iban encaminadas, lógicamente, a visitar el románico de la zona, pero pensando que el alma del arte es única, a pesar de sus distintas concepciones, ampliamos la visita a lo que se nos ofrecía, que era mucho y bueno. Y fueron unas buenas e interesantes jornadas, donde disfrutamos de una fantástica conjunción entre arte, historia y naturaleza, y un extraordinario viaje en el tiempo, porque empezamos en el siglo XII y terminamos en el XXI.

Salimos de Valencia a las siete de la mañana para dirigirnos a Sacedón, en el embalse de Entrepeñas, lugar elegido para el descanso y para renovar energías. Tras una estupenda comida y un corto reposo, iniciamos nuestra andadura.

Nuestra primera etapa nos condujo a Córcoles, que puede presumir de tener el monasterio medieval mejor conservado de los que se levantaron en la provincia. Se trata del Monasterio Cisterciense de Monsalud, un impresionante conjunto monástico construido en la segunda mitad del siglo XII y que fue uno de los edificios medievales más importantes del territorio de Guadalajara durante siglos, y cuya influencia se dejó sentir en todo el sur de la provincia, llegando incluso a la provincia de Cuenca. Se terminó en el siglo XIII y actualmente conserva casi todas sus dependencias. A pesar de ser transformado en los siglos XVI y XVII, aun se aprecia su estructura medieval y la elegancia y austeridad propias de la arquitectura cisterciense.

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Guiados por Javier, y después de hacernos un amplio bosquejo de su historia, fuimos visitando, empezando por la portería, cada una de las dependencias que forman el conjunto: el claustro; la iglesia, donde se mantiene en buen estado parte de su arquitectura románica perviviendo junto con elementos góticos; la sala capitular; la sacristía; el refectorio; la bodega y parte de las celdas. Elementos aún reconocibles de lo que fue el Monasterio y que Javier nos iba explicando, mientras nosotros íbamos admirando, y a veces imaginando, a través de su narración, la magnificencia de su construcción, porque, aunque afectado por el tiempo, todavía se puede contemplar su grandiosidad, gracias a la labor de restauración llevada a cabo en los últimos años.

Historia, arte, románico, gótico, en un bello entorno. Una gratificante visita.

A continuación nos dirigimos al vecino pueblo de Alcocer para visitar su Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la llamada “Catedral de la Alcarria”. Las múltiples obligaciones del cura párroco, impidieron que nos acompañara en la visita. Afortunadamente, nos dejaron las llaves y pudimos contemplarla en toda su belleza. En este templo pudimos comprobar cómo en este siglo XIII se combinan todavía el estilo románico con las vanguardias arquitectónicas góticas que proceden de Europa. El testimonio del templo más cercano a las formas puras del románico se conserva en la portada septentrional, con cinco arquivoltas de medio punto en degradación y columnas de fuste liso rematadas con capiteles de cesta vegetal de hojas muy estilizadas; la meridional, similar a la anterior, pero con arquivoltas ya apuntadas, y la fachada occidental, ya gótica, con puerta apuntada y ventanales, terminándose en el interior con un gótico inicial magnífico.

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El interior de la iglesia presenta, desde los pies a la cabecera, una sucesión de estilos correlativos en el tiempo. Admiramos  sus columnas, sus bóvedas de crucería, los óculos y rosetones, sus naves, sus capillas y, lo más interesante, su girola, única en su género en iglesias de éste tamaño, que identifica y da personalidad al templo. También la torre campanario es de lo mejor que podemos ver en su género.

La próxima visita nos llevaría a la Iglesia de Santo Domingo de Silos, en Millana, en la  que disfrutamos plenamente del románico contemplando su gran portada meridional, el elemento más importante y valioso del templo. En las cestas de sus capiteles se talla un importante repertorio iconográfico con un claro mensaje moralizador y catequizante acerca de la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, que son vencidas por la redención.

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En los cuatro capiteles occidentales representan temas del bestiario medieval. A pesar de la dificultad de identificación debido a las agresio­nes que han sufrido a lo largo de los siglos y al esquematismo de su inicial talla, pudimos ver:

En el primer capitel una pareja de basiliscos enfrentados; en el segundo dos centauros también enfrentados. En el siguiente están figurados dos grifos con cuerpo de león, cabeza de cuello alargado, pico y garras de ave. Para terminar, en el lado occidental de la portada se muestran dos sirenas pájaro, con la extremidad marina única.

