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Crónica de la V JSAR en Madrid. Catedrales del tardorrománico español

Lunes, 11 de enero de 2016

 

El pasado 28 de noviembre, y organizadas por nuestra asociación, se celebraron en Madrid, en el colegio de las Madres Concepcionistas (calle de la Princesa nº 19), tres conferencias relacionadas con las catedrales de Ávila, Sigüenza y Tui, que corrieron a cargo de José Luis Gutiérrez Robledo, José Juste Ballesta y Marta Cendón Fernández respectivamente. La organización de las mismas, así como la presentación de los conferenciantes, corrió a cargo de nuestros compañeros AdR, Javier de la Fuente y Miguel Ángel Baños.

 

Abre el fuego el profesor de la UCM José Luis Gutiérrez Robledo, quien comienza su exposición situando temporal y geográficamente la diócesis abulense que abarcaba un extenso ámbito alcanzando parte de la actual Extremadura. Nos plantea una pregunta: ¿Qué fue antes, la catedral o la muralla? Según nos apunta José Luis, ambas pudieran ser coetáneas, con la parcial interrupción del paño de muralla en su lado este (a la mitad de la actual calle de San Segundo) por la cabecera de la basílica. En la actualidad, los habitantes de “la ciudad de los caballeros” y sus numerosísimos visitantes, contemplan como la muralla, en esa zona se ve interrumpida por un alto muro semicircular que oculta la cabecera, la cual, junto a la portada occidental y parte de los muros orientales del crucero, nos apunta José Luis, estarían datados en torno a finales del siglo XII, comienzos del XIII, ya siguiendo las tendencias del nuevo estilo.

 

Dedicada a San Salvador, parece ser que en momentos anteriores a la repoblación existió una pequeña iglesia mozárabe; sobre ella, y coincidiendo con la definitiva repoblación de los últimos años del siglo XI, Raimundo de Borgoña mandó levantar una catedral al estilo románico de la época, que sería de tres naves, rematadas en tres ábsides y acusado crucero; se supone además que no debió diferir mucho en aspecto, al menos en la cabecera, de San Vicente o San Pedro. La Leyenda de Ávila cita como autor a Álvar García que la inició en 1091 y estaría terminada de forma provisional en 1107.

 

Según las investigaciones realizadas por el conferenciante, la obra catedralicia románica original se extendería desde esa finalización provisional de 1107 durante la cátedra del obispo Jerónimo de Perigord (1103-1120) hasta la del obispo Sancho Zurraquín. Fue durante el obispado de Íñigo (1133-1158), en la segunda mitad del siglo XII, en tiempos de Alfonso VIII, cuando se decide derribarla, al menos parcialmente, para edificar una gran catedral de mayor prestancia, con una arquitectura más vanguardista imitando otros templos franceses que se habían iniciado en la Île-de France, como Saint Denis y Vezelay.

 

Sería el Maestro Fruchel, de probable origen francés, que pudo traer a Ávila las primeras formas borgoñonas, el que se encargó de las obras a partir de 1172 y que a su muerte en 1192 vería casi finalizada la compleja cabecera llevada a cabo principalmente con piedra “arenisca sangrante” por su impactante veteado rojo férrico sobre fondo blanco, procedente del Valle de Amblés.

 

Las obras de la girola se desarrollarían entre 1170 y 1180, y se sabe que en 1181 se procedió al enterramiento del Obispo Don Sancho en la capilla central de la girola. Trabajos posteriores a esta fecha se continúan en puro estilo gótico.

 

La catedral de Ávila tiene tres naves de cuatro tramos, amplio crucero y cabecera formada por capilla mayor, girola de doble nave y capillas radiales. Realmente el único elemento que se puede considerar románico, aunque en una fase muy tardía, ya protogótica o tardorrománica, es la cabecera y parte de los muros orientales del crucero.

El desarrollo de las naves hasta los pies, sus abovedamientos y las torres (una inacabada) son de concepción ya del primer gótico. La cabecera está constituida por un ábside interior formado por un semidecágono y dos tramos más, paralelos y rectos. Alrededor corre una girola de dos naves de desigual anchura y, por último, el cerramiento exterior de la cabecera es circular coincidiendo con el cimorro, pero lleva nueve capillas circulares inscritas. Quizá lo que se inició primeramente fueron las cinco capillas centrales exteriores, embutidas en el muro del cimorro, que tiene bóvedas de ojivas concurrentes sobre la clave del arco de ingreso. Lo más importante de estos arcos, nos apunta José Luis, es que en los capiteles (de impronta románica tardía) de su estructura columnaria, junto a temas vegetales aparecen escenas historiadas de magnífica calidad, de las que destaca el capitel con dos grandes leones que parecen desprenderse de la columna, todo de exquisita labra. El abovedamiento de la parte poligonal lo forman nervios coincidentes en una clave común; sobre esta clave y sus elementos decorativos, a los que José Luis contribuyó a analizar, el conferenciante nos hace ver el llamado “influjo mateísta” que se manifiesta en “una sonrisa de Daniel” análoga a la que el Maestro Mateo plasma en el Pórtico de la Gloria de Santiago.1 Sobre la girola se intenta edificar una tribuna superior con bóveda de cañón, pero fue sustituida por arbotantes exteriores de granito, convirtiendo los vanos de la primitiva tribuna en ventanales exteriores.[1]

