
Tercer Fin de Semana Románico: Por tierras
de Barcelona (27-29 de octubre de 2006)
Y acabamos el FSR un poco más sabios, un poco más
humildes y mucho más amigos.

¿Quién puede decir que termina algo vivo?
Vivo sigue nuestro 3er FSR. Y no podía ser menos. Porque de nuevo
la vida de la amistad, de la confraternización, del cariño
de todos por todos, ha sobresalido sobre las maravillas que hemos visitado.
El viernes por la tarde, poco a poco, amigo a amigo,
fuimos llegando al hotel de Cerdanyola del Vallès. La alegría
por el reencuentro o por conocer a nuevos Amigos se respiraba en el
ambiente.

En la cena se dio la bienvenida a todos los asistentes,
y pasó con más pena que gloria (algún fallo había
de surgir). Un momento emotivo fue aquel en que nuestro vicepresidente
recordó a los tres AdR que nos han dejado desde la celebración
del 2º FSR.
Se presentó en sociedad el que, desde ahora,
será el obsequio con que AdR reconocerá
el esfuerzo, la dedicación, el bien hacer en pro del Románico
y de la Asociación. ¿Qué qué pinta ahí
ese número? Pues eso digo yo.
Otro
momento emotivo de este rato, sin duda, fue la llegada de Javier y Teresa
con su hija Helena. La niña, con su año de edad, fue el
centro de todas las miradas por largo rato y a lo largo de todo el FSR.
¿A que no es para menos? Su pequeña figura, su preciosa
cara y su vitalidad nos acompañaron; algo de ella se nos pegó.
Tras la cena, el descanso se hacía necesario
pues la mayoría habíamos recorrido un buen número
de kilómetros para llegar al lugar de reunión. La ilusión
por el recorrido del día siguiente nos acompaño en el
sueño reparador.
El sábado 28, a las siete de la mañana,
sonaron los teléfonos de las habitaciones en que nos alojábamos.
Había que desayunar para salir en autocar a las nueve de la mañana
camino de Barberà del Vallès. El recorrido era largo e
intenso. Como un reloj, Marino, nuestro conductor, con una puntualidad
que sería tónica en todo el recorrido, nos esperaba con
el flamante autocar que nos trasladó hacia cada uno de los destinos.
Teníais que vernos a un montón con nuestra recién
estrenada camiseta blanca con el logo de AdR
al lado del corazón; ¿dónde si no?
Esteve y Esther nos obsequiaron (desde su llegada sabíamos
que tenían una sorpresa para todos) con un logo de AdR
montado sobre un imán de esos que se usan para el frigorífico.
El mismo Esteve colaboró en la organización del FSR coordinando
las visitas de Barberà y Terrassa. Por todo ello, nuestro agradecimiento
para ambos.
Santa María de Barberà, iglesia coquetona
donde las haya, nos mostró detalles inequívocos del lombardo
que luego veríamos en plenitud; y se engalanó de luz para
llenar nuestra vista con sus extraordinarias pinturas; y
sorpresa
mayúscula: el mossèn de la parroquia deleitó nuestros
oídos con una charla culta, agradable, distendida, divertida
incluso, que nos permitió conocer la calidad y cantidad del arte
que teníamos ante nuestros ojos, asimilar conocimientos y sonreír;
a reír llegamos con sus palabras llenas de humor y, sobre todo,
ciencia. Y ante ella estamos todos, hasta los fotógrafos, que
su buena carrera se dieron para salir.
Hacer clic en la foto para ampliar
Tarrasa fue una sorpresa que se preparó ya en
el recorrido hasta la ciudad. Es anecdótico, pero importante
para darnos cuenta de hasta qué punto las investigaciones que
se hacen pueden cambiar totalmente lo que se conoce y está escrito
en los más concienzudos tratados: el guía, con su lección
aprendida, habló del baptisterio que fue, en su día, la
iglesia de San Miguel, y Montserrat, al día en el conocimiento
de estos monumentos, nos sacó del error: en las últimas
investigaciones se ha llegado a la conclusión de que no fue baptisterio;
más bien fue un recinto dedicado a ceremonias funerarias.
Al margen de la anécdota, las iglesias de Sant
Pere merecen la visita.
Sant Pere, parroquia desde su consagración, sorprende con un
retablo pétreo con hornacinas pintadas que muestra el ábside
visigótico a través de una pequeña puerta.
Sant Miquel (ahora ya sabemos su, ¿verdadera?, finalidad) es
una joya visigótica con soluciones arquitectónicas sorprendentes.
Su minúscula cripta invita al recogimiento y la meditación.
