
Crónica del VI Fin de Semana Románico:
Allende los Pirineos (del 30 de Abril al 4 de Mayo de 2008)
Francia a nuestro pies...
Por José Luis Beltrán San Juan AdR Nº 0224 
(Haced clic en las imágenes para
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Pues ya estamos de vuelta, cada uno en su casa y
dispersos por toda la geografía hispana.
Hasta hace poco, descontando los días para acelerar la llegada del
comienzo de este Fin de Semana Románico, comidos por la impaciencia…y ya
pasó todo. Cada uno en lo suyo pero enriquecidos cultural y
espiritualmente y con el ánimo más alegre e intentando poner orden en
nuestra memoria donde ahora flotan libremente infinidad de capiteles,
canecillos, tímpanos, pinturas murales,... etc. ¿No es así?
Nos fuimos reuniendo en el Hotel TUCA de Vielha a lo largo de la tarde
del miércoles día 30 de abril. Alegría colectiva, abrazos efusivos entre
los habituales y saludos cariñosos (que serán abrazos efusivos en la
próxima convocatoria) a los que acuden por primera vez a un Fin de
Semana Románico. La integración de unos y otros es inmediata. Ocurre
siempre. Tras unos breves momentos, necesarios para ubicarse y sacudirse
el cansancio del viaje hasta llegar al punto de encuentro, empieza a
funcionar un espíritu de camaradería y de amistad que nos acompañará
hasta el final del viaje y en muchos casos más allá del mismo.
Cena de bienvenida, ambiente festivo, salutación oficial de nuestro
querido e imprescindible Julián Castells, coordinador de la organización
de los Fines de Semana (…y de tantas cosas más), y animadas y múltiples
tertulias posteriores a la cena diseminadas por diversas estancias del
Hotel y en las que, solo justificable por la alegría de estar juntos y
las ganas de pasarlo bien, surgieron situaciones de una comicidad que
nos hicieron pasar ratos inolvidables. Y así se fue repitiendo cada
noche tras la cena a lo largo de todo el periplo. Sólo el imperativo de
tener que madrugar al día siguiente, interrumpía estas veladas que han
sido tan entrañables.
¡Buena elección la del HOTEL TUCA! Instalaciones formidables, atención
más que correcta y gastronomía excelente durante las dos jornadas que
pernoctamos allí.
Programa extenso e intenso el que nos espera, (aunque no ha sobrado
nada…), así que al día siguiente, de buena mañana, estábamos desayunando
(buffet para satisfacer todos los gustos…tampoco sobró nada…) y en éste
primer día de mayo, a las 9 horas, partíamos, como colegiales de
excursión, hacia el Valle de Boí.
Y, ya en el Bus, comienza la parte académica: atentos todos, ávidos
todos, escuchamos las palabras del primer espada que saltó al ruedo,
nuestro querido Augusto Guedes, que nos introdujo en las características
del Románico que nos esperaba en ésta jornada.
Nos preparó mentalmente para admirar la pintura mural que, ni por
conocida, ni por ser copias de los originales depositados en el MNAC
(qué paradoja, ¿no?), dejan de ser impactantes en su ubicación. También
nos hizo mención del concepto de transformación de columnas en pilares
y, finalmente, la observación de que la pintura de San Climent es
distinta a las demás iconográficamente.
Julián Castells vertió conceptos interesantes como que el Período
Románico era muy sensible a la belleza, a imitación de Dios, de lo
Divino y que la Arquitectura Románica cumplía además de su función, la
de “soporte de la pintura”. Habló también al referirse a los Ábsides, de
la transición de lo terrenal a lo celeste, del lugar sagrado donde se
produce el Sacrificio y de los tres espacios que se crean en la pintura
de los mismos. El superior, con la Maiestas Domini, en medio, que
coincide con los vanos, con el Apostolado y el inferior donde aparecen
los donantes y adornos diversos. Todos ellos divididos por bandas
monocromas.
También definió distintos tipos de líneas. Líneas de trazo utilizadas en
los contorno
s,
líneas de expresión que implican intensidad y líneas de filigrana
meramente decorativas. Colores vivos que resaltan las figuras, habida
cuenta de la escasa iluminación ambiental, con la utilización del negro
para limitar las figuras y el blanco para resaltarlas. De la simetría,
con la Maiestas como centro y del intento de superar la bidimensionalidad, aunque sin alcanzar la perspectiva. Del tamaño de las
figuras, que implican criterios de jerarquía: la Maiestas es la más
grande.