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El corto turno de preguntas da paso a la presentación del segundo conferenciante, José Juste Ballesta, catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de la U. P. M., quien nos explica que la catedral de Sigüenza, inicialmente románica, es el resultado de la unión de distintos proyectos que se adaptan al paso del tiempo. En los trabajos en los que nuestro conferenciante ha participado al objeto de identificar estos distintos proyectos, se han utilizado el estudio de las marcas de cantero, la lectura de paramentos (estratigrafía) o la planimetría, entre otras técnicas; todas ellas, relacionadas con el entorno, nos aportan una gran información de los momentos de mayor intensidad de las distintas fases constructivas.

 

Lo que fue un edificio de arranque plenamente románico (iniciado en la sexta década del siglo XII) con cabecera de cinco ábsides escalonados semicirculares, se desarrolló hasta 1221 en un estilo que podríamos denominar tardorrománico o "protogótico" y que se refleja en los muros perimetrales con ventanas de medio punto y la parte baja de la fachada occidental con sus tres portadas aún románicas, aunque raspadas las arquivoltas. La construcción de la catedral seguntina supone un foco de irradiación artística que, en principio, afecta a la propia ciudad, quedando restos de iglesias tardorrománicas como Santiago y San Vicente que son deudoras del edificio catedralicio. El conferenciante cita a la doctora María del Carmen Muñoz Párraga directora de este proyecto tan prolijo que nos ha dado una valiosa información sobre esas diversas fases constructivas de la SIC de Sigüenza.

 

La actual catedral fue mandada construir por el sucesor de Don Bernardo, el obispo Don Pedro de Leucata en la segunda mitad del siglo XII, ya que sabemos que en 1156 destinaba los ingresos de las salinas a la edificación del templo. El proyecto primero consistiría en un edificio plenamente románico, de tres naves con cuatro tramos, con fachada rematada en dos torres, crucero bien señalado con sendas torres en sus extremos y cinco ábsides escalonados de planta semicircular[2]. En 1169 debió abrirse el templo tras la finalización de los ábsides y parte del crucero, aunque con cubiertas provisionales de madera. De esta época primitiva quedan restos de la parte baja interior del ábside central. También pertenecen a esta fase algunas viejas portadas: la puerta del Mercado que se abre en el muro sur del crucero, tapada hoy por un pórtico cerrado neoclásico del siglo XVIII, la puerta de la Torre del Santísimo, en el muro oriental del brazo sur del crucero que es la más tardía de esta fase, fechable por una inscripción en 1169 ó 1179, con la particularidad de que incorpora un Crismón trinitario, y por último, abriéndose al claustro, está la puerta del Corralón con baquetones apoyados en jambas.

 

Un segundo proyecto, o una segunda fase tiene lugar a partir de 1170 cuando debieron continuar las obras con un nuevo taller con avanzados conocimientos de las vanguardistas construcciones francesas languedocianas, donde se utilizan grandes pilares con sus caras rodeadas por dobles columnas que reciben arcos apuntados y bóvedas nervadas, además de una ornamentación de estilo cisterciense. En este periodo se construyen el claustro románico desaparecido, la sacristía, convertida en capilla de los Zayas, y la Sala Capitular que se cubrió con una de las primeras bóvedas de ojivas de la arquitectura española. También en estas décadas se trabaja en el remate de la cabecera y el crucero.

 

En la nueva fase que se inicia entre los años 1192 y 1221, durante el obispado de don Rodrigo, se finalizan los muros de las naves laterales iluminadas con ventanales de medio punto, alguno con guardapolvos de puntas de diamante. La fachada occidental debió iniciarse también en este periodo incluyendo el basamento de las torres y las tres grandes portadas alineadas con cada nave, más el cuerpo de ventanales que se abren sobre las dos laterales. La puerta central es de gran tamaño, con ocho arquivoltas que fueron lamentablemente raspadas, dejando sólo a la vista la decoración de las más extremas, con hojas y róleos en una y baquetón la otra. Ocho columnas de diferente grosor y las jambas aboceladas constituyen los soportes. Los capiteles, mayoritariamente, presentan hojas de acanto finalizadas en volutas. Las portadas laterales son más pequeñas que la central; ambas están rodeadas por columnas. La decoración de las arquivoltas de la meridional vuelve a presentar mutilación. La portada norte es la más bella, al haberse salvado milagrosamente de la piqueta. Sus arquivoltas forman una superficie abocinada continua decorada con bandas de hojas rodeadas por entrelazos ovoides, cestería, grandes hojas rodeadas por sus tallos y banda ajedrezada. Encima de las puertas laterales descritas se abrieron grandes ventanales de completa tradición románica, con arquivoltas de medio punto y guardapolvos de puntas de diamante, que caen sobre parejas de columnas. A partir de entonces, las diversas actuaciones entran en el estilo gótico y posteriores: claustro, abovedamiento de las naves, remates de las torres. Es en la segunda mitad del siglo XVI cuando la obra románica queda más deteriorada ya que se decide construir una girola detrás del ábside principal, para lo que se hace necesario eliminar las capillas adyacentes y alterar los ábsides esquineros, convertidos en la capilla del Doncel (el meridional) y la sacristía de los Mercedarios (el septentrional). El cimborrio sufre la desafortunada restauración que tuvo lugar tras la Guerra Civil.