Los capiteles del lateral derecho son todos, excepto uno, representaciones de la redención del pecado y la maldad a través de la vida de Cristo.

En el más occidental vemos un ángel que, pese al deterioro que sufre, parece clavar las rodillas en el duelo y extender el brazo. El hecho de que en la cara opuesta del capitel se represente claramente la escena de la Visitación, y teniendo en cuenta que estas dos escenas era muy común verlas juntas, nos llevaría a creer que existió una imagen femenina hoy desaparecida. Se trataría, pues de la escena de la Anunciación a María y la de la Visitación, ya mencionada.

El siguiente capitel es de complicada significación, aunque la interpretación más acertada parece referirse al sueño de San José y al Nacimiento de Jesús. Por ello vemos a San José atormentado y a un ángel que desvanece sus dudas. Más arriba parece representarse el Nacimiento de Jesús, con la Virgen reclinada, y a otra figura que podría ser la partera. También podría tratarse de Jesús nacido y las figuras del buey y el asno.

A continuación, en el tercer capitel volvemos al tema del bestiario con dos leones afrontados que alzan sus cuartos traseros y aún conservan parte de su melena o guedejas sobre el lomo.

Y el último capitel presenta en el centro un hombre de aspecto anciano, con túnica, barba, alto tocado en la cabeza y expresión de dolor en el rostro. Flanqueándolo se disponen dos diablos, ambos con cuerpo formado por faldellín, torsos desnudos y altos tocados. La diferencia entre ellos está en el rostro, uno aparece con cabeza de bovino y cuernos. Representaría la lucha entre el bien y el mal.

Una buena y excelente jornada por la monumentalidad y belleza de lo que vimos y vivimos.

Regresamos a  Sacedón para reponer fuerzas y disfrutar del descanso tras todo un día de “trabajo”.

A la mañana siguiente, segunda Jornada de nuestro Románico Local, el tiempo se presentó amenazador. Prácticamente nos estuvo lloviendo todo el día, aunque como acontece en primavera, de vez en cuando la lluvia cedía y nos dejaba ver, entre chaparrón y chaparrón, el exterior de los monumentos. Fue un día muy completo en cuanto a iconografía románica. Pero antes nos acercamos a Cogolludo.

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Cogolludo se reúne como un racimo de casas en torno a un monte portada de la Sierra Gorda. Desde allí nos cuenta su historia contenida en sus monumentos, ruinas y en el paseo por sus estrechas y empinadas calles que aún conducen a la cima donde el castillo fue, otrora, el centro y el todo de la población. Y en su Plaza Mayor, dando un carácter emblemático a la misma, destaca la imponente fachada del Palacio de los Duques de Medinaceli, el primer palacio español hecho al modo de los palacios florentinos. Habíamos dado un salto en el tiempo. Nos encontrábamos en pleno Renacimiento. Y Sandra, nuestra guía, fue la encargada de sumergirnos en ese tiempo. Nos habló de la plaza, y de la importancia que el  palacio tuvo en la vida de la ciudad. Siguió describiéndonos sus características: una gran fachada de proporciones horizontales, con prominente almohadillado en su paramento; una portada central cubierta de ornamentación plateresca, que acoge en su tímpano el escudo de la familia constructora; un tondo circular que ofrece, escoltado por querubines, el escudo familiar, y los ventanales de corte gótico distribuidos sobre la fachada, rematada en una crestería en la que se distinguen figuras del ajedrez.

Ya en el interior, nos habló de la admirable traza de su patio, del que solamente queda la galería baja, con arcos semicirculares y capiteles del primer Renacimiento alcarreño. En el salón principal, nos enseño una gran chimenea de ornamentación gótico-mudéjar, especialmente llamativa, con escudos.