Ya en Santa María de Tahull, Julián nos hizo apreciar
la distribución de las pinturas en el ábside. Juan Antonio Olañeta, nos
describió las pinturas en el MNAC, explicando la distribución de las
mismas en su ubicación actual. Jaime Cobreros nos explicó el concepto de
Theotokos, relacionó la figura de Melchor con Melquisedec y la de
Abraham con la revelación.
A pocos metros y a pocos minutos, en un paseo con maravillosas vistas
del Valle de
Boí, alcanzamos la iglesia de San Climent de Taüll donde, de nuevo,
nuestros “guías propios”, nos hicieron ver determinados aspectos del
templo difícilmente apreciables sin su colaboración. Augusto insistió en
el concepto de elemento de transición de columna a pilar de los soportes
de la techumbre. Nos hizo apreciar los llamados “dientes de sierra” tan
comunes en el Románico-Lombardo y, tras él, intervino nuestro
Presidente, Jaime Cobreros, quien expresó unos conceptos más que
interesantes sobre la pintura de las Iglesias de la zona. Habló Jaime de
lo que llamó perspectiva invertida, herencia del Arte Bizantino. El
Pantocrátor, mira al observador, no éste a aquél, dado que las líneas de
fuga confluyen en el que mira, aunque éste cambie de posición.
Las bandas de separación entre los diferentes niveles recuerdan a las
pinturas de los Beatos. Los animales del Tetramorfos al estar situados
en círculos exteriores, también ofrecen sensación de perspectiva, aportó
Julián, así como el libro que
sostiene el Pantocrator, con la línea
inferior plana y la superior quebrada. Olañeta mencionó muchas figuras
que están en
el MNAC y no tienen aquí su correspondiente copia: Caín, Abel, Lázaro,
banquete del rico Epulón,…etc. Interesante, ¿verdad?
Después tuvimos casi una hora para fotografiar todo lo que se mueve…,
mejor dicho, lo que no se mueve y nos entregamos a la tarea de
inmortalizar con nuestras cámaras todas las magníficas pinturas
descritas y todos y cada uno de los arquillos lombardos que se ponían
por delante…
Situémonos ahora en el exterior de la Iglesia, mirando al ábside. Allí
nos reunió nuestro querido Jaime Cobreros y nos hizo reflexionar sobre
un tema que todos sabemos
que
le inquieta sobremanera. Nos pidió que pensáramos por un momento en el
ábside de Frómista y que lo comparásemos en ese momento con el que
teníamos delante. ¿Se puede considerar Románico el Arte Lombardo?...
Pues seguiremos pensándolo, querido Jaime, aunque en lo que a mí
respecta, más bien seguiré con el máximo interés tu propia reflexión; y
seguro que me bastará con tus conclusiones, habida cuenta del respeto
que me merece tu nivel de conocimiento en esta materia.
Y con esta reflexión nos trasladamos a Boi y visitamos
la Iglesia de San Joan donde, en un mano a mano, Julián, Augusto y
Juan Antonio nos desmenuzaron las pinturas: lapidación de San
Esteban, Dextera Dómini, Juglares, bestiarios… etc., señalando la
influencia de las pinturas de los manuscritos mozárabes.
Así llegamos a Erill la Vall donde, cumpliendo correctamente los
horarios dimos
cuenta de una excelente comida de la zona. Posteriormente
visitamos la Iglesia de Santa Eulalia en la misma población. Javier de
la Fuente, el que era becario el año pasado, nos describió la
reproducción del Descendimiento que allí se exhibe cuyo original está en
el MNAC, haciendo énfasis
en que las figuras son articuladas y además (esto lo aportó Augusto) los
dos ladrones tienen las rodillas rotas, como para facilitar que el final
llegara antes y acabar así con el sufrimiento.
Desde allí nos trasladamos a la Iglesia de San Feliú de Barruera, donde
Juan Antonio Olañeta significó los muchos “arrepentimientos” existentes
en la misma.
