Amigos del Románico
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Crónica de la Jornada de Románico Local de Otoño:

Viernes, 24 de noviembre de 2017

 

Crónica de la Jornada de Románico Local de Galicia

Jornada de Otoño

7 de Octubre de 2017

 

Una espléndida mañana de este nuestro “veroño”, 7 de octubre, puntualmente a las 10,15 h, un grupito de quince “amigos” nos subimos al autobús que lleva el rótulo luminoso de “Amigos del Románico, uniéndonos a los entusiastas compañeros que ya vienen de la parada de Vilagarcía y que junto con otros cuatro que hemos de recoger en Ourense completaremos el conjunto de 51 amigos de AdR dispuestos a sumergirnos en el Románico de tierras ourensanas. Y no lo haremos solos sino que nos acompañan en coche propio dos extraordinarios guías: Natalia Conde y Carlos J. Galbán, ambos doctores y especialistas en el arte ourensán.

Tememos el calor que se nos anuncia, de temperaturas que superarán los 30 grados al parecer, pero nos tranquilizamos todos pensando que dentro de las iglesias la temperatura desciende unos cuantos grados, (experiencia dixit).

Parada técnica en A Cañiza en la que el olor de ricos productos autóctonos que se percibe nos sugiere pistas respecto a si los degustaremos a mediodía. Y resultó que nuestra intuición fue certera. Adelantándonos un poco a los acontecimientos hemos de decir que pudimos disfrutar en Allariz de un sabrosísimo cocido gallego.

Volvamos al Románico.

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La primera visita es al monasterio de San Pedro de Ramirás. De él hay noticias desde el siglo X cuando sería un monasterio dúplice de carácter familiar, y que en 1137 se constituyó en monasterio femenino de la orden benedictina, fue anexionado a San Payo de Antealtares en 1499 pasando a ser a ser priorato del mismo. Del monasterio románico no quedan restos, solo la imponente iglesia que vamos a visitar.

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Actualmente, desde 1949 en que fue restaurado, en este monasterio reside una pequeña comunidad de monjas clarisas provenientes de la congregación residente en Allariz.

El emplazamiento en un lugar elevado nos permite contemplar un precioso valle. Desconcierta bastante la presencia de la Residencia de Mayores adosada al monasterio cuyo efecto estético no es nada afortunado. Superado el impacto nos detenemos en la contemplación del impresionante edificio de la iglesia monasterial.

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Por sus dimensiones esta iglesia tuvo que pertenecer a un poderoso monasterio, a la altura de las grandes abadías gallegas, masculinas, no olvidemos que éstas eran monjas y tenían a solo diez kilómetros de distancia un monasterio de la talla de San Salvador de Celanova. Su época de mayor esplendor fue el siglo XIII. Del edificio monástico románico no se conservan restos.

En la fachada principal sólo podemos ver una calle central entre contrafuertes ( con la puerta principal por donde accederemos y el rosetón). La calle del lado norte, lisa, rematada en contrafuerte de esquina y sobre ella una espadaña con dos vanos de arco de medio punto con un remate barroco. La calle del lado sur está totalmente tapada por la construcción correspondiente a dependencias monásticas.

En altura presenta dos cuerpos separados por una moldura que rodea todo el exterior del edificio. La puerta abocinada, con arquivoltas de medio punto ( sobre tres pares de columnas) y chambrana abilletada; el  tímpano liso sostenido por ménsulas presenta restos de policromía de época moderna. En el cuerpo superior bajo un arco de descarga apuntado, se abre un magnífico rosetón de piedra plana con calados de medias lunas, flores de lis y otras formas geométricas rematando el centro en un óculo polilobulado. Los muros laterales divididos por tramos con contrafuertes y la imposta lisa horizontal: en la parte inferior puerta de triple arquivolta de medio punto y en el cuerpo superior cuatro ventanas correspondientes a cada tramo vertical. Se observa numerosos canecillos que sostienen los aleros de los tejados de las naves laterales, central y de los ábsides.

Accedemos a la iglesia de planta basilical de tres naves con transepto de igual anchura, al que se abren las capillas absidales. Las naves se cubren con cubiertas de madera, a doble vertiente la central y a una sola las laterales. Son ligeramente apuntadas y apuntados son la mayoría de los arcos formeros, los arcos diafragma que compartimentan la nave central, y también el arco triunfal apuntado y doblado. El apuntamiento de los arcos se corresponde con el influjo de la arquitectura del Císter que ya se está plasmando en otros monasterios de esta provincia. Nuestra guía de lujo Natalia Conde nos señala el error que algunos cometen al identificar este apuntamiento de los arcos con el gótico, estilo que tardaría todavía muchos años en llegar a Galicia.