Interesante también la visita a la Iglesia Parroquial de Santa María, de la misma localidad. Edificada en el siglo XVI, se trata de un impresionante edificio con estructura clásica gótica, aunque ya netamente renacentista en su ornamentación. En una capilla lateral pudimos admirar el cuadro al óleo del tenebrista José Ribera el Españoleto, representando los momentos previos a la Crucifixión de Cristo.

La siguiente visita sería a una de las joyas del románico alcarreño. Me estoy refiriendo a Beleña de Sorbe, cuya Iglesia de San Miguel, aunque muy transformada, nos ofrece su alma románica en la galería, pero sobre todo en su excepcional portada. Enmarcada en un antecuerpo que incluye las escaleras de entrada al templo, contemplamos un arco de medio punto al que rodean tres arquivoltas, la inferior figurada, la central con baquetón y la exterior lisa, que apoyan en jambas y dos pares de columnas, en cuyos capiteles pudimos ver, de izquierda a derecha, lo que parece ser la expulsión del Paraíso, Adán conducido al infierno por dos demonios, y en los dos siguientes, más fáciles de identificar, se representan escenas relativas a la resurrección de Jesús. Vemos a las Tres Marías ante el sepulcro vacío en el primero de ellos. En el segundo aparece un Ángel relatando a las mujeres el milagro, mientras en el lateral se ven las figuras de los soldados atemorizados por la llegada del Ángel.

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Pero lo maravilloso de ésta puerta lo constituye, sin duda, el excepcional calendario agrícola medieval, dispuesto radialmente en la arquivolta inferior figurada, en el que se relatan los trabajos de campo que se realizaban cada mes del año. Realmente admirables las tallas que estábamos viendo, algunas de ellas casi de bulto redondo. Sería prolijo analizar una a una lo que estábamos viendo. Todos conocemos estas representaciones, bastante comunes en la iconografía románica. Lo importante de éste calendario, es que, siguiendo a Castiñeiras, es uno de los primeros calendarios hispanos que se desarrolla en una arquivolta. Y aquí, en Beleña de Sorbe, se inicia un modelo típico de calendario hispano, cuyas representaciones van a tener una gran difusión por los posteriores calendarios de la península.

Y con las máquinas de fotos echando humo y los móviles consumiendo su batería para llevarse un último recuerdo de aquella maravilla, pudimos sentir esa importancia, mientras disfrutábamos y admirábamos, a veces con emoción, la belleza de la representación.

Y entre comentario y comentario, subimos al autobús y regresamos al hotel a reponer fuerzas.

Aún nos quedaba otra maravilla por visitar. Se trataba, nada más y nada menos que la portada de Santiago en la iglesia del Salvador de la iglesia del mismo nombre en Cifuentes. Y en eso empleamos la tarde. Tras comer y unos momentos de reposo, nos dirigimos a ésta interesante e importante ciudad en su tiempo. La lluvia nos seguía persiguiendo, pero posiblemente alguna de las figuras que representaban el bien, se apiadó de nosotros y, a ratos, escampó lo suficiente como para poder apreciar su belleza.

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Aquí nos esperaba Luisa, la encargada de ilustrarnos sobre la villa y explicarnos lo que aparecía en la portada. Ambas cosas hizo, aunque lo cierto es que, dada la inseguridad el tiempo, nos dedicamos especialmente a ésta última. Lo que allí aparecía –nos dijo-, es uno de los temas más propios del arte románico. Se trata de la Psicomaquía, la lucha entre la fe cristiana y la maldad y lo diabólico. Lo primero se representaba con figuras caracterizadas como bienhechores, peregrinos o miembros de la iglesia, y lo segundo por demonios y figuras deformes. Sería muy prolijo enumerar todo lo que allí estaba representado, pero vamos a pararnos un momento en la arquivolta exterior. Lo que vemos en Cifuentes, en esta  arquivolta, es lo siguiente: de izquierda a derecha del espectador, siete figuras diabólicas, destacando sobre todas ellas una que sorprende por su verismo: es una diablesa horrible, deforme, desnuda, de grandes pechos lacios, que está pariendo un pequeña figurilla, puesta boca abajo, coronada y con cetro en la mano, que viene a representar, según parece, el origen diabólico del rey. Son representaciones de los vicios.

