VISITA A LAS OBRAS ROMÁNICAS DEL ARQUEOLÓGICO DE MADRID (Impresiones de una novata)

Por Mª del Carmen Treceño (AdR 567)

Hace poco más de un mes que me uní a la asociación a través de una amiga mía a la que algunos conocéis, Elisa Nuez, y me informó de la próxima visita a las salas románicas del Museo Arqueológico; no lo dudé, ¿qué mejor manera de incorporarme que participando en ella?. Cuando vi el programa para ese día, creció en mí la curiosidad y la expectación y decidí que iría a todas las actividades programadas y ver cómo se desarrollaban las cosas y se desarrollaron… ¡¡De qué forma!!.

Las obras románicas del Arqueológico ya las conocía de otras visitas, pero esta vez me parecieron nuevas, las vi con otros ojos. Las explicaciones que nos dieron Julián, Mario y Luís David Gago sobre cada pieza, eran precisas, con abundantes datos y aclaraciones (no solo artísticas, sino también del momento histórico en el que se desarrollaron) y pensadas para poder contemplarlas a gusto. Me iba entusiasmando la visita. Las pilas bautismales, los capiteles, la lauda sepulcral…. Todo, pero el Cristo de Fernando I y Sancha puede resumir de manera magnífica lo que fui viendo y sintiendo. Las explicaciones, aclaraciones e interpretaciones por parte de los más versados del grupo, enriquecieron lo que ya conocía y me hicieron disfrutar, de manera especial, de lo que veía.

Cuando salimos del Museo diluviaba y nos dirigimos rápidamente al restaurante donde Carlos había hecho la reserva.

El almuerzo fue un auténtico banquete, tanto por abundante y exquisito de lo que comimos, como por el buen ambiente y comunicación que allí había. Se notaba por el buen humor y el entusiasmo la satisfacción que la visita nos había producido. Abundaban las risas, las bromas, los proyectos… y yo sentí que ya formaba parte de ese grupo; me trataban como si ya llevase en él mucho tiempo y hubiera realizado con ellos otras visitas. Fue magnífico.

Hasta el tiempo nos dio una tregua y permitió que cumpliéramos con el programa y visitáramos las ruinas de la Iglesia de San Isidoro de Ávila en el Retiro. Tenía verdadera curiosidad por saber el sitio exacto donde se encontraban. Javier nos explicó con todo lujo de detalles, cómo se supone fue la primitiva Iglesia, su historia y el porqué de su emplazamiento actual. También nos agradeció nuestro apoyo en su iniciativa por conseguir una mayor protección o su reubicación en otro lugar donde puedan estar más protegidos y evitar un futuro deterioro.

Mediada ya la tarde, y con el programa cumplido, llegó la hora de las despedidas con el firme propósito de reencontrarnos en próximas visitas.

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