
Crónica de la jornada románica en Ávila
Por Jesús Ribate, junio de 2009
El sábado 6 de junio los amigos de la sección matritense nos convocaron
para una nueva JdRL. El lugar elegido esta vez fue la amurallada ciudad
de Ávila de los Caballeros. El día estaba fresco y amenazando lluvia, pero
afortunadamente el cielo se apiadó de nosotros y tuvimos la suerte de no
tener que abrir los paraguas en toda la jornada.
A partir de las 10 de la mañana comenzamos a llegar a la Plaza de Santa
Teresa los más de 70 AdR y familiares que, cargados de ánimos y a la espera
de adquirir nuevos conocimientos sobre el Románico abulense, estábamos
citados en tan bonito lugar. La primera sorpresa es que, además de socios
de Madrid, acudimos de muchos más lugares de nuestra geografía: Navarra,
País Vasco, Castilla y León, .., cada vez somos más y con más ganas de
ver y aprender cosas románicas y no tan románicas. Tras los saludos, besos
y abrazos de rigor entre viejos conocidos, Carlos nos "etiquetó"
a todos con la pegatina de AdR y pasamos a visitar la primera de las iglesias
que nos tenía preparadas.

El sacristán de San Pedro nos explicó su iglesia con la emoción de quien ama y valora lo que tiene, comentándonos tanto el edificio
como los tesoros románicos y de otras épocas que guarda, abriéndonos las capillas y permitiéndonos fotografiar cuanto quisimos. Después tomó la
palabra nuestro amigo Javier de la Fuente, experto conocedor del Románico abulense, para hablarnos de las etapas constructivas, talleres que
trabajaron en la obra, etc.
Tras un corto paseo hasta la Basílica de los Santos Hermanos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta - San Vicente
para entendernos mejor -, Javier hizo gala de su saber desgranando
paso a paso todo el edificio, sus portadas, el nártex, las naves, el triforio,
el cenotafio, las filiaciones borgoñonas y languedocionas, la relación
entre el Maestro Fruchel con el Maestro Mateo de Compostela y las restauraciones
que ha tenido la basílica. A todos nos emocionó la majestuosidad del edificio
y su impresionante portada occidental, pero el cenotafio acaparó los disparos
de las cámaras de fotos, no sólo por su maravillosa ejecución, sino también
por representar la historia de los Santos titulares en una especie de "cómic"
medieval. Tuvimos la gran suerte de poder ascender al triforio por una
empinada escalera de caracol y con ello tener una visión diferente de las
naves que, así vistas, lucen mucho más esplendorosas y grandiosas. Vaya
desde aquí nuestro agradecimiento a quienes han gestionado y hecho posible
esta visita.
Con una buena comida en el restaurante "Siglo Doce" -aquí hasta el restaurante es románico-, donde el plato fuerte consistió en un gran
entrecot de ternera, nuestros cuerpos se dieron a la gula sin ningún reparo. A los postres, dos inocentes infantes, David y Alejandro, dieron la suerte
a nuestra amiga Charo, que fue agraciada con un ejemplar del volumen dedicado a Ávila, de la Enciclopedia del Románico.
Un paseíto por las, a esas horas, desiertas calles del casco viejo nos llevó hasta San Esteban, única iglesia románica dentro de la muralla.
Iglesia humilde donde las haya, en la que pudimos admirar unos maravillosos capiteles de inspiración cántabra y un bello ábside y pasar detrás del
retablo para admirar la parte interna del mismo; la puerta es un poco baja y alguno se dio un coscorrón en toda la testa, como le sucedió a este humilde
cronista.
Un poco más abajo y extramuros, la ermita de San Segundo nos recibió con su hermosa cabecera y sus capiteles con figuraciones humanas,
animalísticas y fitomorfas. En su portada Javier se explayó hablando de las diferentes representaciones de los leones y de las hojas vegetales en el
románico de Ávila. Este chico es un pozo de arte; deberíamos cambiarle el apodo de "Becario" por el de "Licenciado", a la espera de
un rápido doctorado en AdR, porque se lo está ganando paso a paso. De momento aquí le podemos ver firmando en representación de todos los AdR en el libro
de visitas, honor con el que D. Tomás Bello, como secretario de la Cofradía de San Segundo, quiso agradecer nuestra visita al templo.
Acabada la visita a los lugares de culto cambiamos de cicerone y fue ahora el amigo Simeón quien tomó la palabra para, tras llevarnos
al puente romano, explicarnos las diferencias entre un puente romano y uno románico. Después de ascender de nuevo hasta las murallas,
Simeón nos habló de las mismas, de la distinta factura de sus paños según hayan sido construídas por romanos, suevos, cristianos medievales o incluso
más modernamente preparadas para asaltos de la artillería en la época de las guerras carlistas. En el recorrido fue señalándonos restos de cistas
romanas empotradas en la muralla por los suevos -así éstos, al no sentir mucho respeto por los antepasados de sus enemigos, podían disponer fácilmente
allí mismo de piedras ya cortadas-, demostrándonos sus grandes conocimientos y deleitándonos con su saber sobre la historia de la ciudad.
Llegados junto al cimorro de la catedral y siendo las 20 horas, dimos por
acabada la jornada, aunque podríamos haber continuado, tantas eran las
ganas que teníamos de seguir, pero la obligación y la necesidad de regresar
a nuestros hogares con nuestras familias nos obligaban a ello.
En resumen, unos monumentos preciosos, iglesias, murallas, puente y una
buena compañía con buenos guías que hicieron que los que participamos en
esta jornada no la olvidemos fácilmente. Vaya nuestro agradecimiento a
quienes lo han hecho posible y a los que no han dudado en transmitir sus
conocimientos a sus amigos y compañeros.