Volviendo sobre nuestros pasos, abandonamos el Valle de Boí y penetramos
de nuevo en el Valle de Arán en un divertido viaje en el que, nada más
atravesar el túnel de Vielha, como si la luz iluminara sus cabezas,
empezó una rueda de chistes y chascarrillos a cargo de verdaderos
profesionales que hicieron el trayecto de lo más ameno. Ya con las
fuerzas mermadas, pero con el mismo entusiasmo que al principio de la
jornada, nos
dirigimos
a la Iglesia de Bossost, que fue literalmente ametrallada por nuestras
cámaras.
Y desde allí al hotel donde nos esperaba la segunda cena de
confraternización y un merecido descanso, no antes de una animada
tertulia de la mayoría. Incluso algunos, antes de la cena cruzamos la
carretera para visitar el exterior de la preciosa Iglesia de Betren,
situada enfrente del hotel, prácticamente a tiro de cámara.
Y al día siguiente abandonamos el Valle de Arán y el territorio español
para dirigirnos a San Bertrand de Comminges donde nos esperaba la
Catedral de Santa María y un guía de lujo D. Emmanuel Garland. Fue
emocionante atisbar la Catedral a lo lejos, en lo alto, majestuosa, como
si levitara sobre el paisaje ante los incrédulos ojos de los peregrinos.
Jaime Cobreros, inspirado (hasta mencionó a Brasens…), aseguró lo
importante que es conocer el Románico Internacional y así comprender
mejor el Románico Español, que el Románico nació en Francia, en Cluny, y
que según Picaud, desde allí se desarrolló el primer Camino de Santiago,
que derivó en distintas vías (Tolosana, Podense, Turonensis,…) a lo largo
de las cuales se levantaron templos como en Toulouse, Arles, Le Puy,
Moissac, Vezelay, Perigueux, Orleáns, Tours, Burdeos…
etc.
Se conformó así el llamado Estilo de Peregrinación cuyos máximos
exponentes son :
San Martín de Tours, San Marcial de Limoges, Santa Fé de Conques, San
Saturnino de Toulouse y Santiago de Compostela. Todas ellas tienen en
común portadas
dobles, para facilitar la entrada y salida de grandes
masas de peregrinos, deambulatorio, que facilitaría la circulación de
los mismos y triforios, que permitía la visión desde el interior del
templo y facilitaba la movilidad: “quien recorre por arriba las naves de
Santiago, aunque llegase triste, sale gozoso…”
Visitamos la Catedral de Sainte-Marie dirigidos
por D. Emmanuel Garland, que hablaba en francés pero era traducido “en
directo” por Joachim Gazeau y éste, a su vez, por algunos
voluntarios, a los términos románicos… (es broma). La verdad es que su
colaboración fue inestimable en este momento y a lo largo de toda la
jornada. Gracias Joachim, de verdad.
Se describió el Tímpano, con la Virgen y el Niño coronados, la figura de
S. Bertrand no nimbada porque no era Santo todavía, ángeles
turiferarios; observamos la reutilización de piedras romanas.
Y ¡vámonos a Saint Just de Valcabrére, que llevamos 15 minutos de
retraso y Julián nos ha echado la primera reprimenda! Espera larga, pero
agradable por el día tan bueno que hacía y porque la causa estaba
justificada pues “cantaba Misa” un recién ordenado Sacerdote y se nos
contagió el ambiente festivo del evento y hasta nos regalaron
recordatorios del mismo a la salida de la Misa.
Entretanto hicimos una caminata para ver la Iglesia mirando a los
ábsides desde
cierta
distancia y, en la lejanía, se visualizaba perfectamente la Catedral de
Santa María, y todos estaremos de acuerdo en que ésa imagen de ambos
templos a distintas alturas y distancias, pero perfectamente visibles en
un día tan soleado, es imborrable. En cualquier caso ya se encargaron
las cámaras de conseguirlo porque la vista desde allí lo merecía.
Y a comer a Saint Gaudens. Cassoulet como plato estrella, tras diversos
entrantes y charcutería de la zona de Comminges…¡¡¡Si se entera mi
médico!!!