En la parte derecha, otras siete figuras que, por este orden, representan: de abajo a arriba una pareja humana; el obispo San Andrés; un peregrino; un orante; una mujer anciana y, finalmente, una reina. Son las virtudes. Una vez más la fuerza de las imágenes, especialmente las referidas a la maldad, calaron hondo en nuestro interior, y una vez más, admiramos a aquellos canteros capaces de hacer llegar con  sus tallas al pueblo llano los misterios de la religión y, al mismo tiempo, conmoverlo para que vivieran una vida recta dentro de los mandatos de la iglesia.

Volvió la lluvia, no dio tiempo a más, y con ella regresamos a Sacedón, para el merecido descanso.

Y al día siguiente, con el tiempo aún revoltoso, nos despedimos de ésta ciudad, e iniciamos nuestra última Jornada que nos llevaría de vuelta a casa. Pero primero dirigimos nuestras ruedas a una pequeña población de la vecina Cuenca.

Valdeolivas, que así se llama, nos recibió también con lluvia, pero bastante más débil, por lo que pudimos pasearla y visitarla sin problemas. El objetivo era su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una de las más importantes iglesias medievales de Cuenca, con una notable influencia del cercano Monasterio de Monsalud. Y fue una estupenda y maravillosa sorpresa. A pesar de sus continuas reformas, aún pudimos apreciar cómo incluso en territorios tan meridionales se siguió construyendo en románico en tierras repobladas durante el siglo XIII. Fechada en el segundo cuarto del siglo, se trataba originalmente de una iglesia románica de una sola nave y cabecera formada por nave abovedada con medio cañón apuntado reforzado por fajones. Nos ofrece cabecera con presbiterio, con poderosa torre campanario a sus pies.

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La soberbia torre fue minuciosamente restaurada no hace demasiados años, en la que, por riesgo de ruina,  se desmontó y volvió a erigirse respetando su belleza y valor arquitectónico. Consta de cuatro pisos. El primero liso y los otros tres separados por impostas y con dobles ventanales apuntados. Los de los dos pisos superiores tienen chambranas decoradas con puntas de diamante.

No pudimos ver el ábside al no disponer el señor que nos abrió la puerta de la iglesia, de la llave que daba paso a la parte trasera de la iglesia. Pero si pudimos disfrutar de sus magníficas pinturas medievales, únicas en la provincia de Cuenca. Fechadas concretamente entre 1290 y 1325, se trata de una decoración tardía, pero que responde a una tipología compositiva vinculada al románico. Integradas en la arquitectura, las pinturas se encuentran en el interior del ábside, el espacio idóneo para representar la Maiestas Domini. Representa a Dios en Majestad bendiciendo y rodeado de la mandorla mística. A su vez el Tetramorfos rodea el conjunto, que aparece flanqueado por los Apóstoles. Parece ser que este conjunto formaría parte de todo un conjunto pictórico que decoraría la iglesia original.

Terminada la visita, abandonamos Valdeolivas y nos dirigimos hacia la que sería la última etapa de nuestra peregrinación. Se trata de Alarcón, uno de los mejores conjuntos históricos y artísticos de la provincia de Cuenca, y uno de los paisajes más hermosos que podemos ver en la comarca, como es la extraordinaria hoz del Júcar, que envuelve, protegiéndola, a la ciudad.

Nada más llegar a Alarcón, empezamos a sentir su historia, y es que el acceso a la ciudad es realmente espectacular. La primera puerta que cruzamos fue la Puerta del Campo, que cuenta con una elevada torre poligonal. Quizá sea la torre más importante de la provincia por su envergadura y fortaleza. Tras unos metros, cruzamos la torre y puerta del Calabozo, desde donde partía el segundo recinto amurallada.  Apenas pudo pasar el autobús por ellas.

Arriba nos esperaba Jesús, nuestro guía y el encargado de enseñarnos su arte y su historia. El fue el que nos dio los datos sobre las torres durante la visita, que iniciamos por uno de los mejores rincones de Alarcón, que se encuentra justo antes de entrar. Y es que lo primero que llama la atención del visitante es su impresionante castillo y las murallas que lo acompañan. Y hacia allá nos fuimos.

