Amigos del Románico
Web de referencia en español sobre arte románico

JdRL de Outono Por terras do Camiño: Sarria, Barbadelo, Incio, Portomarín

Viernes, 06 de noviembre de 2015

 

CRÓNICA DE LA JORNADA DE OTOÑO

Nosotros tuvimos suerte y no necesitamos madrugar. A las diez y diez, puntual como un reloj suizo, llegaba a Santiago el autobús de los AdR gallegos, que había partido de Vigo a la intempestiva hora de las 8 y cuarto de la “madrugada”. Desde aquí pusimos rumbo a la Jornada de otoño, que este año discurría por las tierras del Camiño lucense.

Nuestra primera parada fue en Sarria, para visitar la iglesia de San Salvador. ¡Oh contrariedad! Estaba en obras, rodeada de una valla metálica, y no se podía ver, ni por fuera, ni por dentro… teóricamente.  Un “conjuro mágico” hizo que la valla se abriera ligeramente, y pudimos pasar todos a admirar y fotografiar su ábside y el hermoso tímpano de su portada, desde el que un esquemático Cristo bendice eternamente.  

Desde allí nos dirigimos hacia Barbadelo, pero antes hicimos una breve parada en el Monasterio de la Magdalena en Sarria, que tiene poco románico, pero mucha belleza, y en la iglesia de San Salvador de Villar de Sarria, de ábside imponente, con tres ventanas decoradas, pero cuya contemplación se hizo difícil por el poco espacio que hay alrededor, ya que como es habitual por la zona la iglesia está rodeada por el cementerio y es difícil verla en perspectiva.

La puntualidad es gentileza de Amigos del Románico, menos mal que esto no lo sabía el señor párroco de Barbadelo, porque el hombre nos estuvo esperando un buen rato para abrirnos la iglesia, a pesar de las ganas que tenía de irse a comer.  La iglesia de Santiago de Barbadelo, del siglo XII,  es lo que resta de un antiguo monasterio dúplice que perteneció a Samos.

Es un edificio, que aunque ha sufrido muchas reformas posteriores, una de ellas en el siglo XVIII que acabó con su ábside, conserva elementos excepcionales, tales como el dintel de su portada oeste, pentagonal y tallado por el interior y el exterior con motivos florales, cruces y una figura orante que nos retrotrae a las representaciones del cristianismo primitivo, uno de los capiteles de esta portada, casi única representación de la flagelación de Cristo en Galicia  en las portadas ( la otra está en la Portada de Platerías de la Catedral de Santiago), y en el resto de la Península, diría yo, ya que es un tema poco tratado en el románico hispano, una pila bautismal con una decoración de escamas, también poco habitual en la zona y una espectacular torre que al interior se integra en los muros del templo con una elegante solución de arcos de medio punto para aligerar el volumen de la torre y no sobrecargar la nave.

Por fin liberamos al amable párroco para que se fuera a comer, y lo mismo hicimos nosotros. Volvimos a la cercana Sarria, y allí tuvimos un rato de merecido descanso y asueto. Hay que reconocer que el deporte de visitar monumentos románicos es sano, pero a veces resulta muy cansado y abnegado. No habíamos tomado ni siquiera los preceptivos chupitos de licor de café cuando nos pusimos de nuevo en marcha hacia Santa María de Albán, una pequeña iglesia del siglo XII, de nave única y ábside rectangular que presenta unas características muy primitivas y que se alza, orgullosa, desafiando al tiempo al lado de uno de los enormes viaductos de la autovía.

Nuestro siguiente destino fue la iglesia de San Pedro Fiz de Hospital do Incio, poco conocida  joya de la corona del románico lucense. Enclavada en un paisaje rural de prados y magníficos castaños, fue construida toda ella en mármol gallego a finales del siglo XII por los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, como atestigua la cruz de Malta del tímpano de la portada oeste y el sepulcro de uno de sus comendadores en el interior del templo. Completan el conjunto una torre campanario exenta y el panteón de los Quiroga.

La iglesia tiene planta rectangular de nave única y cabecera poligonal. Al interior, presenta un precioso ábside cubierto con una bóveda de horno con nervios y perforado por tres vanos de medio punto.

En medio del ábside se haya suspendida una talla de un Cristo, ya gótico, pero con hechuras románicas, puesto que tiene cuatro clavos.

Además, la iglesia cuenta con otras piezas escultóricas muy interesantes, como una Virgen de la Leche gótica, en madera policromada y un curioso relieve en el que aparece Cristo crucificado, flanqueado por cuatro cabezas, datado supuestamente, nada más y nada menos, que alrededor del siglo VI y que se encontró enterrado en la zona del ante-altar.

Dejamos con pena (por lo menos por mi parte, me encanta el sitio) Hospital do Incio y nos encaminamos hacia nuestro último destino: Portomarín. El tiempo apremiaba, era tarde y aunque habíamos tenido buena climatología estaba muy nublado y oscurecería pronto.  Portomarín fue, y aún es,  un importante pueblo del camino de Santiago, citado ya en el Liber Sancti Iacobi, que creció al lado de un puente romano sobre el río Miño, hasta que tras construcción del Embalse del  Belesar, en el año 1955, se trasladó al vecino monte Monte do Cristo. Cuando pasamos por encima del puente con el autocar, como el pantano tenía poca agua, pudimos ver las antiguas construcciones. Afortunadamente para nosotros, las dos iglesias románicas del pueblo fueron trasladadas piedra a piedra al nuevo emplazamiento.

La más importante de ellas es San Juan o San Nicolás, se la conoce por las dos advocaciones. Parece ser que en ella trabajó uno de los más importantes colaboradores del maestro Mateo, por lo que se convirtió en un centro del estilo que irradió a otras zonas de Lugo. Al exterior llama sobre todo la atención por la rotundidad de sus volúmenes,  y su remate en cuatro torres y almenas, que la confieren un aspecto de fortaleza, desmentido por la riqueza ornamental de sus tres portadas, y sus dos enormes rosetones en los muros oeste y este. Pudimos disfrutar poco de su interior porque estaba a punto de comenzar la Misa. Es de una sola nave y ábside semicircular precedido de presbiterio más bajo y estrecho que la nave. Las columnas que articulan la nave están embutidas en los muros y sirven de sostén a los arcos de las bóvedas. Esto hace que el interior sea muy diáfano, sobrio y armónico.

La otra iglesia del pueblo es la de San Pedro. La única parte románica de ésta es la portada oeste. Tiene una inscripción que indica la fecha de consagración del templo, 1182 y una curiosidad: su tímpano bilobulado que parece que se descompone en dos timpanillos más pequeños, lo que, según nos explicó Augusto, es poco habitual en la escultura gallega.

Y al fin se nos hizo de noche contemplando la iglesia de San Pedro. Llegaba la hora de recogerse, que había un largo viaje de vuelta, la Jornada de Otoño llegó así a su fin. No me queda más que dar las gracias: a Augusto por su saber, buen hacer y paciencia, a Alicia por su frescura y simpatía, a Luisa, a la señora que hizo las riquísimas pastas de limón que nos amenizaron el viaje (lo siento, no me enteré de su nombre), y en definitiva a todos los que nos acompañaron en este día y que nos trataron tan bien que estos madrileños ya sienten morriña de las tierras y gentes gallegas.

Rosa G. Nieves, AdR 905

©2018 Web Oficial de AMIGOS DEL ROMÁNICO (AdR) - Diseña GORMATICA