La Catedral de Saint Gaudens, muestra un ábside cubierto de mosaicos
de estilo
bizantino y algunos capiteles en el interior notables como el que
representa el pecado de Adán y Eva. Pero, acaso lo más notable sea el
Claustro, el sufrido Claustro, que ha soportado montajes y desmontajes
sucesivos y en él existen capiteles originales que se han ido
recuperando desde hace 200 años de propiedades particulares y otros
orígenes, mezclados con copias recientes. Hasta no hace mucho tiempo, el
lugar que ocupa el Claustro se utilizaba como Parking!
La Catedral de Saint Lizier, donde nos dirigimos después y donde
observamos que la reutilización de sillares antiguos, al igual que en
Saint Just de Valcabrére, es abundante, aparece ante nosotros con un
ábside central muy alto en comparación
con los laterales y con una torre de ladrillo octogonal majestuosa. En
su interior pudimos apreciar una rica ornamentación pictórica, en parte
ya gótica, y la sepultura de Saint Lizier, su primer Obispo.
Tras visitar El Claustro de Saint Lizier, otro ejemplo de los magníficos
claustros románicos de la zona, con excelentes capiteles de decoración
vegetal e historiada, partimos, ya a las 6 de la tarde, hacia Toulouse,
donde llegamos a las 8 en punto. Exactamente a la hora prevista de cenar
en el Hotel Balladins Superior. A correr, que en Francia te dejan sin
cenar en cuanto te descuides…Un ejemplo: tres personas del grupo no
comen carne y espantadas ante la “brochette d’agneaux mariné” que nos
ofrecieron, pidieron cualquier cosa en sustitución, pues aunque sea una
“tortilla francesa” y les dijeron que no era posible (¡en Francia!). Sus
acompañantes les fueron a buscar algo a la calle para que no se quedaran
sin cenar y al rato volvieron con unas porciones de
pizza
que era lo único que quedaba en un bar de enfrente…
Las dos horas del trayecto hasta Toulouse, fueron de lo más divertido.
Nuestros “animadores” habituales no nos permitieron echar una cabezadita
y se lanzaron en competencia a ver quien contaba el mejor chiste; los de
Aniceto, los de Manolo y su colega beodo, los funcionarios, los
catalanes… etc.; ni títere con cabeza quedó allí. Todavía me imagino al
torero buscando su oreja, y al que operaron porque quería ser vasco y a
la pareja que obligó a parar el tren…y muchos más. Tras la cena el
ambiente continuó en la terraza del hotel y las risas aparecían por lo
más nimio. Espero que a nadie se le escape ya el significado de “moñoño”,
acuñado de la forma más divertida.
Pero había que levantarse a las 6 de la mañana porque nos esperaban en
el Museo Saint-Raymond de Toulouse a las 8 en punto. ¡Hasta nos
levantaron un cuarto de hora antes! Julián, todos te agradecemos tu celo
en coordinar a tanta gente para poder llegar a tiempo a todos los sitios
que previamente habíais concertado con gran trabajo. Gracias por todo.
D. Daniel Cazes, Director del Musée Saint-Raymond, Musée des Antiques de
Toulouse, hablando un correcto y medido español, con un tono de voz
envolvente y una cualidades didácticas insuperables, nos llevó de la
mano a través del mismo,
enlazando
el arte romano con el románico y nos mostró las lápidas paleocristianas
junto a los cimientos (a 5 metros de profundidad) del hospital que hubo
al lado del que definió como “el más grande monumento románico existente
“: Saint-Sernin de Toulouse.
