Amigos del Románico
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Crónica de la JdRL por el alfoz segoviano
Lunes, 21 de junio de 2010

San Lorenzo fue la primera visita. En la antes zona de huerta se levanta el potente ábside y torre de esta iglesia de los siglos XII y XIII, el interior se halla bastante transformado y el retablo es barroco. Jesús Ribate nos ilustró con una explicación sobre esta iglesia del arrabal segoviano medieval, con ricos capiteles y arcos. Sin duda tuvimos suerte al contar con una ambientación especial al celebrarse un mercadillo medieval ese mismo día.

La segunda construcción románica visitada fue San Justo, donde se puede ver una joya de la pintura castellana. Como muy bien explicó Rafael Manrique, ábside y paredes se hallan pintadas con el Pantocrátor, los ancianos del Apocalipsis, los Tetramorfos, el cordero místico y otra iconografía que nos hace recordar otras obras del norte del Sistema Central. A destacar los graves desperfectos causadas por las goteras en las pinturas en las últimas décadas.

Así mismo reseñar dos esculturas, la de bulto redondo del Cristo de los gascones, denominado así según la leyenda porque fue traído desde la actual Francia por unos pobladores, y el tímpano de entrada a la antigua capilla. Esta última se trata de un relieve sobre un auto sacramental, donde se interpreta la escena de las tres Marías.

A mediodía, con un sol que picaba, le tocó el turno a la Veracruz, templo de planta circular que explicó Juan Pablo Martín, capellán magistral de la orden de Malta. A resaltar el hermoso cristo románico donado por el Marqués de Lozoya. También tiene un buen retablo, aunque no románico. En agradecimiento por su generosidad, nuestro coordinador Carlos Moreno le hizo entrega del último número de nuestra revista.

Después de esta serie de visitas matutinas, los AdR celebraron una comida con productos típicos del país, acompañados de un excelente caldo. Por la tarde, se visitó la iglesia de Madrona con explicaciones de Javier de la Fuente, canecillos, metopas, capiteles pasaron ante nuestros ojos al tiempo que mermaba el calor. Nos metimos en la última iglesia con la curiosidad de asistir a un mundo que dejó de existir hace muchos siglos: una antigua población que ahora no existe.

San Pedro de La Losa del siglo XIII duerme un largo sueño con su portada mirando a un ancho valle, y su interior saqueado.

Por supuesto todo esto no hubiera sido posible sin el buen hacer de nuestro amigo Carlos, infatigable organizador y amante del románico.

Por Fausto Fernández

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