Santa María, catedral de una de las primeras
sedes episcopales de la España visigótica, la antigua
Egara, ha dejado con los siglos parte del edificio y ahora se nos muestra
como una simple iglesia no falta de grandiosidad. Las pinturas que recuerdan
el martirio de Santo Tomás Becket son merecedoras de una mejor
contemplación; tuvimos que hacer algunos equilibrios sobre la
pasarela que vuela sobre el suelo excavado de la iglesia y que queda
distante de las pinturas; a pesar de ello, pudimos apreciar su belleza.
Cumpliendo
el horario con puntualidad taurina, nos dirigimos a Cardona por el valle
que traza el río Cardener. Dejamos atrás el Vallès
Occidental y nos adentramos en el Bages. El pico de la Mola con el Monasterio
de Sant Llorenç del Munt nos acompaña durante un trecho
por nuestra derecha y, cuando éste nos abandona, es el macizo
de Montserrat quien le releva en la tarea.
Al llegar a Cardona, era preciso reponer fuerzas. Al
contrario que en el 2º FSR, en el que la comida en Reinosa fue
pantagruélica, aquí, para cumplir el horario y alimentar
adecuadamente el espíritu, debíamos ser breves en el tiempo
y ascetas en la comida (quejas y lamentos se oyeron después,
bien por la cantidad, aunque de esa había, bien por no poder
degustar el cafelito y la agradable charla de la sobremesa). Pero se
cumplió el programa y, a la hora prevista estábamos en
la colegiata.
Sant
Vicenç
¿Alguien quiere saber qué es el románico
lombardo? Aquí ha de venir. Ni le falta, ni le sobra. Ya lo dijo
nuestro Vicepresidente: todo lo que es el lombardo está aquí
y todo lo que hay fuera, si es lombardo, aquí está reflejado;
o algo así, no recuerdo sus palabras exactas. Imponente, grandiosa,
bella, armónica
y más y más. Se la ve encaramada
sobre lo alto del cerro, junto a una fortaleza de historia memorable.
Su concepción es debida sin duda a una mente
clara, ordenada, que sabe lo que quiere expresar y cómo expresarlo;
su proyecto hubo de realizarse con minuciosidad, su construcción
tuvo que llevarse a cabo por expertos canteros a las órdenes
del maestro que la concibió; su terminación es como una
obra de orfebrería, hasta tal punto el detalle (impostas en el
nacimiento de los arcos, estrías de las bóvedas, lesenas,
arcuaciones ciegas, ventanas igualmente sin luz), se imbrica en la totalidad
del edificio. De la cripta, ¿qué decir? Acorde con el
edificio. Ni al exterior, ni en el interior desentona. Ayuda para dar
al presbiterio la importancia que tiene al elevarlo de forma considerable
sobre el suelo de la iglesia. En el exterior seguimos apreciando las
virtudes de las que los constructores dotaron al monumento.
Desde
luego, el vizconde Bremundo hubo de expiar sus culpas sobradamente al
erigir esta iglesia y el Abad Oliba sentirse dichoso de tener quien
pusiese en práctica tan sobradamente sus consejos.
Un breve receso nos permite gozar del sol y la temperatura
del esplendoroso día que nos acompañó en todo el
itinerario. Tras disfrutar de las vistas hacia el Norte con el río
Cardener y su puente del Diablo y sufrirlas hacia el sur por la calvicie
del cerro debido a la explotación de las minas de potasa, continuamos
nuestro camino, ya de vuelta, hacia San Cugat.

Del que fuera importante Monasterio de San Cugat nos
queda la iglesia, comenzada en estilo Románico y terminada en
estilo Gótico. Sorprende por sus dimensiones y la robustez de
su construcción; no puede negar su nacimiento románico.
Nos queda también el claustro, soberbio en sus dimensiones y
en su realización: tan orgulloso debió sentirse su autor
que nos legó su firma diciendo (¿Cuál no sería
su satisfacción?) que lo construyó para la "perpetuidad".
Y ahí está. Bello y armonioso, con su grueso muro calado
por esbeltos arcos soportados por columnas pareadas cuyos capiteles
están hermosamente esculpidos con motivos que van desde los simplemente
decorativos hasta los que nos plantean un modelo de vida en sus enseñanzas
religiosas pasando por los que hacen un recorrido por el bestiario o
nos muestran escenas guerreras o de la vida diaria.
