VISITA A LAS PINTURAS ROMÁNICAS DEL MUSEO DEL PRADO Y CENA DE CONFRATERNIZACIÓN DE LOS AdR DE MADRID... Y AÑADIDOS

 

Por Carlos Bouso Aragones AdR 384

Sábado 1 de Diciembre 2007, día medio gris y anunciando lluvia, o al menos un suave txirimiri. La cita era a las 16:45. La entrada al museo estaba prevista para las cinco. Puerta de Murillo, entrada de grupos, y grupo éramos, cuarenta y siete creo recordar. Nos dividimos en dos partes: Los que pagan primero, los que tienen descuento después, los últimos. Y como los últimos serán los primeros, pues que resulta que los mayores de 65 años ¡¡¡no pagamos!!! La primera vez que me alegro de ser mayor, que no de estar. Eso es otra historia. Nuestro grupo tenía como hora límite para su “desintegración” las 18:44. ¡Exactamente!, y ni un minuto más, que allí son muy estrictos.

Francisco Javier dirigió el primer grupo, o “paganinis”, y los del segundo grupo, o pensionistas, fueron dirigidos por Julián con gesto firme y conocimiento de GPS. Atravesamos las salas repletas de pinturas de los siglos muy posteriores a lo que íbamos buscando: El Románico. ¡Pero que pinturas! Entre ellas una de las que más retiene mi admiración: Tintoretto, El lavatorio de los pies. Extraordinaria composición y sobre todo su estudio de la perspectiva. Obra excepcional donde las haya, sin desmerecer las demás, que El Prado es El Prado, pese a muchos que no quisieran que lo fuera. ¡Cochina envidia!

Total, llegamos al lado opuesto de por donde habíamos entrado del Sur al Norte, junto a la puerta de Goya, después de pasar frente a la de Velázquez, pero por el interior de la sala, en el exterior lloviznando. Como al llegar a las salas del románico ya nos había quitado el puesto el primer grupo, lógico, eran los más jóvenes, y la sala de San Baudelio estaba hasta los topes. Ante la exigencia del Museo de que no nos podíamos reunir los grupos en ningún momento, dimos marcha atrás y volvimos a la sala principal donde nos dedicamos, haciendo tiempo, a admirar La Anunciación de Frá Angélico y los cuadros del tríptico de La Boda de Boticelli, así como algún otro “cuadrito” por allí colgado.

Las doctas explicaciones de Augusto, que había viajado desde su residencia en Caldas de Reis, fueron, como ya lo habían sido en Segovia semanas atrás, de excepción. ¡Y eso que estaba de espaldas a los cuadros! No quiero pensar si los hubiera descrito estando frente a la pintura. ¡Si se los sabe de memoria hasta en los menores detalles! Con compañeros así en AdR me veo toda la vida pagando las cuotas anuales. ¡Vamos que no me desapunto! ¡Hay que ver lo que se puede aprender de estos “modestos” aficionados al Románico que tenemos por compañeros!

Pasó el tiempo, rápido, muy rápido, y volvimos a intentar entrar en las salas del románico para ver los objetos principales de nuestra gira artística sabatina. Cuando llegamos, la sala de San Baudelio había sido abandonada ya por nuestros amigos, que habían pasado a “ocupar” hasta el último rincón de la sala de Maderuelo. La verdad es que es muy pequeña para tantas personas. Y ellos eran el mayor grupo de los dos.

Nuevamente, los increíbles conocimientos del experto y docto Augusto nos pusieron inmediatamente al corriente de los paneles que el Metroplitan nos tiene cedidos sine die. ¡Extraños acuerdos a los que hay que llegar para poder disponer de lo que es tuyo! Julián, en el informe que había remitido vía email, ya nos había puesto al corriente a través de la comunicación de José Miguel Merino Cáceres de las vicisitudes de estas pinturas, y el indignante trueque con el ábside de Fuentidueña en el que se vieron involucradas en 1958. ¡Y todos conformes, menos ocho personas! Como he dicho, indignante de verdad. Lo lamentable es que no solo tenemos este ejemplo. Sabemos de bastantes más que ni tienen solución, ni son factibles de nuevos trueques. Solo nos queda pensar si serán estos los últimos casos en los que se vea esquilmado el patrimonio español. Esperemos que sí, pero veremos a donde nos conduce la nueva situación de los acuerdos de financiación de la iglesia en España. Recordemos la Desamortización de 1835. Creo que con una ya fue suficiente. Finalmente las pinturas murales han acabado repartidas entre los Museos de Boston, Cincinnati, Indianápolis, El Prado, el Metropolitan Museum y la Cloister Collection de Nueva York. Las que quedan en la ermita han sido restauradas en 2002.