Los arcos formeros y fajones se apoyan en pilares compuestos con columnas adosadas que no siempre llegan a la base sino que se embuten en el pilar por medio de una ménsula: esto es característico del arte cisterciense como la sobriedad decorativa, con escasa figuración, solo presente en algunos canecillos y en dos o tres capiteles (sin que ello obedezca a normativa monacal ya que el monasterio de Ramirás perteneció siempre a la orden benedictina).

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Seguimos a San Pedro de A Mezquita, municipio de A Merca, que es monumento nacional desde 1931. Románico del siglo XII cuyas obras debieron continuar durante el primer cuarto del XIII. Hubo aquí un monasterio anterior pero desde el siglo XII pasó a ser iglesia parroquial dependiente del obispo de Ourense.

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Está emplazada en un lugar elevado y cuenta con una torre campanario cuadrangular en el ángulo suroeste. Es de una sola nave con ábside semicircular con tramo recto más elevado que el hemiciclo. El exterior lateral  está organizado por tres contrafuertes que llegan hasta el alero. La torre, los contrafuertes y el escalonamiento en altura de las cubiertas, junto con el emplazamiento en un montículo aislado potencian la verticalidad del edificio.

Cuando llegamos junto a la iglesia nos recibió (aparte de un sol de justicia que prometía unos treinta grados, sin exagerar) el señor cura párroco que amablemente ejercería de guía de su iglesia y mostró enseguida su discrepancia con opiniones de algunos estudiosos en cuanto a aspectos iconográficos sobre todo. Como jugaba en campo propio poco podía hacer Natalia para exponer datos, ideas y conocimientos. Ahí salimos perdiendo porque, claro, el tiempo se nos iba y empezábamos a retrasarnos respecto al horario previsto.

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Tampoco nos pusimos de acuerdo en la interpretación de la ménsula de la capilla central con dos personajes que parecen enroscados entre si y donde el párroco ve claramente un acto de amor carnal que muchos de nosotros no vemos, en cambio, nada claro.

En esta iglesia la escultura es de gran importancia y singularidad.

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Así en la portada principal el tímpano presenta una gran cruz de tipo oriental, con brazos que rematan en medallones y medallón central ocupado por un Agnus Dei que adopta una posición inclinada y con la cabeza doblada hacia un lado. Bajo el tímpano asoman dos cabezas de fieros animales que son las mochetas, con largas garras y que se vuelven hacia el exterior con mirada amenazante. Dos contrafuertes enmarcan esta puerta y sobre ellos encontramos dos conjuntos escultóricos cuya identificación suscitó discrepancias entre unos y otros: una loba amamantando a dos cachorros-gemelos- a la izquierda y lobo sentado que atrapa entre sus garras un cordero o similar a la derecha. ¿Lobos? ¿Leones?. Difícil la identificación y más aún su interpretación. El caso es que dos conjuntos escultóricos semejantes los vamos a encontrar por la tarde en Xunqueira de Ambía, como nos anuncia Natalia, ya volveremos sobre el tema.

La puerta principal está constituida por un arco ligeramente apuntado rodeado por tres arquivoltas sobre columnas con rica decoración. Los capiteles, muy deteriorados, son vegetales y figurados: un animal, que sería un conejo o liebre devorado por otro, una escena juglaresca con danzarinas, un músico tocando un instrumento de cuerda.

En las enjutas del arco de entrada están situadas dos figuras en altorrelieve, a la izquierda San Pedro, titular de la iglesia, llevando las llaves y un libro, mientras que la del otro lado, una mujer con túnica, se interpreta como la Virgen o quizá santa Ana

Interesantes los relieves que aparecen en las metopas del tejaroz: un lobo o un perro corriendo, una serpiente con la cola enroscada y que parece tener dos patas ¿un dragoncillo quizás?, un hombre barbado que parece asomarse a un muro, un hombre acostado y una roseta. Otra serpiente la encontramos en un cimacio de una ventana de la fachada sur.

En la puerta sur sí que son leones los que aparecen en el extraño tímpano recortado por dos arquillos de herradura en su línea inferior. En un relieve muy plano los dos leones rampantes afrontados que apoyan su pata delantera sobre un castillo almenado.

Es de señalar que esta iglesia cuenta con Agnus Dei en los dos piñones del tejado, uno al este y otro al oeste. Y el occidental muestra su cabeza mirando hacia el norte. Por aquí pasa el camino de Santiago que viene del sur, quizá a ello se deba la creencia de que así indicaría el camino a los peregrinos.

Y después de tanto pensar y de elucubraciones varias acerca de lo observado en esta interesantísima obra íntegramente románica (no transformada por añadidos de estilos posteriores exceptuando la sacristía adosada al tramo recto del ábside en su lado norte), nos disponemos a iniciar la dura tarea de poner rumbo hacia la vertiente gastronómica de nuestra gira.