Deambular
por sus galerías con serenidad y sosiego ha de ser una experiencia
saludable para el cuerpo y el espíritu. Aunque no fuera con esa
tranquilidad, pues el día tocaba a su fin y comenzaba a oscurecer,
disfrutamos del paseo sobre el pavimento que tantos pies habrán
recorrido a lo largo de su historia, larga historia cuyos principios
se nos mostraron en los restos de la basílica visigótica
del siglo VI descubierta en el mismo claustro.
Con las luces de San Cugat despidiéndonos nos
dirigimos al ya cercano hotel donde nos tomamos un merecido descanso
tras el ajetreo del día. Y tras el descanso, a cenar.
Fue
agradable la cena, todos reunidos comentando las experiencias del día.
Y aquí está la respuesta al número que aparece
con el crismón de Jaca en la primera fotografía: se sorteó
el primerito que ha salido del horno entre todos los participantes en
el FSR. Tuvo la suerte de cara la Amiga Juana Mari, quien, al día
siguiente (no pudo acompañarnos en la cena) creyó que
vacilábamos con ella al darle la noticia; tiene algo de bruja,
pues vaticinó el resultado; no por ello su alegría fue
menor. Bueno, siguiendo con la cena, todo se desarrolló de maravilla
hasta que una pareja de "chunta-chunteros" se nos pusieron
a conseguir sonidos de los instrumentos ¿músicales? que
maltrataban. ¡Qué nos hicieron salir de naja, vamos! Así
que la cena acabó sin el cafelito y la charla sosegada de la
sobremesa; y esto por segunda vez en el día. ¡Ya hay que
tener mala pata!
Y a descansar de nuevo para estar frescos al día
siguiente. El MNAC nos esperaba, pero me atrevo a decir que ninguno
de nosotros esperaba lo que nos deparó la visita.
La marcha hacia el museo fue de apoteosis: veinte coches
siguiendo a Juan Antonio atravesando Barcelona de punta a punta; y llegamos
todos sin novedad. El enclave del MNAC no puede ser mejor: el Palacio
construido para la exposición universal de 1929 en la falda de
la montaña de Montjuïc acoge lo más florido del arte
catalán y, entre todas las colecciones, destaca con luz propia
de dedicada al Románico en la que se expone la mejor colección
existente de pinturas románicas.
Divididos en dos grupos, nos asisten como guías
el Sr. Castiñeiras, comisario de la exposición temporal
dedicada a Doménech y Montaner, y el Sr. Camps, conservador jefe
del departamento de Románico del museo, ahí es nada.
A lo largo de la exposición permanente de obras
románicas, se encuentran los diarios, dibujos, fotografías,
negativos en ¡¡cristal!!, que el Sr. Doménech y Montaner
realizó en los primeros años del s. XX con más
ilusión que medios; con curiosidad, capacidad de asimilación,
constancia, sensibilidad y amor a su tierra y al arte. Su esfuerzo y
dedicación se nos mostró a la vista y al oído,
con la explicación de los guías, de forma inmejorable.
¡Las pinturas! Toman otra dimensión cuando
oyes hablar con ciencia, a conciencia, con amor, de ellas. La preparación
del paramento, lo motivos iconográficos, la disposición
de las figuras en los muros, la datación por múltiples
y diversos detalles, los pigmentos
¡Ah!, los pigmentos.
¿Qué pintaríais con el pigmento más caro?
¡Qué pregunta! El manto de Cristo, de la Virgen. Pues no,
mire Ud., el derrame de las ventanas; ahí donde la luz incide
con más fuerza, el brillo del pigmento será, por tanto,
más hermoso. Cierto que hay pinturas en las que se usa para los
mantos, pero en aquellas en que la economía de medios es grande,
sólo se encuentra en las ventanas. Y otra fuerte de pigmentos:
la obra cumbre de la pintura románica, la maiestas domini de
Sant Climent de Taüll, está pintada con pinturas compuestas
con los más humildes pigmentos: maestría del autor para
conseguir tantos y tantos efectos que hacen de esa pintura una obra
maestra del arte universal.
La escultura en madera nos deparó contemplar
y oír la maravilla que es la maiestas Batlló.
Y así, con las explicaciones de dos científicos,
doctores en historia del arte, especialistas en Románico, nos
hicimos un poco más sabios; viendo la inmensidad del conocimiento
que esas personas atesoran terminamos un poco más humildes; contemplando
cómo escuchábamos y admirábamos todos los tesoros
que se nos mostraron y cómo nos despedimos hasta el próximo
FSR, creció nuestra amistad y ya somos mucho más AMIGOS.
Esperamos con impaciencia el próximo FSR. Hasta
la vista.
Julián Castells.
Vocal de AdR y organizador del 3er FsR