El guerrero, la escena de la caza, el oso y, como digo yo, el cuadro de los lunares: ¿qué representa tanto “topito” sin razón aparente? ¿Se trataría solamente de una orla decorativa, o tendría algún motivo que no conocemos por desconocer el entorno próximo en el que se encontraba este fragmento? Quién lo sabe, falta una gran superficie de pintura de San Baudelio por conocer pero, por suerte, esta vez no se quedó en New York. Se perdió y punto. Sinceramente, lo prefiero así.

Una vez disfrutados los frescos de San Baudelio, a falta del dromedario, el elefante y varios otros más, aconsejo a los que no lo hayan hecho que se hagan un viajecito hasta Casillas de Berlanga para visitar la pequeña ¿iglesia?¿ermita? de estilo prerrománico o mozárabe y, especialmente, para admirar su palmera central.

En mi opinión, cuántas veces ha debido Santiago Calatrava mirar y remirar este pilar rameado, sustento central de la especial cubierta prácticamente cuadrada de San Baudelio. Existe un edificio de este arquitecto en Toronto que parecería extraído de las enseñanzas arquitectónicas de San Baudelio. Y, creo que por desgracia, es de lo menos conocido de Calatrava, pero merece la pena. A ver si os lo recuerda la fotografía, a los que conocéis la palmera de San Baudelio. Para mayor facilidad, esta es una foto tomada de la página web:
 www.casillasdeberlanga.com. Y por cierto, si alguien se decide a visitar San Baudelio que recuerde que muy cerquita tiene Caltojar con su magnífica portada dentada de San Miguel Arcangel, Berlanga con el castillo, su iglesia y su entorno y, por qué no, Bordecorex, pequeño pueblo sin práctica importancia, donde se dice que falleció Almanzor cuando era transportado herido, desde Calatañazor a Medinaceli, en franca retirada.

Cuando pudimos, entramos en la sala de la Santa Cruz, o la Vera Cruz, de Maderuelo. La visita resultaba perfectamente asimilable si previamente te habías leído el magnífico informe preparado por “el becario” Francisco Javier de la Fuente. ¡Que fantástica incorporación al grupo! Supongo que al primer grupo le expuso todos sus saberes sobre ambas pinturas, nosotros íbamos en el segundo y no pudimos disfrutarlo. Allí encontramos en plena magnitud la “Majestas Domine” encerrada en su mandorla, que parece que se te va a caer desde el techo de la bóveda de cañón; los ángeles turiferarios y los apóstoles, uno de ellos, para mí, quizás una de las mejores pinturas románicas españolas. Qué decir de Adán y Eva, magníficos en su pérdida de la inocencia. ¿Por qué se cubren sus vergüenzas? ¿Habían pecado ya? ¿Entonces, por qué está tomando Eva la manzana de la boca de la serpiente? Parecería que el autor hubiera querido imprimirles movimiento mediante secuencias superpuestas en una misma imagen. La verdad es que, leído así, es como leer un comic.

 

Cada vez voy aceptando mejor lo de que las imágenes de la pintura del románico, como los capiteles y su escultura en general, hacían las veces de enciclopedia para el pueblo llano "analfabetizado", que no tenía acceso a la cultura, siempre en manos de las autoridades, generalmente las religiosas, que eran los que tenían las mayores posibilidades de proporcionar enseñanza. Los reyes, los señores y la nobleza, los únicos con posibilidades de disfrutar de alguna cultura en aquellos siglos, aunque mínima bien es cierto, bastante tenían con pelear para defender sus tierras, sus castillos y, como no, a veces, su derecho de pernada, que también lo tenían algunos.