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Se pasa al turno de preguntas tras el cual Javier nos proporciona, a conferenciantes y auditorio, un merecidísimo descanso de pocos minutos, que seguidos de la correspondiente presentación, nos dispone a que la siguiente conferenciante, Marta Cendón Fernández, de la Universidad de Santiago, nos traslade a tierras gallegas.

 

Comienza Marta realizando una aproximación histórica a la diócesis de Tui que fue muy castigada por distintas invasiones al finalizar la alta Edad Media. Existen documentos por los cuales sabemos que Alfonso V, en 1024, asocia la sede de Tui a la compostelana, hasta que en 1070 el rey García la vuelve a restaurar con el obispo D. Jorge al frente. Las donaciones se suceden, existiendo constancia de las realizadas por Doña Urraca, hermana de Alfonso VI. Se concede el título de ciudad a Tui, y a la diócesis se le asigna un territorio que se adentraba en Portugal; Alfonso VII quiere recuperar Portugal y Enrique de Borgoña realiza incursiones en Galicia, pero el territorio diocesano permanecerá, incluso, tras la separación portuguesa, multiplicándose las donaciones que procedían desde ambos lados del río Miño que dividía la sede. En 1137, el obispo Pelayo reorganiza el cabildo bajo la regla de San Agustín (canónigos regulares), se incorporan seis canónigos portugueses y es posible que por estas fechas comiencen los trabajos de la catedral románica.[3] Existen documentos de 1145 que atestiguan que las obras continuaban, y en época de Fernando II se constata una buena inyección económica encaminada no solo a la catedral misma sino a su amurallamiento.

 

El tardorrománico escultórico se manifiesta por la presencia de talleres de marcada influencia mateísta,[4] que aparece en algunos elementos que el estilo gótico posterior de esta catedral recoge. Es ya en las primeras décadas del siglo XIII cuando se comienza a construir siguiendo las pautas del estilo gótico francés.

 

Las fases constructivas “románicas” las localizamos en los tres últimos cuartos del siglo XII. Durante el segundo cuarto se realiza la cabecera, con muchas similitudes con las de Sigüenza y la Seo Vieja de Lleida, junto al transepto y los muros laterales; del tercer cuarto destacamos los intercolumnios y capiteles, y del último cuarto elementos del románico tardío o la Sala Capitular primitiva.

 

La cabecera fue sustituida por otra gótica muy tardía, pero Marta nos la recrea tal y como debió ser en su esplendor románico; contaba con cinco ábsides que albergaban las correspondientes capillas: la central dedicada a Santa María como corresponde a la advocación de la iglesia, las de la epístola y el evangelio a San Pedro y Santiago respectivamente, y las dos exteriores a Santa Eufemia y a San Vicente. La conferenciante nos explica que ella apostó por este tipo de cabecera y así se lo confirmaron tanto los documentos como el estudio de los muros donde se encontraron los ingresos a dichas capillas, además de la similitud con otros templos de la zona portuguesa de la diócesis como Évora y Braga.

 

Pero lo que queda de románico no es mucho, principalmente la zona interior del crucero. Encontramos capiteles vegetales que pudieran ser casi coetáneos con los de Santiago, aunque la mayoría son historiados y junto a los de aves y felinos de gran realismo hay que destacar aquéllos que muestran escenas de la Natividad, todos ellos de gran calidad. Otro elemento románico de calidad de la Catedral de Tui es su portada románica septentrional, muy atractiva gracias a su juego de líneas. La portada propiamente dicha tiene tres arquivoltas de medio punto, tímpano liso sobre mochetas de animales y cuatro columnas. En la clave del guardapolvos ajedrezado apoyan los salmeres de dos arcos murales contiguos, a su vez englobados en otro más amplio. Marta cita también la entrada a la sala capitular con capiteles románicos muy tardíos, y un claustro que ya estaría expresándose en términos góticos.

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Un cerrado y prolongado aplauso subraya la conferencia de Marta Cendón, tras el cual, el corto turno de preguntas y respuestas por parte de la conferenciante, da paso al cierre que realiza Javier, cumpliendo así con la agenda prevista tanto en calidad como en tiempo.

 

Daniel Silva

 

[1] El profesor Gutiérrez Robledo nos muestra fotografías tanto de las esculturas descubiertas en la clave del abovedamientos poligonal como de los arbotantes exteriores.

[2] Los cinco ábsides románicos en cabecera son un nexo de unión entre las tres catedrales de estas jornadas.

[3] Ver los estudios realizados en su tesis por Isidro Bango Torviso.

[4]La influencia del Maestro Mateo es otro nexo de unión entre las tres catedrales estudiadas.

 

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