Amigos del Románico
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Crónica del III Senderismo Románico por la comarca de Liébana
Miércoles, 23 de junio de 2010

El sábado, 29 de mayo, el grupo de Amigos del Románico de Cantabria y Asturias, visitamos una joya del románico en Cantabria: Santa María de Piasca, en la comarca de Liébana. Además nos acompañaron Quique, del País Vasco y María Jesús, de Madrid.

Con buen tiempo y buen ánimo los diez valientes amigos estábamos como clavos a las 10:30 en el pueblo de Ojedo, al lado de Potes, en el Hotel Infantado. Después de abastecernos para la comida con el rico pan de leña de Ojedo, nos dirigimos en coche al pueblo de Lomeña, por la carretera que conduce al puerto de Piedrasluengas que da acceso a la montaña palentina. En mitad del camino, nos encontramos con un buen número de vacas de raza autóctona “tudanca” que eran conducidas por los pastores a los pastos de verano en los puertos de la montaña lebaniega. En Lomeña un buen amigo nos dejó la llave de la iglesia, San Juan Bautista, en período de restauración y pendiente de financiación (aunque según nos informaron hay un mecenas, nuevo vecino del pueblo, que va ayudar). Esta pequeña iglesia conserva de arte románico la puerta orientada al sur con arco ojival; una segunda puerta y una pequeña ventana en el lado oeste, ambas cegadas con piedra; y, sobre todo, una pila bautismal inscrita con fecha de 1238 que corresponde al 1200, con adornos de rosas de ocho pétalos y nudos de Salomón. También tiene adosada, una torre circular que da acceso al campanario, y desde la que se domina todo el valle.

Desde aquí, María Jesús y Enriqueta se fueron en coche a Piasca, a esperar a los demás, que, desde Lomeña, decidimos ir caminando. Por un camino de herradura, muy bien cuidado, y con un trazado de apenas desniveles, nos pusimos en marcha hacia Piasca a unos 9 kilómetros Un trayecto muy agradable, con sol pero sin excesivo calor, amortiguado por la sombra de los árboles y la brisa. Atravesamos arroyos, un bosque en el que alternaban pinos, robles, encinas, cerezos, nogales y avellanos.

A mitad del recorrido hicimos un pequeño alto en la ermita de San Roque, en cuyo atrio hay una campana y una inscripción que pone: “Si te apetece, toca la campana y reza: toda peste se aleja”. Curiosamente hay una bolera de bolo palma en un lugar donde se adivina que una vez al año hacen fiesta y romería. A 4 kilómetros de Piasca pasamos por Los Cos. Paramos un momento a conversar con un paisano para confirmar el nombre de los montes de alrededor, y Miguel, que conoce bien la zona y es buen conversador, conmemoró amigos comunes y tiempos pasados con el vecino de Los Cos.

Hacia las 13:45 llegamos a Santa María de Piasca. Al ser ya tarde para iniciar la visita, convinimos con nuestra guía Isabel, en posponerla para después de comer.

Durante la comida reinó el buen ambiente. Próximo al ábside de la iglesia, bajo la sombra de un nogal, al lado de un murete de piedra que hacía las veces de banco, comimos los bocadillos y demás viandas típicas de las comidas campestres al aire libre. Todo esto aderezado con los chascarrillos de Fernando, que había traído leche frita, trufas y licor de cereza de fabricación casera, el buen vino de Rioja que trajo Javier, y no faltó el café que había llevado Enriqueta. De sobremesa, Javier nos leyó unos datos de la historia del monasterio muy interesantes.

A las 15:00 horas iniciamos la visita guiada a esta pequeña joya del románico. Isabel, nuestra amable guía, futura profesora de Geografía e Historia de instituto, nos enseñó con todo detalle el pórtico occidental y el interior de la iglesia. Con los apuntes que llevábamos y las aclaraciones de Isabel, desgranamos al detalle capiteles y cimacios, arquivoltas y esculturas. Después continuamos con la puerta sur en la que están representados algunos oficios de la edad media y por último, el ábside con sus metopas y canecillos.

Con este buen sabor de boca nos despedimos de Isabel y de Piasca, y después de recoger los coches, terminamos en el punto de reunión en Ojedo, sentados alrededor de una mesa de la terraza de la cafetería tomando unos refrescos y charlando amigablemente. Decidimos que la próxima jornada del grupo la haríamos en el Oriente de Cantabria en el mes de septiembre. Por último, antes de despedirnos, visitamos la iglesia de Ojedo que tiene la puerta con capiteles y arquivoltas románicos.

Por Miguel Colinas Sala, AdR nº 204

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