Sorprendentes a todas luces las pinturas de Maderuelo. Hacía mucho tiempo que no las veía a pesar de poder considerarme visitante del Museo del Prado, aunque desgraciadamente no tan frecuentemente como me gustaría, pero me siguen sorprendiendo como siempre. La verdad es que esta zona queda algo despistada de las salas generales. Realmente, mi atracción hacía el Arte Románico se la debo en parte a estas pinturas, al apóstol que mencioné anteriormente, conjuntamente con el Pantocrátor de San Clemente de Tahull que, ya antes de los años 60, tiraron de mí hacia este maravilloso vicio. Pienso que es posible que, junto a las de Tahull, puedan ser de las mejores pinturas que tenemos en España, sin olvidarnos de San Isidoro de León y la Catedral de El Burgo de Osma, por supuesto.

Terminada la visita a Maderuelo se comentó por los componentes de ambos grupos, que debíamos seguir separados, la posibilidad de visitar la exposición temporal del Museo del Prado dedicada a la pintura “guardada” del s XIX. Y allí nos fuimos. Cualquiera perdía la oportunidad que se nos presentaba estando ya dentro del museo y teniendo tiempo para ello. Allí nos esperaban los grandes del novecento español: Madrazo, Sorolla, Fortuny, Pradilla, Muñoz Degrain, y muchos otros cuyos nombres no quisiera olvidar, pero que, sinceramente, soy incapaz de recordar, aunque si me acuerdo de sus cuadros.

El fusilamiento de Torrijos, en el centro de la sala de la planta cero, resulta de un efecto impresionante. El Testamento de Isabel la Católica, los dos cuadros de la reina Dª Juana, especialmente el de Lorenzo Vallés; La rendición de Bailén y, ¿cómo no?, el soberbio e inigualable “Aún dicen que el pescado es caro”, de Joaquín Sorolla. Las miniaturas de Fortuny en sus paisajes de Marruecos y un pequeño cuadro que para mí tiene una atracción especial: “Recuerdo de Granada” de Muñoz Degraín y qué decir de Carlos de Haes y sus paisajes de los Picos de Europa.

En fin, por favor, perdonadme que me haya ido por las ramas, ya sé que esto no es Románico, pero ¿a que sí estamos todos de acuerdo en que es ARTE? Así con mayúsculas. Bueno, pues todo esto estaba guardadito en la bodega de El Prado. Al final tendremos que terminar dando las gracias al “cubo” de Moneo por haber permitido que estas obras salgan de la oscuridad a la luz, pues si conocíamos algunas lo era por haber sido incluidas en alguna exposición temporal o por fotografías solamente. ¡Bienvenida sea la ampliación del Prado! Y con lo que todavía queda en los almacenes.

Terminada la visita al s XIX se presentaba la ocasión de que, como quedaba tiempo hasta las ocho que el museo cierra, visitar “El toro mariposa” última obra de Goya adquirida por El Prado y la exposición temporal “Fábulas de Velázquez”. ¿Y por qué no aprovechar la oportunidad? Pues más arte para el cuerpo, que luego es tarde. Así que allí nos fuimos, después de comprobar en la planta dos como ha quedado el Claustro de los Jerónimos, que hay que reconocer que ha sido salvado por la campana. Si debo recordar la última vez que lo vi hace algunos años, obviamente antes de la reforma, tengo que decir que estaba peor que algunos monumentos románicos españoles de los que todos conocemos. Era vergonzoso. De acuerdo que no es excesivamente antiguo, pero sí que es una obra arquitectónica considerable. Menos mal. Por lo menos este se ha salvado. Y ojalá todos los monumentos que nos quedan abandonados pudieran ser rescatados también, aunque fuese por Moneo, pese a no ser un santo de mi devoción.