Toulouse, dijo, tuvo una importancia relevante en la Reconquista de la
España musulmana. El templo, de 110 metros de largo, presenta unos
niveles en descenso escalonado de sus bóvedas, desde la central a las
laterales, que cubren cinco naves y que permite así abrir los vanos sin
temor a la sobrecarga de los muros. El triforio es de dimensiones
impresionantes; la tribuna superior es casi otra nave, con arcos y
bóvedas propias. Medias columnas de ladrillo y piedra. Más de 500
capiteles románicos, la mayoría de decoración vegetal; otra serie de
animales y otra de historiografía. El profesor Cazes se quejará
continuamente de la imposibilidad de
visitar todo lo interesante de Saint-Sernin en el tiempo previsto. Se
necesitarían días y días. - Que no se preocupe por ello. Es seguro que
la mayoría volveremos, pero ya sin la fortuna de su colaboración,
claro.-
Este tipo de arquitectura, continuó diciendo, es también imitación de la
antigüedad, de los edificios para presenciar espectáculos, circos,
teatros, los que acogían y por los que circulaban más personas, de fácil
entrada, circulación y evacuación fáciles. La portada occidental ha perdido la
escultura que contaba la historia de Saint-Sernin, hoy en los museos. El
edificio impresiona por su monumentalidad, de “escalera monumental”
que
culmina con el campanario de 5 pisos en forma piramidal y de 67 metros
de altura. Los últimos 2 pisos tienen un tipo de arco de influencia
romana (arco Justiniano). Los primeros son propiamente románicos. La
portada más interesante es la que da a la calle de mayor tránsito, la
puerta Miègeville, que es la principal de la Catedral. Riquísima en
escultura. Friso, capiteles, impostas… a imitación del Arte Antiguo
(escultura griega y romana, incluso carolingia). Tímpano con la
Ascensión de Cristo sobre un dintel en que se representa un magnífico
Apostolado.
La Iglesia estuvo en peligro por el cisma de 1054, herejías, otras
Iglesias orientales… etc.

En las impostas se representa al Apóstol Santiago el Mayor a la derecha
y, a la izquierda, a San Pedro con las llaves y en actitud de bendecir
y, bajo los pies, la vid, como símbolo de renacimiento. Debajo de San
Pedro, Simón, que se cae tras iniciar un ascenso a imitación de Cristo,
pero no es Cristo y se cae, siendo recogido por dos demonios que
simbolizan su condena.
Debajo de Santiago, hay un hereje, Montano, que
desarrolla la Iglesia de los Montanistas, acompañado por dos profetisas
subidas a las grupas de sendos leones. Todo ello demuestra la gran
cultura de los canónigos de Saint Sernin y su gran conocimiento de la
Historia. En la cornisa, vemos la representación alegórica del sol y de
la luna en unos modillones y como saliendo de un velo, presentes en el
momento de la Ascensión de Cristo, significando la asistencia de los
astros. Finalmente nos detuvimos, ya en el interior del templo, ante la
mesa-altar, obra del escultor Bernard Gilduin; en su detallada
descripción, el profesor
Daniel
Cazes desbordaba su entusiasmo del que fuimos todos contagiados; fue el
momento y el lugar adecuados para hacerle entrega por parte de la
Directiva de AdR de nuestro habitual regalo como muestra de
agradecimiento, el Crismón del tímpano de Jaca y donde nuestro
Presidente Jaime Cobreros, en emocionadas palabras, aseguró al profesor
Cazes que había sido la mejor colaboración que hasta ahora AdR había
tenido en sus ya múltiples viajes, expresando sin duda el sentir de
todos los presentes. Creo que fue el momento más emotivo de todo el Fin
de Semana y que todos recordaremos siempre.
Desde allí, atravesando varias calles céntricas de la ciudad de Toulouse
y relajándonos poco a poco tras las emociones vividas en Saint-Sernin,
que seguro nos
recibirá de nuevo algún día, llegamos al Musée des Augustins, donde nos
esperaba Dª. Quiterie Cazes, profesora de Arte de la Universidad de
París, otro peso pesado de la cultura tolosana, una delicada mujer que
nos introdujo en la Sala de Escultura Románica, objeto de nuestra visita
y con estilo elegante y sensibilidad a flor de piel, tuvo la paciencia
de recorrer con nosotros prácticamente todo aquel bosque de capiteles
que constituyen un fondo de escultura románica de los más ricos del
mundo.
Con los sentidos saturados de tanta belleza “no tuvimos más remedio” que
desenfundar nuestras cámaras y tratar de memorizar allí el mayor número
de
bellísimos capiteles que en nuestra área cerebral correspondiente ya no
tenían cabida.
Ahora disfrutaremos de su contemplación sosegada una y otra vez, ya en
nuestro rincón preferido, pero sin olvidar el impactante efecto que nos
produjo la entrada a aquélla sala tan plagada de escultura románica a la
altura de nuestros ojos.