Esta parte la desarrollamos en Allariz, en un restaurante bajo cuyo suelo acristalado vemos pasar el agua de la acequia que movía sus ruedas cuando era un molino. Un lugar muy agradable y cómodo al que dimos, no obstante, un toque femenino colocando nuestros fulares a modo de cortinas para detener en las ventanas el fuego del tremendo sol que entraba por ellas. Sin cejar en el empeño de cumplir con todo nuestro programa dimos cuenta, sin rechistar, de un estupendo, sabroso y abundante cocido gallego con todos sus ingredientes, amén de la empanada y demás aperitivos, los postres caseros, etc. Comprobado y demostrado: los cocidos también son para el verano.

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Continuando la ruta nos vamos a Santa Mariña de Augas Santas. El templo románico actual se sitúa en el lugar en el que, según la tradición, apareció la tumba de santa Marina en tiempos de Alfonso II el Casto, y donde éste mandó edificar una iglesia para que en ella se custodiara el mausoleo y se diera culto a la mártir del siglo II: murió decapitada y en el lugar donde cayó su cabeza surgió un manantial de “aguas santas”, aguas milagrosas. En la segunda mitad del siglo XII pasó a depender del obispado de Ourense que puso en marcha la promoción del culto a la santa y la peregrinación hacia este santuario. A finales del siglo XII se construyó el templo románico actual.

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Se trata de un templo de importantes dimensiones. Su planta es de tres naves y tres ábsides semicirculares. Las naves se separan por medio de pilares compuestos que las dividen e cuatro tramos. Los formeros son apuntados y sobre ellos se dispone un falso triforio de tres arcos en cada tramo. La cubierta es de madera a dos aguas, destacando gran altura la nave central, un interior de gran amplitud al que el efecto de la arquería del triforio y la iluminación proporcionda por los dos rosetones le dan una especial elegancia.

El muro sur remata en arquitos ciegos que se sustentan en canecillos: uno figurado con una cabeza de animal monstruoso y el resto son vegetales y geométricos.

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La torre actual es del siglo XVIII, sustituye a la torre campanario románica. De la misma época son los cupulines de la torres laterales.

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Habíamos pensado en ir a ver el “Horno de la Santa” pero desistimos de ello porque aunque se halla muy próximo el fuerte calor de la tarde y el ligero retraso que llevábamos aconsejaba posponer esta visita para una nueva ruta por el románico de estas tierras, que mucho que ver hay.

Y nos dirigimos entonces a San Xurxo de A Touza, en el municipio de Taboadela.

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Recorrimos un pequeño tramo de camino entre casas y frutales con alguna que otra cata espontánea de productos locales como uvas en la propia viña, peras o manzanas, hasta llegar a la iglesia constituida de una sola nave con ábside rectangular más estrecho y bajo que la nave, cubiertos ambos por tejado a dos aguas.

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En la fachada occidental vemos que el tímpano de la puerta cuenta con dos arquitos en su parte inferior, lo que nos remite a San Pedro de Mezquita y nos lleva a pensar que aquél es auténtico y no un añadido posterior.

Son muy interesantes los muros laterales del ábside, rematados en arquitos ciegos que se sustentan en canecillos. En el muro sur un canecillo figurado con cabeza de animal monstruoso y el resto vegetales y geométricos. Bajo los arquillos metopas en las que vemos un lobo y una serpiente, algunas flores y el resto formas geométricas. En el muro norte, también en las metopas, una sirena y un ave zancuda llaman la atención.

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Destaca en el interior, el gran altar de piedra que preside el presbiterio. Está ornamentado con siete arcos apuntados que se apean sobre columnas elevadas sobre un zócalo. Sigue el esquema de otros de mayor tamaño y finura de ejecución como son el de Santiago de Allariz o el de Xunqueira de Espadañedo.

Y nos dirigimos al broche de oro de nuestra ruta románica, Santa María la Real de Xunqueira de Ambía.

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Por premura de tiempo en este caso nos limitamos únicamente en admirar el exterior del monumento. Ya en la fachada principal vamos a intentar desvelar el misterio faunístico que nos intriga desde que nos encontramos con él en San Pedro de A Mezquita. Aquí Natalia Conde, nuestra paciente y extraordinaria guía, por fin sin intervenciones ajenas, nos explica el significado de “el ciclo del león” que da nueva interpretación a lo que otros piensan que es la loba capitolina protectora en su simbolismo de la fuerza y munificencia de la iglesia de Roma. Y nos deja convencidos ya que “si non e vero, e ben trovatto”.

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Está anocheciendo, se encienden las farolas, son las ocho y diez cuando subimos al autobús e iniciamos el regreso de una jornada completa y repleta de visitas interesantes, buena comida, buen tiempo y, sobre todo, la mejor compañía que se puede desear.

Esperamos con ansia reencontrarnos en una próxima jornada de románico local.

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Maruchi Alonso

 

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