Sobre Velázquez, nada y mucho que decir. Nunca se terminan de ver los cuadros de Velázquez. Siempre se encontrarán nuevos detalles que nunca reconocerás como “deja vu” Siempre será Velázquez y siempre será digno de hacerle una visita Especialmente cuando viene a casa a visitarnos la “Venus del espejo”. Hacía unos quince años que la había visto por última vez en la National Gallery de Londrés, junto al “Aguador”, y la verdad es que sigue sin que pasen los años por ella. Que magnífica obra. Además “La Fragua de Vulcano”, “Las Hilanderas” y, ¿cómo no?, para cerrar, el sorprendente Cristo velazqueño que, para resaltar aún más, aunque no le resulte necesaria ninguna ayuda, está acompañado en la misma sala por el imponente Cristo Yacente de Gregorio Fernández que, soprendentemente para mí, creía propiedad del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y resulta que pertenece a El Prado, y está depositado en la bella Pucela. Extraordinario marco para una excelsa obra como esta, solamente comparable, en mi opinión, a su anterior yacente y mayestático Cristo de El Pardo, del que el autor llegó a decir. “El cuerpo lo hice yo, más la cabeza, el mismo Dios” A la salida de la sala donde se encuentran los dos Cristos citados, olvidas rápidamente el profundo misticismo y pasas brúscamente a la más cruda realidad celulítica: La tres Gracias de Rubens te miran desde su alegre corro.

Y de ahí, a la cena. Restaurante Biotza. Cerca de Serrano. Muy conocido y reconocido en los ambientes madrileños por sus pinchos, que creo que deberíamos calificar de excelentes. Buenos los primeros “montaditos” de diversas especialidades. Ricas las croquetas de jamón, y algo avinagradas las “bolas” por, seguramente, haber sido hechas con boletus de conserva, fueron seguidas por otros tipos de pinchos diversos hasta llegar al medievalesco final con las parrilladas de carne. ¡Qué exceso! Caramba, eso se avisa al principio. La verdad es que estaba muy buena, al menos lo poco que pude probar, pero nuestros estómagos creo que no daban para más, a pesar de las horas de paseos que habíamos tenido previamente. La capacidad es limitada sobre todo para los que no pagamos en el Museo ¡Como me ha gustado eso! De todos modos, la elección había sido muy buena. Lo apunté en mi agenda. Volveremos seguro. 

Pero aquí no termina la Cena de Confraternización, o de Navidad, como también se la ha llamado. Faltaba lo mejor. El espectáculo sublime aunque, quizás sería mejor decir, la sublimación del espectáculo. Miguel Gómez: Mago, mejor Cartomago, como a él le gusta llamarse. El Rey de los Cartomagos, diría yo. No pudo haber mejor final para una jornada excelente en todo y por todo. Sinceramente, creo acertar al decir que nos dejó a todos absolutamente anonadados, boquiabiertos y, según expresión Forgiana, ¡ojipláticos! No solo se lució haciendo magia con las cartas y otros elementos accesorios. ¡Resulta que hacía MAGIA sin nada en las manos! y, además, haciendo participar a los asistentes que, como yo, mezclamos y cortamos las cartas de una baraja inexistente. ¡Qué pasada! ¡Si es que resulta que al final adivina cuál es la carta que has pensado sin que la hayas tenido en tu mano! ¡Esto ya es el colmo! Afortunadamente, por razones ajenas al caso, pude disfrutar de la actuación de Miguel otra vez al martes siguiente a ese sábado. Os puedo asegurar que siguió siendo tan extraordinario como esa noche cuando actuó para todos nosotros.

Como me dijo un amigo, después de terminar su segunda actuación y aquí lo repito yo ahora: Carlos, ¡Me lo quedo!

No puedo terminar sin agradecer a los organizadores del evento: Carlos, Elisa, Francisco Javier, tanto monta, lo que se han “currado” esta tarea. Todo ha resultado magnífico, aunque entiendo que podrá haber algunas discrepancias con mi opinión. No encuentro peros ni desde el punto de vista artístico, ni desde el gastronómico, ni del de la logística, que es cada día más importante y, a pesar de resultar un modernismo, la verdad es que hoy día sin organizar las cosas bien, no podríamos hacer nada. Muchas gracias a los tres, y alguno más que quizás haya detrás de todo esto.

Un cordial saludo para todos los participantes y, simplemente me falta decir que,

Yo, desde luego, me apunto a la próxima, ¿y usted?  

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