A comer después a un restaurante céntrico, donde estuvimos más tiempo
que en el museo, pues llegamos a la 12,50 h (esta vez si que no nos
pillaba el toro) y el primer plato “elaborado” (jamón en lonchas)
apareció por allí a las 14,30 h. y tuvimos que esperar otros 45 minutos
para continuar la comida porque de la cocina no salía nada. En
definitiva, hasta pasadas las 15,15 h no salimos de allí. Alguien dijo
que deberían
montar
un fast food.
Desde Toulouse, salimos para Moissac donde nos esperaba uno de los hitos
de nuestro largo Fin de Semana: la Abadía de Saint Pierre de Moissac.
Encaminamos nuestros pasos a través de una larga y estrecha calle en
cuyo final se veía, ya desde lejos, la magnífica portada lo que nos hizo
acelerar el paso en la ansiedad de enfrentarnos lo antes posible al
Tímpano del Apocalipsis, obra cumbre del románico, donde Cristo en
Majestad nos bendice con su mano derecha y los veinticuatro ancianos del
Apocalipsis parece que nos reciben haciendo sonar sus instrumentos. La
iconografía del tímpano está maravillosamente descrita en nuestra
documentación. Tratar de describir la emoción que suscita estar delante
de tan excepcional obra es imposible. Cada uno de nosotros lo ha vivido
y lo mejor es acudir al recuerdo individual para revivir este momento…
Y después el Claustro de Moissac, pleno de capiteles de esculturas
maravillosas, donde acompañados de un singular guía local que hablaba
perfectamente el castellano, dispusimos de tiempo suficiente para
nuestras fotos “a cuatro caras” incluso y a satisfacción de la grandiosa
portada.
A las 18,45, salida hacia Toulouse de nuevo para asistir a la última
cena de confraternización en el hotel, durante la cual y por sorpresa se
hizo un nuevo sorteo, esta vez de un Crismón dedicado por su autor, J.
Antonio Olañeta, que fue muy cotizado posteriormente. Al afortunado se
le entregó también un Catálogo de la exposición del MNAC sobre El
Románico y el Mediterráneo, también muy celebrado, que recayó en Rafael Mozón..En una cena anterior se realizó el sorteo del Crismón del tímpano
de Jaca, ya habitual en nuestras celebraciones; con él se hizo María Josép Otazo. Enhorabuena a los dos afortunados por sus codiciados
trofeos.
Y ya comienza la última jornada. De Toulouse hacia
Vielha y allí a recoger los coches y a disgregarse. Pero una paradita
antes en la villa de Montsaunés. Y vamos
deprisa
que nos espera la alcaldesa…Bueno, pues no acudió. ¿También en Francia
los políticos no se llevan bien con la cultura? Pero no importaba. La
Iglesia era preciosa y tuvimos la ocasión de escuchar a nuestro
especialista J. Antonio Olañeta hablar largo y tendido sobre crismones,
que es lo suyo, y nos está aficionando a todos. Allí los había por todas
partes y eso es lo que se perdió la alcaldesa…
Andrés Ortega, que aseguró no saber cantar, nos descubrió en el viaje
hacia Vielha, que era el cumpleaños de Mª Cruz y, tras una entrada
espontánea (creo que de
Andrés…) entonamos el Cumpleaños Feliz, ¡Ay, Maricruz, Maricruz! y Las
Mañanitas del Rey David. Fue un momento emotivo para ella y para todos,
también un pequeño homenaje para los consortes que soportan tantas
horas de dedicación al románico, especialmente de los que como Andrés y
el resto de la Junta Directiva tienen tantas responsabilidades y tan
bien las cumplen.
Llegamos a Vielha y despedidas. Hasta pronto. Hasta el próximo Fin de
Semana. Hasta Silos. Hasta Vitoria. Hasta las Cinco Villas…Un coche no
arrancaba y allí acudimos todos, no sé si para empujarle o para
retenerle un ratito más…
En la Asamblea de Sangüesa, al final,
Ángel Bartolomé, comentó que
llevaba muchos años dedicado a visitar monumentos románicos
disfrutando en solitario de su afición, pero que había encontrado en AdR
la forma de disfrutar en grupo mucho más que hasta ahora. Cientos de
edificios románicos nos esperan desde siglos. Vayamos a visitarlos. Pero
siempre que sea posible, vayamos juntos…