Construido por Alfonso VIII – nos explicó Jesús -, posiblemente sobre otra fortaleza árabe, fue reformado por el infante don Juan Manuel y los marqueses de Villena. Convertido en la actualidad en cómodo parador de turismo, se encuentra en un estado de conservación inmejorable. La impresionante torre del homenaje tiene el sello renacentista de la época del Infante. El recinto fortificado de Alarcón es uno de los mejor conservados en España, y uno de los más potentes en su época. Aún conserva prácticamente todas sus defensas.

La inclemencia del tiempo no nos permitió pasear por su ronda, por lo que no pudimos disfrutar de la belleza del paisaje que rodea la ciudad, aunque algo vimos  por la calles aledañas, mientras nos dirigíamos a la iglesia de Santo Domingo de Silos, única con vestigios románicos, como el ábside y la portada del muro sur, única del templo, que se resuelve mediante tres arquivoltas apuntadas formadas por escocias y cordones, con recercado exterior decorado con puntas de diamantes. Aunque románica, debido a su abocinamiento nos traslada a una época en la que el protogótico va haciendo su aparición. Hemos visto también en las anteriores visitas esa conjunción éntrelo viejo y lo nuevo. En la actualidad, según nos informó el guía,  se dedica a sala de exposiciones y auditorio.

La siguiente visita, siguiendo la ruta marcada por Jesús, correspondió a la interesante iglesia de la Santísima Trinidad, que eleva su torre sobre el arco de la Villa. Tiene dos naves, una del siglo XIII con bóveda del XV y la otra del siglo XVI, con una portada plateresca.

Le tocó el turno, seguidamente, a la iglesia de Santa María, monumento nacional y la única abierta al culto.    Es un edificio del siglo XVI edificado sobre otro anterior románico.  Es un templo de transición, en el que se aprecia el paso del gótico a las formas plenamente renacentistas. Destaca su portada principal, planteada como un gran retablo que queda recogido dentro de un gran arco triunfal exterior, que le da un aspecto monumental. Parece  que en ella intervino Esteban Jamet de Orleans, a quien se atribuye el famoso "arco de Jamete" de la catedral de Cuenca. En el interior nos encontramos con la bóveda gótica, las majestuosas columnas y, sobre todo, el maravilloso retablo del altar mayor, pieza única en Castilla la Mancha, y considerado como uno de los  más importantes del Renacimiento en la región.

Finalmente llegamos a la plaza de Infante Don Juan Manuel, situada en el extremo del pueblo opuesto al castillo, en la parte más alta del monte y que presenta la típica distribución medieval. Y en la iglesia de San Juan Bautista nos encontramos con una agradable y extraordinaria sorpresa. La tenacidad de un grupo de jóvenes y la inspiración de un pintor, según nos explicó Jesús, hicieron posible que, al atravesar la puerta de la iglesia, pasáramos del mundo medieval al vanguardista de los siglos XX-XXI. Porque eso era lo que estábamos viendo allí, una atrevida representación pictórica que nos llenó de color. Toda la iglesia, hoy Centro de Arte Contemporáneo, se encuentra decorada con las pinturas murales de Jesús Mateo. Pintor conquense de arte contemporáneo, toma a la naturaleza y al hombre como temas fundamentales de su obra, configurando un universo personal y comprometido. El recorrido de las pinturas no tiene principio ni final. Es una obra circular en la que conviven formas invertebradas, estructuras embrionarias, figuras cámbricas, en las que se adivinan las influencias que el propio Mateo recita: desde las primitivas pinturas de Altamira a El Bosco, Klimt, Bacon o Miró. Un proyecto que se inició en 1994 y que cuenta con el apoyo de la UNESCO, como obra de alto interés artístico mundial.

Fue un digno y extraordinario final para nuestras jornadas. Sí, habíamos abandonado un poco el románico, origen y motivo de nuestras visitas, pero, como digo al principio, el alma del arte es única, y aquí, como en lo anterior, encontramos esa alma que a todos nos une.

Tras comer en un restaurante de la ciudad, regreso a casa con la satisfacción general de haber realizado algo muy románico, pero también algo muy nuevo, interesante e insólito durante nuestras XVI Jornadas de Románico Local.

Gandía, 7 de Junio de 2018.

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